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  • Hoy el productor tiene más previsibilidad con este Gobierno, el mensaje del campo en medio de la cosecha

    » TN

    Fecha: 10/04/2026 07:46

    En la recta final de la campaña gruesa, el campo en Arrecifes, La Violeta (Pergamino) y el corredor de la ruta 51 transita un escenario de contrastes marcados. Así lo sintetizó el productor Walter Sangregorio, quien no dudó en definir el escenario: Esta va a ser una campaña sojera dispar en la región. Leé también: ¿Soja en la banquina?: proponen una ley para volver a sembrar tierras ociosas a la vera de rutas nacionales El diagnóstico se apoya en un factor clave: el comportamiento de las lluvias. Según explicó, la lluvia que faltó en un momento clave de la producción de granos se vino toda junta ahora en el final, lo que condiciona tanto los rindes como la dinámica de cosecha. Lluvias tardías y rindes desparejos En el caso del maíz de primera, el ciclo prácticamente está cerrado. El maíz prácticamente se levantó todo, señaló, aunque con resultados muy heterogéneos. En la zona se registraron rindes de 90 quintales, hasta de 100 quintales, y rindes de 50 o 60 quintales también. En su propio campo, el rendimiento se ubicó en 60, 65 quintales, más o menos, un nivel que, si bien no es el ideal, permite salir sin pérdidas. El cultivo, de mayor inversión inicial, vuelve a plantear el dilema económico de cada campaña. El maíz necesita más inversión, recordó, aunque también destacó su aporte al sistema: deja una buena tierra para la soja. Pero es justamente la soja la que concentra todas las miradas. En ese sentido, Sangregorio marcó diferencias claras dentro de la región: Para el lado de La Violeta, Arrecifes, Pergamino y Colón hablan de muy buenos rindes, mientras que hacia Ramallo hay de todo: buenas y más o menos. La explicación vuelve a ser climática. Acá llovió un poquito más y más a tiempo, resumió. Sin embargo, la incertidumbre sigue latente hasta que las máquinas entren al lote: Hasta que uno no entra con la cosechadora no puede decir nada. Expectativas y ánimo en el campo Las últimas lluvias, que en algunos casos superaron los 60 milímetros, frenaron momentáneamente las labores. Va a llevar unos días volver a entrar, explicó, aunque se mostró moderadamente optimista: No tenemos grandes problemas todavía, si compone el tiempo. En este contexto, el ánimo del productor aparece como una variable que resiste los vaivenes. Si podemos cosechar bien, el ánimo del productor es bueno, afirmó. Y fue más allá al describir el perfil del sector: Para que el productor no esté de buen ánimo tiene que pasar una catástrofe. Leé también: Agua que complica: lluvias desiguales frenan la cosecha y agravan el estado de los caminos rurales Esa resiliencia, según remarcó, es fruto de años de adaptación a escenarios cambiantes. Estamos curtidos, acostumbrados a años buenos y años malos, sostuvo. En paralelo, la cuestión económica sigue siendo central. Sangregorio reconoció que la carga impositiva continúa siendo elevada: Es una carga pesada, no es solo retenciones, hay ganancias, ingresos brutos y un montón de impuestos. Sin embargo, valoró el contexto actual en términos de previsibilidad: Hoy el productor tiene más previsibilidad con este Gobierno y eso es muy importante. Leé también: Más lluvias y temperaturas elevadas: el otoño arranca con señales de alerta para el agro Ese punto aparece como un cambio relevante frente a etapas anteriores. Por lo menos no te están cambiando las reglas a cada rato, explicó, lo que permite planificar: Vos podés decir voy a hacer esto y sabés que viene por ahí. Aun así, los costos siguen presionando, especialmente por el lado de los insumos. El gasoil aumentó, influye, pero lo que más influye son los fertilizantes, advirtió. De cara a la próxima campaña de trigo, evitó hacer pronósticos cerrados, aunque anticipó que va a sembrar prácticamente lo mismo que el año pasado. Leé también: Productores se quejan de la suba de los costos y le piden a Milei que siga bajando las retenciones El nivel de inversión también varía según el perfil de cada productor. Mientras algunos aprovechan líneas de crédito y renuevan maquinaria, otros optan por la cautela. Yo soy de comprar poca maquinaria, dijo, al considerar que la depreciación es rápida y las tasas aún están altas. En términos productivos, la campaña muestra un balance intermedio. Aceptable, definió, al evaluar el conjunto de cultivos desde el trigo hasta la soja, todavía pendiente de cosecha. El rendimiento de la oleaginosa será determinante no solo para cerrar el ciclo, sino también para proyectar lo que viene. Todo depende del rinde de soja, insistió. En ese marco, ubicó como referencia que una soja de 25 a 30 quintales es un rinde mediocre, y una de 40 quintales ya es otra cosa. Leé también: Suben las tarifas del transporte y crece la presión sobre la cadena agroindustrial Finalmente, al ampliar la mirada más allá del lote, el productor consideró que la región mantiene cierta estabilidad relativa. Esta zona es privilegiada, señaló, aunque reconoció que falta plata en la calle. De todos modos, volvió a poner el foco en la macroeconomía: Creo que el país viene mejorando. Y cerró con una idea que atraviesa todo el análisis: Por lo menos sabemos a dónde vamos. En una campaña marcada por contrastes, el resultado final dependerá de cómo termine de acomodarse el clima. Mientras tanto, el campo avanza entre barro, expectativas y una certeza repetida por quienes lo trabajan: aún en escenarios desparejos, la apuesta sigue en pie.

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