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  • A 40 años del vuelo 940: cómo la explosión de un neumático provocó la peor tragedia aérea de México

    » La Nacion

    Fecha: 09/04/2026 12:19

    El 31 de marzo de 1986, un Boeing 727 despegó rumbo a Los Ángeles; minutos después, una cadena de fallas provocó una de las tragedias más recordadas de la aviación mexicana - 7 minutos de lectura' Hace 40 años, en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, el vuelo 940 de Mexicana de Aviación se preparaba para despegar rumbo a Los Ángeles. A bordo del Boeing 727 viajaban 167 personas. A las 8.50 de la mañana, el capitán recibió permiso para despegar y la nave comenzó a elevarse sobre la capital mexicana rumbo al norte. Durante los primeros minutos todo parecía normal. Pero, de pronto, una alarma inesperada comenzó a sonar en la cabina. Los controladores de tráfico aéreo recibieron un mensaje urgente desde la aeronave. Segundos más tarde, el radar perdió el contacto. En algún punto del recorrido, sobre las montañas de México, el vuelo 940 desapareció. Un vuelo rutinario que terminó en tragedia Habitualmente, el vuelo 940 de Mexicana de Aviación cubría la ruta entre la Ciudad de México y Los Ángeles, con escalas en Puerto Vallarta y Mazatlán. Durante la década de 1980, la aerolínea operaba una amplia flota de aviones Boeing 727. La aeronave, con matrícula XA-MEM, fue incorporada a la flota en 1981, llevaba el nombre Veracruz, como parte de la tradición de Mexicana de Aviación de bautizar sus aviones con nombres de estados y ciudades del país. Al mando de la aeronave estaba el capitán Carlos Alberto Guadarrama Sixtos, de 36 años, un piloto con amplia experiencia que se había incorporado a Mexicana de Aviación en 1971 y acumulaba más de seis mil horas de vuelo. Lo acompañaban en la cabina el primer oficial Philip Louis Piaget Rhorer, de 34 años, quien formaba parte de la aerolínea desde 1980, y el segundo oficial Ángel Carlos Peñasco Espinoza, incorporado a la compañía en 1982. Ambos contaban también con experiencia en operaciones de vuelo. Aquella mañana, a bordo del Boeing 727 viajaban 167 personas: 159 pasajeros y ocho miembros de la tripulación. Entre ellos se encontraba la familia del propio capitán Guadarrama Sixtos: su esposa, Graciela Flores, exazafata, y sus hijos. La familia tenía previsto, luego de aterrizar en Los Ángeles, viajar por los Estados Unidos. Entre los pasajeros también se encontraba Guillermo Sánchez, el primo del exfutbolista mexicano Hugo Sánchez. Asimismo, viajaban el director de arte mexicano Agustín Ytuarte y el director de locaciones Federico Ysunza, quienes participaban en el rodaje de la película Depredador, protagonizado por Arnold Schwarzenegger, que al año siguiente se convertiría en un fenómeno mundial. Curiosamente, el tenista estadounidense Derrick Rostagno tenía previsto abordar el vuelo, pero decidió quedarse en la Ciudad de México para jugar un partido. Esa decisión, casi al azar, terminó salvándole la vida. Esa mañana, la aeronave había llegado a la Ciudad de México procedente de Chicago. La operación se realizó sin incidentes y, tras las tareas habituales en tierra, el avión fue preparado para cubrir el vuelo 940. Quince minutos después del despegue, cuando el avión ascendía a unos 29.000 pies y aún se encontraba en fase de ascenso, la situación cambió de repente: una explosión sacudió la estructura del avión. La detonación dañó la parte inferior del fuselaje y provocó una rápida despresurización en la cabina. En segundos, las máscaras de oxígeno cayeron sobre los asientos y comenzaron a sonar las alarmas. En la cabina de mando, los pilotos iniciaron el descenso e informaron la emergencia a los controladores aéreos. Instantes después, una azafata comunicó que había humo dentro del avión. Las últimas comunicaciones entre la tripulación y la torre fueron breves y confusas. Los pilotos reportaron problemas graves a bordo, pero poco después el contacto se perdió. Mientras tanto, a unos 80 kilómetros de la capital mexicana, vecinos de comunidades rurales del estado de Michoacán reportaron algo inusual en el cielo. Algunos dijeron haber escuchado una fuerte explosión; otros afirmaron haber visto fragmentos cayendo entre las montañas. Horas después, equipos de rescate localizaron los restos del avión dispersos en una zona montañosa cercana a Maravatío, en el estado de Michoacán, en las laderas del cerro El Carbón. La tragedia era total: no había sobrevivientes. El accidente del vuelo 940 fue el desastre aéreo más grave ocurrido en territorio mexicano. La investigación Tras el hallazgo de los restos, las autoridades aeronáuticas iniciaron una investigación para determinar qué había ocurrido en los minutos posteriores al despegue. Especialistas analizaron los fragmentos de la aeronave, revisaron los registros de mantenimiento y reconstruyeron las últimas comunicaciones de la tripulación. En los primeros días, la violencia de la explosión y el hecho de que el avión se hubiera desintegrado en el aire llevaron a algunos investigadores a considerar la hipótesis de una bomba a bordo. En aquel tiempo, la posibilidad de un atentado no parecía descabellada. Apenas unos días después del accidente del vuelo 940, una bomba explotó a bordo de un Boeing 727 de la aerolínea Trans World Airlines durante el vuelo 840, cuando la aeronave se aproximaba a Atenas. La detonación abrió un agujero en el fuselaje y cuatro pasajeros fueron succionados fuera del avión, aunque la tripulación logró realizar un aterrizaje de emergencia. Sin embargo, en el caso del vuelo 940, la investigación no encontró evidencia de explosivos y esa hipótesis fue descartada. Las conclusiones de la investigación comenzaron a revelar una cadena de fallas que se había iniciado poco después del despegue. Según los investigadores, uno de los neumáticos del tren de aterrizaje principal izquierdo había sido inflado con aire comprimido en lugar de nitrógeno, el gas que se utiliza habitualmente en la aviación para reducir el riesgo de explosiones a altas temperaturas. Durante la carrera de despegue, uno de los frenos del tren de aterrizaje se sobrecalentó, lo que hizo que el neumático alcanzara temperaturas extremas. Cuando el tren fue retraído, el calor quedó atrapado en el compartimiento donde se alojan las ruedas. Minutos después, el neumático estalló dentro de la estructura del avión. La explosión dañó sistemas vitales, entre ellos líneas hidráulicas, cables eléctricos y conductos de combustible. El combustible comenzó a escapar y se incendió rápidamente. El fuego se propagó por la parte inferior de la aeronave y provocó daños estructurales graves. Poco después, el avión perdió el control y terminó desintegrándose en el aire antes de impactar contra las montañas. El legado El accidente del vuelo 940 marcó profundamente a la aviación mexicana. La investigación no solo permitió reconstruir lo ocurrido aquella mañana de marzo de 1986, sino que también puso de relieve un riesgo que durante años había pasado desapercibido en la industria: el uso de aire comprimido en los neumáticos de las aeronaves, cuando el nitrógeno un gas inerte ofrecía mayor seguridad frente a temperaturas extremas. A raíz del accidente, las autoridades aeronáuticas reforzaron los procedimientos de mantenimiento y las normas sobre el inflado de neumáticos. En menos de un año, la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos estableció que los neumáticos de los aviones de transporte debían inflarse exclusivamente con nitrógeno seco u otro gas inerte, una medida destinada a reducir el riesgo de explosiones. Cuarenta años después, el vuelo 940 sigue siendo el accidente aéreo con más víctimas ocurrido en México. La tragedia reveló una cadena de fallas que llevó a reforzar normas de seguridad en la aviación. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite

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