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Fecha: 11/04/2026 05:28
¿A quién le importa realmente la corrupción en la Argentina? Es una pregunta que ha sonado con mayor o menor intensidad a lo largo de la historia política reciente, con especial fuerza promediando el menemismo y ante los grandes escándalos durante el kirchnerismo. Hace un mes, a raíz de las revelaciones en torno a la figura de Manuel Adorni y casos que exceden al jefe de Gabinete, el tema volvió a instalarse de lleno en el centro de la discusión pública. ¿Es una preocupación la corrupción para la opinión pública? O, más bien, ¿cuándo y cuánto importa la corrupción? Para responder estas preguntas, TN conversó con los analistas políticos y encuestadores: Eduardo Fidanza, director de la consultora Poliarquía; Mariel Fornoni, directora de Management & Fit; Cristian Buttié, director de CB Global Data, y Mora Jozami, directora de la consultora Casa Tres. Estos expertos coinciden en una idea: la economía, y no la corrupción, ha sido históricamente el factor determinante para el apoyo a un gobierno y para definir resultados electorales. Sin embargo, advierten, no se trata de reducir todo a la célebre máxima es la economía, estúpido. En un contexto económico complejo, tras años de desgaste y con una importante porción de la población haciendo sacrificios, la percepción de corrupción como un problema puede ser un fuerte estimulante para la insatisfacción. En términos generales, la preocupación por la corrupción es una inquietud de minorías, más que de las mayorías, sostiene Fidanza. Hay un fenómeno que se ve hace décadas: cuando uno pregunta sobre los principales problemas del país, aparece en primer lugar la economía, bajo distintas denominaciones: inflación, empleo, falta de recursos para llegar a fin de mes. Luego, la inseguridad. Lo que define la legitimidad de ejercicio de los gobiernos es la cuestión económica. Cuando a un gobierno le va mal en economía, se despierta más la sensibilidad por la corrupción, agrega. Según el director de Poliarquía, la figura de Milei aún sigue sosteniendo al gobierno, y aunque la valoración sobre la gestión es una variable menos afectada por el escándalo Adorni, sí caen la imagen y las expectativas positivas. En las encuestas que realiza la consultora para desarrollar el Índice de Confianza señala Fidanza, disminuye la percepción de que no hay corrupción en el gobierno, y aumenta la percepción de que hay funcionarios corruptos o de que todos son corruptos en el gobierno. Sin embargo, eso no modifica la hipótesis general: es la economía lo que determina. Si la situación económica se agrava, entonces debemos prever que la corrupción adquiera mayor relevancia. Ya lo vimos en el gobierno de Carlos Menem, sostiene Fidanza. ¿Qué lugar ocupa la corrupción entre las preocupaciones según las últimas encuestas? De acuerdo a la encuesta que CB realizó a fines de marzo, la corrupción se ubica en el cuarto puesto del ranking de preocupaciones, con el 5,7% de las respuestas. - Bajos salarios ocupa el primero, con 46,6% - Falta de empleo el segundo, con 21% - Inseguridad el tercero, con 8,3% De los cinco primeros puestos, los temas económicos ocupan tres (incluido inflación), y suman el 72,5% de las respuestas. Según la última encuesta de Casa Tres, ante la pregunta abierta sobre el principal problema del país, el primer puesto de respuestas se lo llevó economía en general (24%), seguido por bajos salarios (17%). La corrupción tuvo en abril un aumento de 3 puntos porcentuales respecto de marzo, y quedó empatada en tercer lugar con desempleo con el 12% de las respuestas. De acuerdo a Management & Fit, en los últimos sondeos la corrupción también viene ocupando el tercer lugar de preocupaciones, detrás de aumentos de precios y la inseguridad. Pero, por otra parte, si se analiza la evolución mensual, tanto Casa Tres como M&F medían la preocupación por la corrupción en valores más altos a mediados y fines del año pasado. Lee también: La Justicia investiga un supuesto viaje de Manuel Adorni al Caribe La corrupción es un estimulante agravante, pero no es el determinante. Lo que es determinante es la economía, para cualquier gobierno. Si la economía está mal, la corrupción estimula la apatía, la crítica, afecta al gobierno en una espiral negativa, que a veces se torna irreversible. Una espiral en la caída de imágenes, opina Buttié, de CB, aunque advierte que, por el momento, si bien el reciente escándalo destruyó la imagen del propio Adorni, por ahora afectó menos la imagen del presidente Milei. En términos de apoyo, la variable clave no termina siendo la corrupción, sino el manejo de la economía. Lo que hacen los distintos escándalos de corrupción es alimentar ese mal humor, coincide Jozami, de Casa Tres. Es decir, la percepción de corrupción no operaría en el vacío, para complicar una gestión por sí misma, sino que funcionaría -dependiendo del término que use cada analista- como catalizadora, como estimulante, un agravante o alimento para la insatisfacción, cuando las cosas no andan muy bien en el frente económico. Por eso, Mariel Fornoni, de M&F, habla de una suerte de sinergia: las crisis o los problemas económicos hacen que la corrupción moleste más. Y sobre todo viceversa. Antecedentes y algunas claves electorales Buttié y Fornoni ponen como ejemplo a Cristina Kirchner. En los años y meses previos a octubre del 2011, ya habían estallado algunos escándalos de corrupción como la valija de Antonini Wilson, Skanska, denuncias sobre figuras de primera línea como Julio de Vido o Ricardo Jaime, y el caso Sueños Compartidos, entre otros. En el 2011, CFK ganó su segunda presidencia con el 54% de los votos. Durante el segundo gobierno, el peso de la preocupación por la corrupción habría sido otro, porque las condiciones económicas fueron otras. A veces, un tema impacta más allá de la gestión. El gobierno perdió 20 puntos por la tragedia de Once meses después. Luego vinieron otros casos, Lázaro Báez, La Rosadita, los programas de Lanata con 40 puntos de rating. Ahí ya la economía y, sobre todo, la inflación, aparecían en los primeros lugares de las preocupaciones. Y ahí el gobierno perdió mucho apoyo, perdió fuerte, recuerda la directora de M&F. Por un lado, según los analistas, no convendría tomar la preocupación por la corrupción como un índice que afecta a un gobierno independientemente de la oferta electoral que haya en un momento electoral determinado: así, por ejemplo, hoy no habría un espacio político que esté capitalizando, a fuerza de honestidad y antecedentes de transparencia, los escándalos de la actual gestión. Por otro lado, tampoco habría que entender la preocupación por la corrupción como un índice independiente del tipo de votante. Según Jozami, a priori, la preocupación por la corrupción es más alta entre varones que entre mujeres; más alta entre quienes viven en el AMBA, que entre quienes viven en el interior del país; y más alta a mayor edad y a mayor nivel de instrucción. Pero, más allá de esa segmentación etaria, espacial o socioeconómica, la sensibilidad por la corrupción difiere entre los votantes de distintas fuerzas políticas. Así, de acuerdo a las mediciones de Casa Tres, el votante de Milei en 2023 estaría menos dispuesto que el votante de Sergio Massa, a tolerar poca o mucha corrupción a cambio de estabilizar la economía. Fidanza señala: La corrupción es perdonada cuando el peronismo está en su fase ascendente. Cuando el peronismo está en su fase descendente, le caen, como le sucedió a Menem. El director de Poliarquía afirma que el escenario actual deja un dato desfavorable y otro favorable para el Gobierno: Si un gobierno pone discursivamente los estándares morales altos, después, cuando un funcionario es sospechoso de corrupción, la gente puede preguntarse: ¿Cómo? ¿Estos no eran los más honestos?. Pero, a su favor, no se ve todavía entre la gente la percepción de que este gobierno es casta igual a los anteriores. Todavía se sigue recordando lo anterior como peor. Aunque reitera que el desafío más determinante, para la agenda del Gobierno, sigue siendo la economía, Fidanza agrega: Todos los gobiernos tienen una base electoral firme y tienen una adhesión más blanda. El gobierno tendría que atender a eso, a los votantes más sensibles a la corrupción, que son los votantes blandos. Porque los duros son inelásticos a la oferta. La base electoral del gobierno se compuso de un 30% de duros, pero de un 20% de blandos. Ahí hay que ver cómo influyen los casos de corrupción. Lee también: Manuel Adorni habló sobre la polémica del viaje de su esposa a Nueva York: Somos humanos y cometemos errores En un sentido similar, Buttié habla de un electorado argentino históricamente dividido en tercios. Un tercio es antiperonista, que con tal de que no gobierne el peronismo, vota cualquier gobierno; un tercio peronista, y un tercer tercio pragmático, que suele votar con el bolsillo, y es el que determina para dónde va el país, describe. Según el consultor, aunque lo determinante siempre sería la economía, en ese núcleo no fidelizado, el escándalo Adorni y la defensa cerrada que hace Milei sobre su jefe de Gabinete, si no resta, de mínima no estaría sumando. Más allá del posible impacto en la imagen del gobierno o el efecto que tenga sobre votantes para los que la próxima elección todavía parece lejana, los escándalos de presunta corrupción tendrían un efecto colateral inmediato adicional: la dificultad para imponer temas propios en la conversación pública. En ese sentido, señala Jozami, que el protagonista de las sospechas sea, paradójicamente, el encargado habitual de anunciar los éxitos del Gobierno, agrava esa dificultad.
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