Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • Ocho años de tratamiento, seis embarazos perdidos y una experiencia atravesada por la religión: Fui como un ratón de laboratorio

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 11/04/2026 11:29

    Michelle Schmukler persiguió su instinto. Tuvo la seguridad y la entereza de elegir, y la autonomía para hacerlo a sabiendas del lastre de los consejos paternales, de hostigamientos, de presiones, de los criterios de lo correcto. Forjó una identidad amparándose únicamente en sus visiones, valores y deseos. Tenía 17 años cuando eligió asistir a clases de Torá e integrar a su vida los hábitos del judaísmo ortodoxo sin que nadie se lo impusiera. Lo hizo a su forma, adaptó la tradición a su estilo. Usó pelucas, vistió polleras, tapó brazos y cuello, se amoldó, como diseñadora de moda, a un vestuario restrictivo. Hasta que sintió que eso ya no la representaba. Vivió en Europa. Se casó aunque las advertencias de sus padres no comulgaban con su plan. Eligió atravesar ocho años de sufrimiento para cumplir el deseo de ser madre. Seis embarazos perdidos, cinco tratamientos y una única culpable: ella. Cargó con la cruz de la infertilidad cuando la respuesta biológica y compartida. Fundó una marca de ropa: Imán. Su abuela falleció, su mamá murió de manera trágica. Su matrimonio se derrumbaba. Se fue de viaje, se desconectó de su mundo. Se sacó la peluca, flexibilizó las leyes de la ortodoxia. Necesitó el consejo de su papá que la incitó a perdele el miedo a ser feliz para empezar de nuevo. Cuando volvió, se divorció. Decidí dejar de pensar en el que dirán, una de las frases que me habían dicho era que nunca iba a poder volver a casarme, que no iba a poder formar mi familia. Me dije basta de pensar en qué va a pasar, en lo que van a decir y logré sacarme como esos mandatos, esos pensamientos, esas cosas que me decían ya está. Se sacó la pollera, volvió al jean. Cuenta que no escapó de la ortodoxia de la religión judía, sino haber evolucionado: conservó algunos modos, reformuló otros y fortaleció su relación con Dios. Se enamoró de nuevo. Se caso por segunda vez. Cumplió finalmente su deseo de ser madre y hoy sus mellizos ya tienen un año. Siempre digo que todo depende de nosotros, de nuestras decisiones. Porque pude haber entrado en una depresión bárbara, que es lo lógico, somos humanos y nos puede pasar. Hice de corazón todo lo que tenía en mis manos para no entrar en tristeza absoluta y hacer y deshacer. Pude formar una familia. Estaba bien, me sentía bien, mi cuerpo permitía esto de poder tener hijos y llevar adelante mi proyecto hermoso, dice. Pero antes, su proceso. En algún momento en la adolescencia, ¿qué pasó? Una amiga me invita a unas clases de Torá, clases de religión en un templo. Yo venía de haber vivido un año en Israel. Fue un año de joda básicamente. Yo había dicho a mis papás que iba a ir a estudiar, no pude arrancar a estudiar y estuve trabajando, hice todo tipo de trabajos. Desde moza, todo lo que te imagines lo hice. Tenía 17 años y al estar sola y venir de una casa que era bastante estricta, salía un montón. Todos mis días eran salir, salir, salir. Como que me desorienté. Después volví y arranqué a estudiar diseño de indumentaria, mi pasión. Y una amiga, al mismo tiempo, me invitó a ir a clases de Torá y me empecé a enganchar porque me empezó a dar un marco. Me empezó a orientar. A dar una estructura que yo después de ese año la había perdido. Y me hizo muy bien. ¿Qué encontraste ahí? Encontré algo que yo sentía por ahí que me faltaba, que era tener los viernes un momento de desconexión. Más conocimiento que mi familia que por ahí no lo tenía. Me lo empezó a dar todo el templo, todo este marco religioso. Y son cosas que me hacen y que me hicieron muy bien en su momento. Y ahí empezás a estudiar. Y ahí empecé a estudiar y me hice religiosa. Cambié por completo mi vestimenta. Empecé a vestirme con prendas recatadas. ¿Cómo se hace para hacerse ortodoxo? Es una decisión propia. No es como convertirse. Uno empieza a tomar ciertas costumbres de la ortodoxia. Yo arranqué por la vestimenta, que fue como lo principal. Después por la comida, por la alimentación. Dejé de ir a comer con mis amigas afuera. Y empecé a estar en un ambiente ortodoxo. ¿Qué decían tus papás? Al principio estaban totalmente en contra porque era todo nuevo para ellos. Como cualquier familia que un hijo se hace ortodoxo fue primero muy difícil hasta que lo vivieron conmigo y vieron que es algo lindo Al principio te puede dar miedo si no lo conocás y después cuando lo vivís es algo lindo. Me parece súper interesante entender cómo es el recorrido de una mujer joven que elige ese camino, que nadie se lo impone. Y que elige cuándo entrar y cuándo salir. Parece que entre y que me fui, pero no es así. Hoy sigo eligiéndolo y no lo veo como un corte en mi ortodoxia si no como una evolución y me quedo con un montón de cosas que antes hacía y que hoy sigo haciendo. Yo shabat los viernes apago el celular y me desconecto por completo. Yo tengo una agenda, unos días que son a los trotes, estoy todo el tiempo con las redes, entonces para mí tener ese día de desconexión los sábados, shabat, es fundamental en mi vida. Lo mismo con la comida, yo sigo comiendo carne kosher. No lo veo como un corte. Obviamente que después del accidente de mi mamá para mí hubo algo que me dijo ok, frena un segundo, replanteate un poquito qué estás haciendo, y ahí empecé a decir ¿estoy haciendo esto hoy porque realmente estoy sintiendo? ¿Hoy me veo bien haciendo esto? Bueno, ok, no pasa nada. No te preocupes si hoy no lo podés hacer. Por ahí mañana sí puedo volver a todo eso pero hoy. Hubo un cambio en el vínculo con la religión. Exactamente, yo hoy lo vivo de otra forma. Para mí no fue un corte, algo que se terminó, sí una evolución. Sí hoy me conecto con Dios de otra forma. Obviamente que a la vista de todo el mundo no parezco una ortodoxa por mi vestimenta pero sí mi relación con Dios hoy está mucho más fuerte de lo que supo ser algún día. ¿Te acordas qué fue lo primero que compraste cuando te hiciste ortodoxa? Polleras. Justo coincidía la época, era 2015, donde empezó a volver la falda midi, fue como que ah ok, esta la parte la puedo hacer, y como a mí me gusta mucho la moda, tengo una marca de ropa, dije ok, esto lo puedo tomar. Esto me gusta. Y lo empecé a sentir y me sentía bárbaro haciéndolo. Nunca lo sentí como algo forzado. ¿Cuándo decidís ponerte una peluca? Bueno decidí casarme. Al yo decidir hacerme religiosa ortodoxa hay varias reglas y leyes sobre cómo es una relación hombre-mujer y una de esas es que no te podés tocar hasta el casamiento. Varias leyes que seguramente en muchas películas las habrán visto. Unas son verdad, otras son mentira. ¿Cuáles son verdad y cuáles son mentira? Que los religiosos tienen sexo a través de una sábana Eso es mentira. Se creía antes porque estaban los tefilín colgados y los tefilín son como una sábana blanca, que es lo que usan los hombres, tienen un agujero entonces muchas personas creían que se tenían relaciones a través de esa sábana y eso es mentira. ¿En tu casa qué dijeron de tu casamiento tan joven? Que no (risas). Mi mamá era no te cases, sos muy chica. Yo decido casarme de chica, a mis 19 di el sí y a mis 20 me casé. Decidí hacerlo a sabiendas de que mis padres pensaban que yo era muy chica. ¿Cómo te viste con peluca? Estaba re contenta. ¿Cómo siguió tu vida? Yo era muy chica. Había cosas que a mi papá por ahí le podían incomodar. De muy chica busqué mucho tiempo tener una familia, tener hijos. Yo hablo mucho de eso porque en esos años lo que más me quedó marcado fue esta búsqueda de embarazos, que fue muy fuerte porque desde mis 20 años que quería tener hijos e intenté hacer un montón de tratamientos. Todos me daban mal. Perdí seis embarazos, que es un golpe muy fuerte, seis embarazos es muchísimo. Anímicamente me destruyó. La panza la tenía totalmente hinchada del estrés, era una bola, un manojo de nervios. Supe ser como un ratón de laboratorio porque estaba todo el tiempo yendo a hacerme estudios. Todo lo que son tratamientos de alta complejidad son muy dolorosos para una mujer. psicológicamente y físicamente. Cada mes había un duelo. Sí, muy fuerte. Esos años para mí fueron básicamente eso: no poder concebir un bebé. Y que por más que en su momento después con el tiempo salió el resultado de que esa persona y yo no éramos compatibles genéticamente, esa persona podía, yo podía, pero juntos no podíamos, todos esos años la culpable y a la que se la señalaba por no poder tener hijos era a mí. ¿Él te acompañó, te pudo bancar en esas pérdidas? No. Pero no quiero hablar de eso. Hubo momentos en los que me sentí muy sola. Lo viví muy sola. Los tratamientos los hacía yo sola. Iba a los médicos yo sola. Entonces sí, me sentí muy sola en esos momentos. ¿Sabés cuántos tratamientos hiciste? Y habré hecho cinco. Una cosa así, en ocho años de tratamientos. Es poner el cuerpo un montón. Un montón, sí. Y bueno, después de eso es como que empezó a salir el sol por más que digo todos los días Dijiste que te sentiste un ratón de laboratorio. ¿Qué significa? Es eso. Una mujer cuando está en proceso de búsqueda y pasa por tantos problemas de fertilidad, y no saber, y que se le apunte a que ella tiene algo, por eso hay que estudiarla de acá, de arriba a abajo ,y que nadie te diga qué pasa, y te siguen haciendo cosas, inyectando heparina como que tenía trombofilia. Fue un desastre. ¿Te sentiste mal con vos misma o pudiste entender? ¿El deseo seguía en vos de ser mamá o en algún momento dijiste che, esto es un montón? Después de que me divorcié y me saqué varios mandatos de la cabeza, cuando estaba tranquila conmigo, lo conozco a Idan, mi marido. Y hay algo que me acuerdo un día me estaba bañando y dije si esta vez yo no puedo tener hijos no me importa, estoy tan feliz con la persona que tengo al lado, lo amo tanto, me divierto tanto, si no tengo hijos está bien, Dios va a ser lo que vos quiera que seas. Y me acuerdo de haberlo sentido y decir tipo ya está, tipo hice todo lo que tenía en mis manos. ¿Algo de la religión te sostenía? Sí, yo siempre fui y soy una persona que cree en Dios. Que entiende que las cosas pasan por algo. Mi mamá siempre me decía hoy no podés pero vas a poder, yo te firmo que vas a poder. Es tremendo porque cuando mi mamá entra en coma, sale el resultado que me había hecho antes, un resultado que por fin daba algo, decía que yo estaba ok, pero que no podía tener hijos. Después del fallecimiento de mi mamá, es como que fue un antes y un después en mi vida en la cual dije ok, la vida y las decisiones dependen única y exclusivamente de mí y nadie me va a salvar. Entonces empecé a tomar las riendas de mi vida y definir qué es lo que quiero y qué es lo que me hace feliz. Ok, esto no me está haciendo feliz. Estoy en un lugar donde no me siento acompañada. Ok, decido divorciarme. Decido ciertas cosas de la religión dejar de hacerlas. Son las más vistosas: mi peluca y mi vestimenta, pero espiritualmente hoy estoy mucho más conectada con Dios que lo que estaba en ese momento. Shabat lo sigo haciendo. Kosher también. ¿Qué pasó con tu mamá? Mi mamá tuvo un accidente con agua hirviendo. Y un virus intrahospitalario. Fue muy difícil porque al mismo tiempo cuando falleció mi mamá, cuando mi mamá estaba internada, mi abuela también de un día para el otro se enfermó y de repente faltaban dos lugares en la mesa. Así que eso es para mí un golpe, una bofetada muy fuerte. Y bueno, después de ahí la vida es como que nos dijo ok, ya vamos a cortar un poquito con el sufrimiento. Es tremendo acompañar también a un padre o una madre, cuando hay una enfermedad. Todo es súper doloroso. Pero acá hay algo del impacto y de no verlo venir. ¿Te enojaste en algún momento con Dios? Qué sé yo, en su momento estaba como diciendo ¿de verdad tantas cosas juntas? Cuando pasó lo de mi mamá estaba embarazada. Entonces perdí el embarazo claramente. Mi mamá falleció, mi abuela falleció. Después yo decido divorciarme. Era como que guau, cuántas cosas. Por qué de una vida tan perfecta y yo no tener a nadie en mi ambiente que haya vivido algo tan fuerte como esto. Por qué me está pasando todo esto. Fue como repreguntarme todo el tiempo ¿por qué a mí, por qué a mí, por qué a mí?. Por más que sea muy difícil, uno nunca termina de entender por qué se va una mamá tan joven. Creo que es normal enojarte. En el judaísmo hay momentos para estar alegre y hay momentos para estar triste. ¿Cómo es eso? Es el duelo. Ese año había que estar triste. Había que permitirse estar triste. Yo no me permití mucho estar triste, soy una persona que necesita hacer cosas para sentirse bien. ¿Vos en ese momento ya tenías tu marca? Sí, yo tengo la marca hace 10 años así que también mi marca, Imán, fue un sostén. Todo el tiempo estar innovando, hacer moda, todo el tiempo estás en constante creatividad. ¿Qué otras cosas de ser ortodoxa son mentiras o son mitos que vemos en las series? Más allá de lo sexual. Uf, me mataste. ¿Existe la figura de la casamentera? Sí, obvio que existe. Mi mejor amiga tiene una casamentera y la presentó con su marido y hay gente que elige. Es como un Tinder. Exactamente, es como un Tinder para conocer personas porque muchos no usan o el celular con internet, o no usan aplicaciones como Tinder, entonces conocen a esta persona, se llama shadchanit, que los presenta. Está bueno porque conoce de los dos muchas cosas y dice este va con este, este va con este, y hay gente que se hacen muy buenas parejas. ¿Qué te pasa cuando ves esas series como Poco ortodoxa? Me indigna bastante porque siempre dejan a la mujer que es ortodoxa y que la pasó muy mal. Hay de todo y hay muchas historias. Es como todo en la vida, hay gente que la pasa mal, hay gente que logra estar en un buen ambiente. No me gusta que siempre los dejen mal parados. ¿El tiempo que lo elegiste la pasaste bien? Sí. Y fue una decisión tuya, no fue una imposición ni familiar ni de tu pareja en ese momento. Nadie me lo impuso. Yo ya era religiosa cuando había conocido a mi ex. ¿Cómo decidís separarte? En realidad cuando yo decido dejar de pensar en el que dirán, una de las frases que me habían dicho era que nunca iba a poder volver a casarme, que no iba a poder formar mi familia. Este tipo de frases. Yo ahí digo ok, basta de pensar en qué va a pasar y en lo que van a decir y logro sacarme como esos mandatos, esos pensamientos, esas cosas que me decían también, digo ya está. Y ahí digo bueno, no pasa nada, me voy a divorciar. Eso es súper tóxico. ¿Quién te ayudó a cambiar esto en tu cabeza? Mi papá. Una de las frases que me dijo mi papá que la tengo grabada es perdele el miedo a ser feliz. Él sabía que yo quería dejar de hacer ciertas cosas y me estaba costando muchísimo y fue muy, muy difícil. Los dos veníamos de un sufrimiento muy grande. Tener el apoyo de mi papá me hizo poder tomar la decisión. ¿Cómo fue ese viaje? El viaje también fue un antes y un después en mi vida. Yo decido viajar con una amiga. No sabía porque me habían dicho si yo viajaba me divorciaba. Entonces dije ok, yo necesito mucho viajar porque es lo que necesito. Estaba en el año de duelo de mi mamá entonces necesitaba un viaje, algo para reconectar conmigo. Y en ese viaje voy al aeropuerto, mi amiga religiosa, y yo ahí antes de salir decido ir sin peluca. Cuando la primera vez que salgo de mi casa y digo que hoy ya está Michelle, hasta acá llegamos, basta. Era ya mucho, mucho tiempo de decir me la pongo, me la pongo, me la pongo y yo no, no sentirlo. Nada, llegué al aeropuerto, mi amiga hizo como que no estaba pasando nada, nos reímos, hablamos de otras cosas. Le dije te estás dando cuenta ¿no? Sí, todo bien. Como no sentirme juzgada, eso me dio mucha tranquilidad también porque tenía mucho miedo cómo iba a repercutir todo lo que estaba haciendo. ¿Cómo te sentiste sin la peluca? Bien. ¿De ahí no volviste más? No. No. ¿La pasaste bien con tu amiga? Increíble. Pero cero joda eh, fue un viaje comida, shopping, playa. Eso fue todo. Es lo que necesitaba en ese momento, desconexión total. ¿Te separaste cuando volviste del viaje? Sí. ¿Cómo se conocen con Idán? Yo tengo mi marca, él su textil, y fui a una reunión a comprar telas. Él telas no me vendió pero se vendió muy bien a él mismo. Escuchame ¿la segunda vez también hay que esperar hasta casarse o? No, la segunda vez no era religiosa ortodoxa así que no. Él es judío pero no es ortodoxo entonces hay ciertas cosas que él me ayudó a no sentirme tan mal dejándolas de hacer. Yo al principio venía muy mal si salía con un jean y él me decía basta. O sea, hay cosas más importantes y más serias. Y como que me fue ayudando a equilibrar un poquito. Claro, porque la pollera más allá de la altura tiene que ver con que las mujeres no pueden usar pantalones, ¿correcto? Exactamente. ¿Estuviste muchos años sin usar pantalón? No, usaba pantalón con una remera grande abajo. Hasta acá, hasta la rodilla. ¿Así sí se puede? No sé cómo es. Sí, las reglas son que no se te pueden ver las rodillas, tiene que ser por debajo de las rodillas, no se te pueden ver los codos. Y cuello redondo: no escote ni clavículas. ¿Te acordás cuándo volviste a ponerte un jean? Sí, una cita que tenía dije ok, me pongo el jean. ¿Y te gustó verte con jean? Sí, al principio me costaba. Salía con vergüenza de mi casa. Fue una transición, no fue de un día para el otro porque fueron muchos años en los cuales lo hice muy sentido y después dejar de hacerlo fue una transición. ¿Imán te acompañó en eso? Mucho. Mucho. Es mi foco. O sea, hay que crear todo el tiempo. Entonces todo el tiempo tenés que estar reinventándote. Y eso te da mucha satisfacción. Con Idan se casaron, ¿ cuánto llevan ya juntos? Justo el otro día fue nuestro aniversario, estamos casados hace dos años. ¿Cómo te enteraste que estabas embarazada? De mellizos. Fuimos a una eco. La primera eco yo tenía mucho miedo de esa eco. Fui yo sola. Justo ese día Idán no podía y me querían hacer la eco, yo digo por favor no, esperemos una semana más. La siguiente semana fui con Idán. El doctor pregunta ¿qué ven?. Idán a los gritos ¡Mellizos!. Se veían las dos bolsitas ahí. Salimos totalmente asustados, shockeados. Yo digo ¿qué?. Toda la vida había soñado con tener mellizos y cuando me hacía tratamientos pedía que me pongan de a dos embriones. No quedaba ninguno. Y esta vez, sin ningún tratamiento porque nos casamos y en el primer intento quedé embarazada de mellizos, dije no puedo estar creyendo lo que está pasando. De repente ahí, porque en mis ecografías anteriores nunca veían nada. Entonces veía el doctor dos que latían. ¿Pudiste ponerte contenta rápido o todavía daba miedo? Estaba muy shockeada. Quería gritar de la emoción pero diciendo no te ilusiones por favor. Todo ese temor se lo transmití a Idán, le decía por favor, te lo pido, no te ilusiones. Porque encima él es muy expresivo. Y le decía no te ilusiones. Y ya era el cuarto mes y estábamos en nuestra luna de miel y me dice ¿ya me puedo ilusionar?. Y le digo sí, ya está. Ya podemos. Ya tenía panza. Ya estaba pasando de verdad. ¿Cómo le contaste a tu papá? Se ve que todos pensaban que era obvio que estaba embarazada, no sé por qué, y mi papá mira la ecografía, qué lindo, felicitaciones. Le digo papá, mirá bien. La mira, parte en llanto, mellizos. Y se emocionó mucho. ¿Y cómo lo vivíste después de tanta búsqueda, de tanto sentirte responsable o que te digan que eras responsable? Al principio dije mamá tenía razón, se iba a dar en algún momento. Tarde o temprano se iba a dar. Al principio como yo trabajo y soy emprendedora, tengo mi marca, muchas decisiones dependen de mí por más que tengo un equipo de mujeres que trabajan y son excelentes y muy apasionadas de lo que hacen, mi negocio dependía de mí. Entonces cuando tengo a mis hijos se me complicó mucho entender que ahora mis horarios eran totalmente distintos. Yo decía yo voy a poder con todo siendo mamá de mellizos, teniendo una marca de ropa, yo voy a poder con todo. Y no, no podemos con todo. Hay que organizarse. Y a mí la maternidad me dio eso, me dio organización. Y me hizo ser más eficiente y más eficaz. Hoy al tener horarios de trabajo más acotados entiendo que esos momentos son para tomar decisiones, ejecutar, hacer y resolver. No puedo estar dando vueltas de acá para allá. Tengo organizada mi agenda. Hago cada día, cada hora, porque yo también tengo TDA entonces necesito sí o sí focalizar absolutamente todo. ¿Cuándo te lo diagnosticaron? En el último año del secundario. Entonces tengo todo totalmente organizado, cosa que antes no tenía. Así que a mí la maternidad me dio una organización excelente. ¿Cuándo te diagnosticaron se sabía lo que era? No, no se sabía y siempre yo era la chica problemática, la que le iba mal en el colegio, la que se esforzaba y no le salía. Me hicieron el de coeficiencia y por suerte salió alto. Pero pasaba algo que en los exámenes me iba mal. Los profesores se quejaban de que no entregaba los proyectos a tiempo. De que estaba dispersa. De que me iba a peinar al baño. Y en el último año de secundario le dijeron a mis papás su hija tiene trastorno de atención. ¿En el colegio lo detectaron? Un psiquiatra lo detectó, sí. ¿Y ahí qué herramientas te dieron? Me dieron una medicación en su momento. Era una medicación muy fuerte. La tomé un año. Yo encontré otras herramientas que me resultaron y hoy al tener Imán me resultan excelentes que es voy a todos lados con un librito, lápiz y papel, y escribo absolutamente todo. En las reuniones que tengo todo lo escribo. Y todo lo anoto en mi agenda. Esa forma me hizo enfocarme, concentrarme. Anotar todo, cosa que a veces uno con el TDA se dispersa, voy anotando y cualquier cosa después de la reunión reviso ahí. Y eso es lo que hoy hago para poder tener mi negocio, ser mamá, tener una familia y TDA. ¿Quién sos hoy? Hoy soy la mamá de mis mellizos y una mujer que salió adelante después de algunos golpes y que nunca bajó los brazos. Si viene una Michelle del futuro y le podés hacer una pregunta, qué le dirías. Si está orgullosa de todo lo que logramos. ¿Vos estás orgullosa hoy? Muy. Sí, sí, muy orgullosa. No me hubiese imaginado que después de todo eso -en el fondo yo quería que todo esto pase- por eso siempre digo que todo depende de nosotros, de las decisiones. Porque en ese momento pude haber entrado en una depresión bárbara, que es lo lógico, somos humanos y nos puede pasar. Hice de corazón todo lo que tenía en mis manos para no entrar en tristeza absoluta y hacer y deshacer. Pude formar una familia. Estaba bien, me sentía bien, mi cuerpo permitía esto de poder tener hijos y llevar adelante mi proyecto hermoso. Todo se iba a encaminar como decía mamá. Si querés contar tu historia escribinos a:voces@infobae.com

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por