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  • El nuevo restaurante de pastas de Chacarita que apuesta a la calidad en un ambiente descontracturado

    » La Nacion

    Fecha: 10/04/2026 09:26

    Más de 10 variedades de pastas artesanales, porchetta, fainá y otras preparaciones de herencia italiana con una mirada actual dan vida a este nuevo espacio de la mano del cocinero Gaspar Natiello - 6 minutos de lectura' Lo que antes era un barrio de talleres y de casas bajas se fue transformando en un polo gastronómico donde conviven bares y restaurantes con propuestas de calidad. Sin las pretensiones de los mandatos culinarios palermitanos, en Chacarita se vive y disfruta de la gastronomía en sintonía con la bohemia y la calma de barrio. Una de las novedades de este circuito es Bochinche, una cocina de herencia italiana con mirada contemporánea, donde hay clásicos ítaloamericanos, como los spaghetti con albóndigas y pomodoro y la lasagna alta. El proyecto viene de la mano de dos amigos con ganas de emprender: el cocinero Gaspar Natiello y Lucas Etchegoyen, especialista en desarrollo sostenible. Ambos enriquecen este espacio con sus aportes como profesionales. La cocina de Bochinche apunta a los sabores de inmigrantes italianos con una mirada contemporánea. Al mando de los fuegos está Natiello (42), un cocinero de bajo perfil nacido en Olavarría y formado en la escuela Gato Dumas que ganó fama cuando fundó Ajo Negro junto a Damián Giammarino, quienes desarrollaron un concepto innovador de tapas de mar. Después de 9 años intensos en Ajo Negro, donde la carta de pescados cambiaba cuatro veces al año y se presentaban platos nuevos cada semana, Natiello se alejó del formato platitos para volver a la estructura clásica de entrada, plato y postre con sabores caseros. En 2025 también abrió Silvino, un bistró de barrio con comida confortable. Bochinche vino de la mano del barrio; sentíamos que a Chacarita le faltaba un buen local de pastas en un lugar descontracturado y alejado de los clásicos restaurantes italianos, comienza Gaspar. El espacio es amplio, con cocina a la vista, una barra impactante y un hermoso patio rodeado de plantas. No hay manteles a cuadro ni nada que haga referencia a Italia. La estética es moderna, relajada y despojada de clichés. Un ambiente que fusiona materiales y formas de los 60 con los asientos fijos en la pared y el portaequipaje arriba que emulan a un tren antiguo, lámparas y el acrílico verde presente en todos los ambientes, incluso en el baño. Diseño futurista combinado con una cocina que transmite la calidez de hogar. La idea fue buscar ese contraste, que nada te indique que estás en un restaurante con una propuesta basada en una cocina italiana, agrega. El nombre no es casualidad. Bochinche es un homenaje a su historia familiar. Vengo de una familia grande, de cuatro hermanos (yo soy el menor) y de una casa a puertas abiertas, con muchos amigos que entraban y salían, mesas largas... y este espacio me remite a una casa habitada con espíritu de hogar, sin llegar al neorrealismo italiano. En este lugar, Gaspar despliega todo su talento con una carta dominada por la pasta italiana fatta in casa. La carta se construye a partir de productos cuidadosamente seleccionados y trabajados con claridad. El menú cuenta con más de 10 variedades de pastas, elaboradas a mano y con máquinas traídas de Italia. Las pastas rellenas como la lasagna, los canelones y los ravioles se hacen a mano; la extrusadora y la laminadora la utilizamos para el resto de las pastas, cuenta el cocinero y detalla: utilizamos semolín de Campodónico, huevos de La Tandilera y la carne de La Julia, unos productores de carne bovina orgánica 100% pastoril; todos proyectos alineados con lo orgánico y la sustentabilidad. Un bochinche sostenible Lo que sucede en la cocina es el resultado de un cruce poco frecuente. Por un lado, la trayectoria de el Gaspo Natiello en la cocina enfocada en la trazabilidad y el sabor honesto; por el otro, la especialización de Lucas Etchegoyen en sostenibilidad. Acá medimos y monitoreamos la operación ambiental desde el primer día mediando un sistema que estamos desarrollando juntos y que se llama Foodprint, cuenta Gaspar. Es una herramienta para medir la sustentabilidad en los restaurantes que está basada en la inteligencia artificial y cuantifica en tiempo real los consumos (luz, gas, agua), residuos y emisiones, explica y subraya: somos conscientes de lo que producimos, de lo que consumimos y de lo que desechamos, sin ser extremistas porque sería imposible. En sintonía con esta práctica, la trazabilidad es clave en su propuesta integral. Más allá de la materia prima que se utiliza para las preparaciones, la ambientación habla de sustentabilidad. Para la mesa en la barra central trajimos una pieza de incienso, un árbol nacido y criado en Misiones que un artesano trabajó especialmente para el restaurante. Son 450 kilogramos de mesa, y contamos con toda la trazabilidad y la conciencia del impacto que tiene. Es un árbol de vivero, no se taló ningún bosque, y tenemos todos los datos de su origen, agrega. Platos sabrosos La carta es corta pero contundente, con variedad de opciones y mucha identidad. No hay intención de reproducir recetas de la cocina italiana tradicional, sino reinterpretar esas preparaciones clásicas. Para comenzar, siete preparaciones en el apartado de entradas donde se destaca la fainá que viene con stracciatella y láminas de zucchini frescos; y también la porchetta acompañada con una buena ensalada de papa y huevo. En cuanto a los principales, hay un risotto de berenjenas, panceta y cherries confitados y 11 platos de pasta con salsas clásicas como pesto, pomodoro o amatriciana con el toque personal del chef para darle un perfil más actual y expresivo al plato. La lasagna se está convirtiendo en un clásico, al igual que los spaghetti con albóndigas y los ravioles de ricota y espinaca a la manteca de salvia, apunta Gaspar. Un plato equilibrado es la chitarra con arvejas, chauchas, limón y stracciatella, así como la Casarecce al pesto para fanáticos de esta salsa tradicional italiana. Algo más jugado, los gigli vienen con anchoítas, peperoncino, ajo y pangrattato; los canelones de cerdo y langostino con bechamel trufada es otro de los platos creativos de la carta. Para el momento dulce, preparaciones tradicionales como el tiramisú y otras menos frecuentes en la mesa porteña como los huevos quimbo un postre tradicional de la época colonial que fue recuperado por Mecha Rosas, nuestra jefa de cocina, revela Gaspar y apunta: es un postre con una masa a base de yemas que se embebe en almíbar. Lo servimos acompañado con crema de naranja. Para acompañar, hay vinos elegidos con buen criterio y una atención cordial en donde es posible ver a sus dueños muy seguido. Datos útiles Bochinche. Santos Dumont 4056, Chacarita (CABA). De martes a sábados desde las 20 hs. En IG: @hastabochinche

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