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  • La tortilla se dio vuelta: el oficialismo manda en el Congreso, la agenda pública la controlan los opositores.

    » TN

    Fecha: 10/04/2026 09:10

    El Congreso, a diferencia de lo sucedido hasta octubre de 2025, es territorio inhóspito para los opositores. Ahí domina ampliamente Milei, y seguirá dominando. Lo demostró con la reforma laboral, en su mejor momento poselectoral, y lo volvió a demostrar este miércoles, con la reforma de la ley de Glaciares, pese a Adorni, a la caída en las encuestas y los problemas que enfrenta el programa económico. Es que al Presidente le alcanza con agitar la sortija del Tesoro nacional, mostrar que tiene los recursos que los gobernadores necesitan para sobrevivir, para poder elegir entre los que muchos que se apresuran a ofrecerle ayuda para formar mayoría en las dos cámaras. Ahí las cosas no van a cambiar, por más que crezca el malhumor social, o el Gobierno siga perdiendo el control de la agenda pública, o enfrente procesos judiciales en su contra cada vez más desafiantes y tenga que echar a funcionarios encumbrados. A menos que se produzca un terremoto económico, difícilmente se altere la escena legislativa de acá a las próximas elecciones presidenciales. Podrán las bancadas de oposición presentar pedidos de juicio político, iniciativas de censura contra el jefe de gabinete, pedidos de informe de todo tipo, pero seguirán muy lejos de lo que consiguieran, con bastante facilidad en varias ocasiones, hasta el año pasado: aprobar proyectos que ponían en serios aprietos al oficialismo. Eso no significa que no puedan prosperar en otros terrenos Se han invertido un poco las posiciones con los libertarios: hasta las elecciones de medio término, estos tenían sobre todo apoyo en la sociedad, aunque les resultaba difícil convertirlo en mayorías institucionales, sobre todo en el Congreso; ahora que los mileistas controlan el Congreso, la mayoría social que antes los respaldaba está flaqueando. Y los opositores se entusiasman, porque confían en que va a debilitarse aún más. Así que apuestan a recuperar el terreno perdido en las instituciones desde la opinión pública, más los grupos de interés que siempre los acompañaron. De allí que estén particularmente activos y juntándose de formas sorprendentes, tejiendo infinidad de planes y trabajando en pos de múltiples escenarios, salvo los que tengan que ver con presentar proyectos de ley. Kicillof se reúne con cuanto peronista o no peronista esté dispuesto a sentarse con él. Los últimos dos de ese desfile fueron exalfiles de Macri: Emilio Monzó y Nicolás Massot, que vienen atravesando un territorio desolado desde que la bancada federal liderada por Miguel Ángel Pichetto, con que durante 2024-5 negociaron leyes con el oficialismo, se desarmara. Maximiliano Pullaro está haciendo algo muy parecido desde el radicalismo, replanteando el futuro de Provincias Unidas, que como bancada no llegó siquiera a formarse, con miras a convertirse en referente de un armado de oposición de centro, no kirchnerista, convergiendo con otros gobernadores, sobre todo los de la liga del norte, y con lo que queda del PRO, incluido, si estuviera dispuesto, el propio Macri, que lo visitó días atrás. La primera meta de esa apuesta es crear coaliciones distritales que puedan conservar o ganar gobernaciones, incluida la santafesina. Pero hay también un horizonte más ambicioso: convertir esas coaliciones provinciales en base de una alianza de centro más amplia, capaz de capturar todo lo que quede suelto porque ni Kicillof, ni Cristina ni Milei logren capturarlo. Los outsiders A estas apuestas provenientes de los viejos partidos se suman iniciativas extrapartidarias, de outsiders que esperan replicar el recorrido de Milei, en lo posible con menos escalas y menos enemigos. La idea nada novedosa que está detrás es aprovecharse de la crisis de la política tradicional para construir un liderazgo transversal, que podría volverse de nuevo atractivo para muchos votantes si el Gobierno sigue acumulando problemas, que es muy probable, y ni del PJ, ni de la UCR ni del PRO surgen alternativas, que es aún más probable. El más conocido de estos outsiders es el evangelista televisivo Dante Gebel, líder de una agrupación, Consolidación Argentina, presentada en sociedad hace pocos días, y que por ahora es solo un sello de goma. Pero que podría volverse en cualquier momento una marca con recursos y seguidores, en la que converjan líderes de todos los partidos y lobistas de todos las procedencias que se hayan cansado de esperar que Kicillof, Pullaro o quien sea de los viejos partidos muestre el músculo y el cerebro que hacen falta para disputarle en serio a Milei el poder. A Gebel se le ha sumado más reciente y tímidamente Jorge Brito hijo. Un empresario muy próspero y con más vocación política que su padre. Y seguramente se sumarán unos cuantos más en los próximos meses: contabilizamos en gateras, por ahora, a Chiqui Tapia, que amenaza lanzarse a una candidatura en cualquier momento, suponemos todos que si a la scaloneta le va bien, y también le va bien al juez Charvay de Campana; el siempre precandidato Sergio Uñac, que también aspira a liderar una coalición de centro, pero desde el peronismo, con auspicios tan diversos como el de Cristina Kirchner, Pichetto, Juanjo Álvarez y Víctor Santamaría, lo que anticipa un centro un poco confuso; y hasta el propio Mauricio Macri, que por ahora solo amenaza, con miras a levantarse el precio en una negociación con el oficialismo, pero nunca se sabe. ¿Quién tiene más chances de prosperar en el voto opositor de todos estos? Cuando hay muchos candidatos, es porque en verdad todavía no hay ninguno, así que es imposible decirlo. Kicillof tiene más apoyos territoriales, por lejos, y está mucho más instalado en las encuestas como antagonista de Milei. Pero lo mismo tenía a su favor Rodríguez Larreta en 2022 frente al kirchnerismo, y después pasó lo que pasó. Leé también: Por qué el 28,2% de pobreza es un índice menor al esperado Además, de muchos de los listados en esta empresa puede decirse que son hijos de la necesidad: si Milei les ofreciera una opción segura en alguna fórmula de cooperación con él, varios agarrarían viaje. Es que, aunque el clima de opinión ha cambiado bastante rápido en los últimos meses, lo que no cambia es la precariedad de los liderazgos, los proyectos y las estructuras partidarias. De todo eso, se van a tener que nutrir los que quieran en serio competir en 2027, y el camino que tienen por delante es largo y empinado. Porque mientras tanto la operación de autoflagelación de los partidos tradicionales, incluido el PRO, continúa.

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