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  • Gerardo Romano contó cómo convive con el Parkinson: Tuve miedo de morirme y el teatro me salvó

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 10/04/2026 12:30

    El actor Gerardo Romano compartió en una conversación íntima con Mario Pergolini, en Otro día perdido, sobre cómo vive su diagnóstico de Parkinson y el modo en que esta enfermedad impactó su percepción de la vida cotidiana. Yo entro acá y yo sé si alguno de allá tiene Parkinson, porque uno desarrolla una percepción, reflexionó Romano, aludiendo a la sensibilidad que otorga la experiencia personal. El presentador lo interrumpió con una pregunta directa sobre el momento crucial: ¿Qué te pasó cuando te enteraste, cuando te dieron el diagnóstico?. Romano no dudó en admitir: Y me asusté. La respuesta surgió espontánea y sin rodeos, y al indagar Pergolini sobre el motivo del temor, Romano fue aún más claro: De morirme. No obstante, el miedo no lo paralizó. Me salvó que a la noche tenía función de teatro. Hacía una obra que se llama Un judío común y corriente, que la hice doce años, recordó Romano. El compromiso con el escenario lo obligó a tomar una decisión inmediata: O dejo todo porque tengo Parkinson y me voy a morir. O no lo dejo. Y elegí no. El relato de Romano revela una estrategia para enfrentar el golpe inicial: mantenerse activo y fiel a su vocación. Esa misma noche, subió solo al escenario durante más de una hora. El compromiso profesional resultó ser un ancla en medio de la incertidumbre que implicaba su nueva realidad. Frente a la pregunta de Pergolini sobre las múltiples formas en que se manifiesta el Parkinson, Romano respondió: Hay cosas muy cruentas, de convulsión, de temor... temblores. Y cosas suaves como las que ves. La diversidad de síntomas, reconoció, permite percibir la enfermedad en otros y en sí mismo, pero también implica una convivencia diaria con la incertidumbre. El impacto de la enfermedad en la vida cotidiana La vida de Romano está marcada por rutinas que contribuyen a su bienestar físico y mental. Hago natación tres veces por semana, nado un kilómetro cada vez, contó. Además, utiliza la bicicleta como medio de transporte y mantiene activa su memoria repasando textos teatrales, aunque ya no interprete la obra que lo acompañó durante años: El músculo de la memoria, como cualquier músculo, se trabaja y hacés el esfuerzo mnemotécnico de acordarte de algo. La peleo y va. El actor confesó que lucha por su salud y por sus seres queridos. Tengo hijos por los cuales debo pelearla, afirmó. Romano puntualizó que tiene un hijo de 40 años y una hija de 21, y que su motivación por seguir adelante incluye la responsabilidad y el deseo de acompañarlos. La charla derivó hacia la dinámica familiar y los cambios en los roles a lo largo de la vida. Pergolini expresó su visión: Yo creo que en un momento uno deja de ser padre, uno deja de ser hijo, ¿no? Van cambiando los roles. Romano, en cambio, planteó la pregunta que desarma certezas: ¿Tenés padre vos?. Pergolini compartió que solo tiene madre y que en ocasiones siente que los papeles se invierten, volviéndose más protector que hijo. Y no te molesta mucho el rol de serlo, porque decís, bueno, ha pasado.... Romano no dejó pasar la oportunidad de matizar: No sé si respecto de tus propios hijos te querés seguir acompañándolos. La conversación se fue tejiendo entre recuerdos y reflexiones, hasta que Pergolini reconoció: Entiendo que como hijo sí puedo entenderlo con un padre, pero no sé si como padre querés entenderlo con un hijo. Romano le concedió el punto: Lo has sintetizado muy bien. En un intercambio fluido y a corazón abierto entres sus puntos de vista, el encuentro entre Gerardo Romano y Mario Pergolini fue una radiografía de la vulnerabilidad y la resiliencia. El actor mostró que la vida, aún bajo el signo de una enfermedad, puede seguir siendo una fiesta a la que no está dispuesto a renunciar.

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