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Paraná » 9digital
Fecha: 09/04/2026 12:11
En defensa de las plazas Porque en las primeras clases de Griego y Cultura griega la Ianuzzo nos hablaba del ágora, nos hacÃa entender la importancia de tener un espacio abierto a la comunidad para reunirse y pensar. Porque después esa palabra rara era subrayada en la IlÃada y en la Odisea. Porque cuando era chica tenÃa una plaza a una cuadra de la casa en que crecà y todos bajábamos como gorriones a apropiarnos del tobogán y las hamacas. Porque en la plaza el cuerpo se reparte parejo entre perros y pastos. Y no te sacás de encima la picazón en el cuero, como si fuese una alegrÃa duradera. Porque nunca se olvida cómo suenan los eslabones oxidados de las cadenas, ni la adrenalina en el hueco de los pies, ni la cara abierta como masticando nubes, ni se olvidan el gusto de las flores que crecen guachas entre los árboles. Porque en la plaza mis padres daban vueltas opuestas hasta entender el guiño del amor, porque de grandes caminaban alrededor de ella mientras los hijos jugábamos, porque a la noche los bichos sobre los postes de luz forman constelaciones, porque embarazada me senté a descansar de mi propio peso. Porque si no hay plazas, no hay niñxs. Y si las cosas sólo fuesen útiles, nosotrxs nos volverÃamos máquinas hechas para servir únicamente. Porque en las plazas el aire es más puro, las canillas gotean agua y cualquier sed se apaga un rato. Porque tienen bustos de próceres que nos recuerdan quiénes hemos sido, porque siempre alguien duerme entre los ruidos, porque ahà van los jóvenes a darse un primer beso, porque se talla la madera con los nombres y corazones y la palabra se pierde entre nosotrxs. Porque leà anoche los comentarios que se oponÃan a la inauguración de la Plaza Borges y pensé en ese género discursivo que exhibe la mezquindad. Una vidriera de berrinches que remite a la vanidad de ser pospuesto. Porque esta tarde leeré poemas entre banquitos, rayuelas, laberintos pintados en los senderos. Porque en El remordimiento Borges escribe que cometió el peor error que puede cometer un hombre, que no fue feliz. Mis padres me engendraron para el juego arriesgado y hermoso de la vida, para la tierra, el agua, el aire, el fuego. Los defraudé. No fui feliz. Porque es una mentira hermosa creerse que uno puede prescindir de jugar al aire libre siendo grande, porque esta época nos arrastra en su cinismo, pero las plazas cada tarde quedan chicas, y aunque baje la natalidad, por un rato todxs nos volvemos niñxs.
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