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» La Nacion
Fecha: 10/04/2026 11:40
Con una boda íntima, en Hawai, CrystaL Harris se casó con un biólogo marino - 7 minutos de lectura' A casi nueve años de la muerte de Hugh Hefner, y cuando se cumplirían 100 años de su nacimiento, se conoció la noticia de que su última esposa, Crystal Harris, acaba de casarse con James Ward en una ceremonia íntima en Aitutaki, en las Islas Cook, un rincón del Pacífico Sur tan remoto como simbólico para esta nueva etapa de su vida. No hubo alfombra roja ni despliegues extravagantes. La boda, organizada con un perfil deliberadamente bajo, estuvo pensada como una experiencia sencilla, elegante e inspirada en el océano, según contó la propia Crystal. Pocos invitados, naturaleza y una premisa clara: alejarse de todo lo que durante años definió su identidad pública. Perfecta para él Crystal, hoy de 39 años, fue la tercera y última esposa de Hefner, el magnate que convirtió a Playboy en una marca global. Se casaron en 2012, cuando ella tenía apenas 26 años y él 86, luego de un noviazgo que estuvo atravesado por idas y vueltas: un compromiso inicial en 2010, una ruptura poco antes de la boda en 2011 y un regreso que terminó sellándose en una boda que celebraron en el año nuevo. Durante ese tiempo, su figura quedó asociada a la mítica mansión Playboy, un lugar que durante décadas funcionó como símbolo de libertad y exceso. Sin embargo, con el paso de los años su relato sobre esa experiencia fue tomando otra dirección. En entrevistas recientes y en sus memorias publicadas en 2024, Only say good things (Solo decí cosas buenas), Crystal habló con crudeza sobre ese vínculo. Por ejemplo, dijo que no cree que haya existido amor entre ellos, aunque sí afecto, y que permaneció en el matrimonio porque sentía que Hefner la necesitaba. En cierto modo, mi trabajo era ayudarlo, explicó. También describió la vida en la mansión como profundamente restrictiva. No había libertad, dijo. Según su testimonio, su valor estaba medido en términos superficiales y debía sostener una imagen constante de perfección. La experiencia, resumió, fue traumática. Como contó el medio español El Mundo, Hefner hizo que ella dejase su identidad de lado y que llegara a sentirse como una prisionera en la casa que debería haber sido su refugio. Cuando Hef fundó Playboy, quería que la marca se centrara en la libertad. Pero en la mansión no había libertad. Me sentía atrapada. Fue muy duro. Fue una época traumática. Mi valor se medía en temas superficiales y siempre tenía que verme perfecta. O, por lo menos, parecer perfecta para los estándares de Hef, manifestó en 2024. Un nuevo capítulo Tras la muerte de Hefner en 2017, Crystal inició un proceso de reconstrucción personal que incluyó terapia y un progresivo corrimiento del universo mediático que la había rodeado. Gracias a ese camino, empezó a proyectar una vida distinta. Fue en ese contexto donde apareció James Ward. Ward, de 41 años, representa un universo opuesto al del mundo Playboy. Biólogo marino de profesión, vive en Hawai desde 2013, donde fundó una empresa de turismo especializada en experiencias oceánicas personalizadas. Como detalla ABC de España, su trabajo combina la ciencia con el turismo responsable a través de experiencias marinas para observar ballenas jorobadas, tiburones y tortugas, entre otras especies. La pareja se conoció en abril de 2024 a través de amigos en común y en pocos meses, consolidaron la relación. Compartieron viajes y el interés por la naturaleza, mientras crearon una vida lejos del circuito mediático en el que ella se volvió famosa. El compromiso llegó ese mismo año, en Hawai, en un escenario que ya anticipaba la estética de la boda: James me sorprendió por completo. Hizo que una escalera oculta y un sendero sinuoso despejaran el camino para revelar una terraza artesanal encaramada sobre un espectacular acantilado con vistas al océano, compartió con US Weekly. En ese momento, le entregó un anillo con un diamante vintage de seis quilates tallado en una banda finísima. La elección de las Islas Cook como escenario de la boda no fue casual. Según explicó, buscaban un lugar remoto. Como la boda fue íntima, pudimos centrarnos en los detalles importantes en lugar de organizar un gran evento. No hay grandes cadenas hoteleras, lo que le confiere una atmósfera increíblemente tranquila y auténtica. Además, alberga una de las lagunas más bellas del mundo. Como a James y a mí nos encanta el océano y la naturaleza, nos pareció el lugar perfecto para comenzar este capítulo de nuestras vidas, dijo la ex Playboy. El precio era ir al dormitorio Quizás el proceso de escritura de ese capítulo ya había empezado antes de conocer a Ward y tras la muerte del magnate. Por ejemplo, un par de años después del fallecimiento, Crystal decidió dar un primer paso importante para dejar esa parte de su vida atrás: le solicitó al Tribunal Superior de Los Ángeles el cambio de su nombre de casada (Crystal Margaret Hefner) para volver al de soltera (de apellido Harris). Soy viuda y quiero recuperar mi apellido de soltera, había explicado en la presentación legal. Pese a esto, reconoció que el apellido de Hefner le permitió ganar ocho cifras y emprender negocios, aunque insistió en que ese vínculo nunca fue solo por el nombre. A pesar de que es una cifra importante, medios locales estimaron que al momento de su muerte Hefner dejaba un imperio valorado en 50 millones de dólares que provenían, mayormente, de la franquicia Playboy Enterprises. Esta incluía Playboy TV, Playboy Online y cuatro canales de televisión para adultos. Mientras que muchos habían tildado a Harris de cazafortunas, la pareja había firmado un acuerdo prenupcial, por lo que no figuraba en el testamento. Sí recibió esos casi ocho millones como indemnización y una mansión en Hollywood Hills de casi cinco millones de dólares. Sin embargo, ella misma contó en su autobiografía que, al principio de la relación con Hefner, el estilo de vida del multimillonario fue un punto a favor. Detalló que después de conocerse, y de su primer encuentro sexual, él la invitó a pasar un tiempo en la mansión. Ella aceptó: Durante los siguientes días pude probar lo que era vivir como el uno por ciento de la población. Me bronceé en camas solares, nadé en la pileta, me senté en el codiciado lugar junto a Hef en la noche en que se proyectaba cine Era como vivir las 24 horas del día, los siete días de la semana, en un hotel cinco estrellas. [...] El precio era ir al dormitorio con todas las demás chicas, ese era el alquiler. Tenía la esperanza de que si lo pagaba, si lo hacía incluso de más, me permitirían regresar. Entró definitivamente en ese mundo, y la situación no era todo color de rosa. En el mismo libro detalló distintas reglas que se les imponía a las conejitas: un toque de queda a partir de las seis de la tarde, la participación obligatoria en todos los eventos que se organizaran, ser rubia platinada, maquillarse, mantener la figura: Una noche él le echó una ojeada crítica a mi cuerpo, arqueó las cejas y dijo: Parece que alguien tiene que tonificarse, recordó. Quizás sea en parte por todo eso que la nueva etapa en la vida de Crystal, la que se inaugura con el casamiento de la semana pasada, no se trata solo de una nueva unión o una nueva relación romántica, sino que representa para ella la forma de cerrar un ciclo, después de años en los que su nombre estuvo inevitablemente ligado a uno de los imperios más icónicos y controvertidos de la cultura pop. 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