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Concordia » El Heraldo
Fecha: 11/04/2026 01:07
Fragmento de homilía de Mons. Dr. Ricardo Rösch en la ordenación del Padre Jorge Odiard en julio de 1973 en la catedral San Antonio de Padua "En esta misa uno de nuestros jóvenes seminaristas que ya es diacono, recibirá la función sacerdotal. Están presentes el padre y la madre que por largos años anhelaron sobre su hijo para que el señor le de fuerzas para seguir adelante en el camino hacia ese ideal. Una madre cristiana que muchas veces se arrodilló delante del sagrario de Cristo nuestro Señor para que le concediera el honor de tener un hijo sacerdote. Unos hermanos que de hoy en adelante lo mirarán con respeto porque aunque guarde las relaciones de sangre, es otro ser, es otra dignidad con la cual lo reviste Cristo nuestro Señor por nuestro humilde ministerio. Este joven como todos nosotros que un día sentimos en nuestro corazón, la llama de la vocación sacerdotal, nos encaminamos hacia la casa de formación, el seminario - brindamos a la iglesia de Cristo, al pueblo de Dios, nuestra juventud, nuestras ilusiones, nuestras energías y nuestra capacidad. Vivimos en el mundo pero sabíamos que nuestro destino era otro, servir al mundo para conducirlo a Cristo nuestro Señor" Estimados fieles es ésta la función del sacerdote: "santificar al pueblo de Dios - renunciar a si mismo, así como Cristo llego al supremo sacrificio para nuestra salvación. La iglesia de Cristo pide en sus ministros para que se sacrifiquen, se separen del mundo para poder recibir más las gracias divinas y poder hacer entonces el semblante de Cristo en nuestras vidas. Estimados fieles, ahora se va a realizar este misterio profundo de la conversión del ser humano en otro Cristo, este joven que a partir de esta imposición de las manos de la sucesión de los apóstoles podrá tomar la hostia y podrá decir: "Este es mi cuerpo" y empuñando el cáliz: "esta es mi sangre, la sangre de Cristo" Va a ser presente a Cristo en el mundo, va a realizar el misterio de la comunicación de la gracia divina a los fieles cristianos para que empujando al pueblo de Dios lleguemos a nuestro destino supremo. Por eso estimados fieles estemos presente con toda potencia de nuestra alma. Imploremos todos juntos con un solo corazón, con una sola alma, que el espíritu santo lo transforme en autentico ministro de Cristo que lo haga sacerdote según el corazón de Cristo para su santificación del pueblo que así sea. Grupo por Mons. R. Rösch
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