11/04/2026 09:50
11/04/2026 09:49
11/04/2026 09:48
11/04/2026 09:47
11/04/2026 09:44
11/04/2026 09:44
11/04/2026 09:42
11/04/2026 09:42
11/04/2026 09:42
11/04/2026 09:39
» Clarin
Fecha: 11/04/2026 07:35
En Recoleta hay una puerta que vuelve a abrirse después de más de un siglo. La Mansión Mihura, construida en 1922, reaparece integrada al Recoleta Grand Hotel, que a diez años de su apertura suma este edificio histórico a su estructura tras una restauración minuciosa. En ese contexto, la gastronomía aparece como pieza central: una cocina de impronta francesa que trabaja con productos argentinos, en un restaurante de concepto abierto que combina diseño contemporáneo y servicio descontracturado, sin perder cierta solemnidad de época. Al frente está Maximiliano Matsumoto, que vuelve a Buenos Aires tras su paso por Uruguay y cocinas como la de Germán Martitegui. Su propuesta en Atrium, el restaurante que reabrió en el antiguo patio de la mansión, juega a una cocina cercana pero elevada. Brasserie porteña con guiños franceses, técnica precisa y productos locales. A eso se suman un bar nocturno y, en breve, un espacio de fine dining que promete subir la apuesta. La historia de la mansión Mihura Ubicada en Recoleta donde la avenida Las Heras se angosta, este edificio pasó por distintas manos a lo largo del tiempo, incluida la familia Anchorena, hasta convertirse en lo que es hoy: parte del patrimonio histórico protegido de la Ciudad. Construida en 1922 por Eduardo Lanús para Francisco Mihura, fue premiada ese mismo año con el segundo premio a la mejor fachada de Buenos Aires, en una edición donde el primer puesto quedó desierto. Con su impronta neoclásica y detalles de lujo poco habituales para entonces, pasó luego a manos de la familia Anchorena. Este año, el Recoleta Grand Hotel, ahora dentro de la colección Tribute Portfolio de Marriott International, la incorporó formalmente a su propuesta. La restauración estuvo a cargo del mismo equipo que trabajó en la Confitería El Molino. Las habitaciones que ya existían las hicieron todas a nuevas, o sea, las rehicieron con mobiliario, cuenta Juan Pablo, manager del hotel. El proceso no fue sencillo. Este proyecto arrancó un poco antes de la pandemia, se detuvieron todas las construcciones y eso estuvo más o menos un año parado, explica. A eso se sumó un escenario más delicado: Acá había ya un hueco muy profundo, se tuvo que construir y romper las reglas básicamente porque había posibilidades de derrumbe de los edificios aledaños. La situación obligó a una excepción. El gobierno de la Ciudad tuvo que aceptar porque era un peligro mucho más latente. La transformación también implicó una expansión concreta. El hotel además de incorporar la mansión sumó más habitaciones, más edificio, dice Juan Pablo. El antiguo patio se reconvirtió en restaurante, se añadieron nuevos pisos, se trasladó la pileta y se sumaron espacios técnicos en subsuelos, con cocinas, pastelería y estacionamiento. Una obra que mezcla rescate patrimonial con infraestructura contemporánea. En el antiguo patio está Atrium, el all day restaurant, el corazón en realidad de todo el hotel, donde la gente y el huésped sí o sí tiene que pasar. En el lobby, Café de Prensa suma café de especialidad y un guiño a la literatura local. Todo bajo una marca que, según define Juan Pablo, tiene pilares mucho más descontracturados, incluso dentro de un edificio con más de cien años de historia. Qué comer en la Mansión La propuesta gastronómica de la Mansión Mihura gira en tres espacios bien distintos. Al frente está Maximiliano Matsumoto, con pasado junto a Germán Martitegui y una formación que cruza cocinas de Luxemburgo, España, Inglaterra y Brasil. También pasó por Aldo's y Tora, y estuvo cinco años en el restaurante del hotel Sofitel de Montevideo, incluido en 2024 entre los 100 mejores de Latinoamérica según Latin Americas 50 Best. El Patio es el centro de todo y funciona todo el día. Es una brasserie porteña jugando un poco con nuestra cultura y con algo que invite a la gente: comida de todos los días, dice el chef. Hay base francesa, pero con producto argentino y platos que no necesitan explicación. La carta va por ese lado. Clásicos reinterpretados, como los langostinos gratinados ($ 22.000), y una idea de comfort food bien ejecutada. Comida que suena conocida, pero sabe mejor de lo que uno espera. Entre los platos entrantes, ostras frescas con ponzu de nabo ahumado y aceite de chili ($ 14.000 dos unidades), y opciones más livianas como los tomates reliquia con helado de stracciatella. También aparece un arroz jazmín con vieiras y pulpo crocante ($ 35.000). En los principales conviven clásicos y guiños más actuales. Desde un lomo a la pimienta o un confit de pato bien ejecutado hasta un chuletón tipo tomahawk ($ 42.000), que se puede acompañar con fideos con zucchini sobre hummus ($ 17.000) o papas fritas. Platos contundentes, pensados para compartir. Después está el bar, que juega más. Toma recetas populares y las lleva un paso más allá. Buscarle como agregarle ese plus a algo que es súper popular y cotidiano. Aparecen ostras y combinaciones con guiños asiáticos. El tercer espacio, que funcionará dentro de la mansión, es el fine dining. Pero sin solemnidad. No quiero atar a la gente a pasos. Hoy en día creo que la gente quiere comer más distendida. La idea es arriesgar más con sabores y técnicas, pero sin perder el clima relajado. Todavía está ajustándose, pero promete ser el lado más filoso del proyecto. Mansion Mihura. Av. Gral. Las Heras 1725. Instagram: @mansionmihura Sobre la firma Newsletter Clarín
Ver noticia original