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  • Día Mundial de la Ciencia y la Tecnología: los gualeguaychuenses que contribuyeron a su desarrollo

    Gualeguaychu » El Dia

    Fecha: 10/04/2026 13:16

    Esta fecha invita a reconocer el trabajo de aquellos científicos que, con curiosidad y dedicación, amplían el conocimiento sobre la naturaleza. En ese sentido, la ciudad cuenta con referentes que han dejado una huella importante en el estudio del territorio. Juan José Nágera y Martín Doello Jurado integran aquella notable generación de naturalistas argentinos de fines del siglo XIX y principios del XX que dieron aportes invaluables al campo de la biología, geología, geografía y paleontología, elevando el nivel científico y académico del país. Ambos gualeguaychuenses pasarían a la historia como parte de este selecto grupo integrado por figuras como los hermanos Florentino y Carlos Ameghino, Eduardo L. Holmberg y Ángel Gallardo. Las más leídas El gran pionero de la geología y la geografía nacional Hijo de Juan Nágera y Josefa Ezcurra Hualde de Ezpeleta, Juan José nació en Gualeguaychú el 22 de mayo de 1887 y murió en Buenos Aires el 15 de mayo de 1966. De niño, desarrolló un vínculo con la naturaleza al explorar el río y los montes de la zona, y despertó su temprano interés por la ciencia gracias a sus maestras de la actual Escuela G. Rawson, en especial la señorita Bugnone. Nágera se formó en la Universidad de Buenos Aires y fue el segundo diplomado como Doctor en Ciencias Naturales, Mención Geología y el primer argentino matriculado del Consejo Profesional de Geología, por lo que se lo considera como uno de los primeros geólogos patrios junto con el Alférez José María Sobral, otro gualeguaychuense. Sus aportes dentro de su campo de investigación resultaron fundamentales para conocer en profundidad nuestro territorio y pensar la soberanía tal y como la conocemos. Durante 25 años, realizó estudios empíricos en la geografía argentina, al tiempo que viajó por el resto del continente, Europa y Asia. Entre sus varias obras científicas, se destaca Mar libre. Doctrina, en la cual realizó una revolucionaria innovación en el Derecho Internacional, al justificar la soberanía de los Estados sobre el mar epicontinental. La doctrina Nágera fundamentó la teoría de las 200 millas y propuso extender la soberanía argentina más allá del mar territorial hasta alcanzar el borde de la plataforma continental. Lejos de quedarse meramente en esta idea, a sus 76 años, impulsó el Decreto Ley 1386/44 donde se extendieron por primera vez las reservas mineras al Mar Epicontinental Argentino, lo que representó así la primera manifestación de soberanía que el Gobierno nacional ejerció sobre la plataforma continental. Dos años más tarde, el Decreto 14.708/46, firmado por Juan Domingo Perón y vigente en la actualidad, complementó la norma anterior e inició una serie de políticas que irían en este sentido. Otro de sus grandes méritos, fue la realización de su Atlas Geográfico, en el cual hace un llamado a los futuros cien geólogos que el país necesita (Nágera, 1926) y los manuales de geografía en los que sustenta su teoría del Mar Libre. El científico gualeguaychuense también fundó junto a otros científicos de su generación la Sociedad Argentina de Estudios Geográficos y la Sociedad Ornitológica del Plata, Además, fue cofundador y primer presidente de la Asociación Geológica Argentina. Como parte de su extensa labor, fue profesor de las universidades de La Plata y Buenos Aires, y publicó diversos artículos de divulgación científica en revistas y periódicos del país. Es sabido que Nágera siempre mantuvo un alto aprecio por su tierra natal. Escribió para los 150 años de la fundación de Gualeguaychú: Tiene ganado el digno prestigio del que goza. Sus hijos han hecho honor a la educación del hogar paterno y a la que recibieron de sus inolvidables maestros. La ciudad, por su parte, también ha sabido recordarlo: además de la calle y la escuela que llevan su nombre, hay un llamativo monumento en el Parque Unzué -que todos conocen y quizás pocos sepan- que está dedicado a él. Al verlo, algunos lo confunden con un barco a vela o una pirámide, pero se trata de una expresión simbólica de su pensamiento científico, que representa las distintas dimensiones de sus investigaciones (local, regional, nacional e internacional) representadas -como si fueran las páginas de un libro- por cinco triángulos de diferentes tamaños, en los cuales están inscriptas distintas frases del geólogo. Un académico, un impulsor, un viajero Martín Doello Jurado nació en Gualeguaychú un 4 de julio de 1884, fruto del matrimonio entre Gervasio Doello y Modesta Jurado Villanueva, y murió en Buenos Aires el 9 de octubre de 1948. Al igual que Nágera, despertó su pasión por la naturaleza durante su infancia en Gualeguaychú, sin sospechar que se convertiría en un prestigioso biólogo, paleontólogo y oceanógrafo. Luego de asistir al Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, se marchó a Buenos Aires para estudiar la carrera de Derecho, algo que al poco tiempo abandonó para seguir su verdadera vocación. Cuentan sus biógrafos que en la gran ciudad conoció al científico Eduardo Ladislao Holmberg, cuya influencia se volvió determinante para que Doello Jurado abrazara la carrera naturalista. Así, ingresó a la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Buenos Aires, en la que no solo estudió, sino que también comenzó su labor docente como ayudante de Zoología en 1910. Luego, en 1913 ingresó al Museo de Historia Natural de Buenos Aires (hoy Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia), cuya dirección asumió una década más tarde y mantuvo hasta 1946. Parte del enriquecimiento y ordenamiento del nuevo museo se debe a sus afanes y a su capacidad para reunir a valiosos colaboradores. Dado que realizó un estudio sistemático de los moluscos actuales y fósiles, creó años después la sección de moluscos e invertebrados del museo, que se inició con las colecciones hechas por él mismo a bordo del crucero Patria en 1914. En uno de sus viajes de exploración marítima, en 1918, comprobó frente a las costas de Mar del Plata una fauna de fondo de carácter magallánico-antártico y fue uno de los promotores del movimiento de protección de la flora y fauna autóctonas mediante la creación de parques y reservas nacionales. Tal es así que presidió la comisión constituida al efecto en 1925 e integró la Comisión del Ministerio de Agricultura de la Nación para la organización del Gran Parque del Sur (Nahuel Huapi). Sus viajes por la Argentina y el exterior se deben a que Ángel Gallardo, a quien consideraba su maestro, lo nombró Naturalista Viajero del Museo Nacional de Historia Natural. Así fue que realizó campañas hidrobiológicas y paleontológicas por Comodoro Rivadavia en 1917, Puerto Belgrano en 1920 y Tierra del Fuego en 1921; de esas exploraciones descubrió la existencia en los mares argentinos de organismos que se creían extintos. Viajó por Alemania y trajo a su regreso los elementos que sirvieron de base al gabinete de paleontología del museo; fue como delegado al decimotercer Congreso Geológico Internacional en Bruselas en 1922, y diez años más tarde fue jefe de la misión científica del Museo Argentino en Bolivia. Pero como si esto fuera poco, Doello Jurado también ejerció la docencia en geología y paleontología, publicó decenas de artículos en revistas científicas y académicas en Argentina y el exterior, e integró numerosas instituciones de las que ocupó cargos importantes: fue uno de los fundadores de la Asociación Aves Argentinas y de la Asociación Argentina de Ciencias Naturales; presidente de la Academia Nacional de Ciencias Exactas de Córdoba; presidente de la Sociedad Ornitológica del Plata; y miembro honorario de las sociedades malacológicas de Inglaterra, Francia y Alemania y de la Sociedad Científica de Chile. Pioneras y herederas de la ciencia en Gualeguaychú A pesar de que los tiempos cambiaron, sigue siendo difícil identificar a las mujeres que contribuyeron con sus aportes al desarrollo de la ciencia. En un primer intento, el nombre natural que aparece es el de Madame Curie, pionera en el campo de la radiactividad. Pero si lo pensamos en términos locales, la tarea se vuelve un tanto difícil. Sin embargo, con la ayuda de historiadores locales y algunos libros, es posible conocer a grandes mujeres en el campo de la ciencia, y que de alguna forma u otra guardan relación con nuestra ciudad. Una de ellas es Helena Larroque de Roffo, nacida en Concepción del Uruguay, cuyo nombre asigna a una de las calles que pasa cerca del Hospital Centenario. Gualeguaychú, es una de las pocas ciudades que rinde honor a la célebre científica reconocida principalmente por haber fundado la Liga Argentina de Lucha Contra el Cáncer. En 1904 fue admitida en la Facultad de Medicina, aunque no tuvo la oportunidad de graduarse debido a una enfermedad. En 1919, junto con su esposo, decidió trasladarse a Europa para continuar con su formación. Allí tuvieron la oportunidad de trabajar con la renombrada científica Marie Curie, cuyo nombre designa a la calle contigua a la de Roffo en nuestra ciudad. De acuerdo a investigaciones de María de las Mercedes Chaparro de Sameghini, la primera gualeguaychuense que se recibió de médica en Gualeguaychú fue María Teresa Quaranta, quien ingresó a la Universidad en 1920 y Dora Avigliani, fue la primera cirujana dentista. Por otro lado, un nombre que resuena, aunque a primera vista sólo aparece ligado a la creación del Instituto Superior de Formación Docente, es el de María Inés Elizalde. En el libro Mujeres de Gualeguaychú, Silvia Goyburu relata que María Inés Elizalde realizó el Perfeccionamiento en Taxidermia en el Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, donde luego envió muestras de fauna ictícuola (conjunto de especies de la región) como parte de un trabajo que realizó. Además, equipó con recursos propios una magnífica sala de Ciencias Naturales en la Escuela Normal. Como si fuera poco, en 1972, gestionó la creación del Profesorado de Física y Química, y al cabo de un año logró su creación, siendo el primero en su especialidad en el país. Con todas estas acciones, Inesita, cómo la llamaban cariñosamente, sembró una semilla muy importante para promover el interés científico de su alumnado y el de generaciones futuras. La autora describió que tras una vida intensamente dedicada a la profesión, la ciencia y la educación, cerró sus ojos el 30 de octubre de 1988, y con ello dejó un enorme vacío en las ciencias de nuestra ciudad. El mismo año que Elizalde logró la creación del Profesorado de Física y Química, desembarcó en la ciudad la primera bioquímica que tuvo Gualeguaychú: Silvia Blanco. En diálogo con Ahora ElDía Blanco contó que nació en Lucas González, Nogoyá, y que en 1968 comenzó a estudiar Bioquímica en Córdoba. Tras finalizar sus estudios, se casó con su esposo, también bioquímico, y se mudaron a Gualeguaychú en 1973, de donde era oriunda su mamá. En ese momento había pocos bioquímicos en la ciudad, relató Silvia Blanco, quien montó un laboratorio privado junto con su marido. Casi inmediatamente se incorporó a trabajar en la recién creada Facultad de Bromatología. Trabajé en la universidad 40 años, daba clases tanto en la carrera de Bromatología como en la de Nutrición. Hicimos varios proyectos de investigación en laboratorio, pero sobre todo me dediqué mucho más a lo social. Con un grupo de colegas realizamos investigamos sobre el cosmopolitismo alimentario argentino, es decir la herencia alimentaria que tenemos como país, precisó. Además, también cursó una maestría en Biología Molecular en la Universidad Nacional de San Martín y en INTA de Castelar. La Facultad de Bromatología fue un gran escenario para que las mujeres de la ciudad, y de alrededores, pudieran adentrarse en el mundo de la Ciencia. Es así que, según los antecedentes disponibles en su base de datos, los primeros registros de mujeres realizando investigación científica dentro de la institución datan de 1992. Entre ellas se destacan: Sekaf, Liliana Mabel con su glosario inglés-castellano de términos de interés bromatológico; Baldi Coronel, Berta Mabel con estudio de productos regionales como la miel; Lound, Liliana Haydée con sus investigaciones en el Área de Microbiología; y Taus Rosalba con análisis de procesos biológicos, entre ellos la parasitología en la salud humana y animal. Estos aportes marcaron un punto de partida fundamental para la participación activa de las mujeres en la ciencia dentro de la institución, valoraron desde la Facultad. Las científicas gualeguaychuenses en la actualidad Hoy en día, la Facultad de Bromatología cuenta con más de 80 mujeres liderando y participando en proyectos de investigación, muchas de ellas como directoras de laboratorios y grupos de trabajo consolidados. Entre las principales líneas de investigación a cargo de mujeres se encuentran: la investigación sobre yatay y carne de pollo, dirigida por Natalia Sosa; Estudios sobre nuez pecán y embutidos a cargo de Virginia Larrosa; Investigaciones sobre yerba mate y enfermedad de Parkinson con Irene Taravini al frente del equipo; investigación y desarrollo en Microbiología dirigido por Mercedes Piaggio; Investigación en frutos autóctonos y miel por Verónica Busch; Diseño y formulación de panificados e ingredientes funcionales orientados a grupos poblacionales con necesidades nutricionales específicas, a cargo de Carolina Genevoise; e Innovación Alimentaria a cargo de Beatriz Gómez. Además, la Facultad cuenta con un instituto de doble dependencia, el Instituto de Ciencia y Tecnología de los Alimentos de Entre Ríos (Ictaer), que funciona bajo la órbita conjunta de la Uner y el Conicet. El Instituto se destaca no solo por su producción científica y su impacto regional, sino también por estar liderado por mujeres, consolidando el rol protagónico femenino en la conducción de la ciencia, la generación de conocimiento y la formación de recursos humanos en el área de los alimentos.

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