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  • La tregua entre Estados Unidos e Irán alivia los precios, pero deja un sistema energético global tensionado

    Crespo » Paralelo 32

    Fecha: 09/04/2026 11:01

    La reciente desescalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán trajo un alivio inmediato en los mercados internacionales, reflejado en la caída de indicadores clave como el Brent y el TTF. Sin embargo, detrás de esta aparente calma persiste un escenario complejo: el sistema energético global continúa afectado por disrupciones logísticas y daños estructurales que podrían extenderse durante semanas e incluso años. Durante el pico del conflicto, el tránsito por el estrecho de Ormuz una de las principales arterias del comercio energético mundial se redujo drásticamente. De un promedio cercano a 95 buques diarios, la circulación cayó a apenas cinco, generando un cuello de botella sin precedentes. Como consecuencia, entre 187 y 200 embarcaciones quedaron retenidas en la región, con unos 172 millones de barriles de crudo y productos refinados sin poder ser descargados o redirigidos. Las más leídas Según el ingeniero Roberto Carnicer, director del Instituto de Energía de la Universidad Austral, la situación actual refleja un cambio en la naturaleza de la crisis: La tregua redujo el riesgo inmediato, pero no recompuso el sistema. El mercado pasó de un riesgo de interrupción a un problema de asignación, donde no todos podrán acceder a la energía disponible. Una logística aún colapsada Aunque la tensión geopolítica disminuyó, la normalización del sistema energético está lejos de concretarse. La reapertura del estrecho no implica una recuperación automática del flujo comercial: factores como los elevados costos de seguros, la disponibilidad de prácticos, los permisos de paso y la congestión portuaria siguen limitando el ritmo de operaciones. Se estima que, durante los casi 40 días en que Ormuz operó a apenas el 5% de su capacidad, se dejaron de procesar alrededor de 3.600 tránsitos potenciales. Este déficit logístico, advierten los especialistas, es imposible de compensar en el corto plazo. Aun en un escenario de estabilidad, la red logística global tardará entre seis y ocho semanas en recuperar niveles operativos normales, explicó Carnicer. A esto se suma una respuesta limitada por el lado de la oferta: el incremento anunciado por OPEC+ de unos 206.000 barriles diarios resulta marginal frente a una disrupción que llegó a estimarse entre 12 y 15 millones de barriles diarios en el momento más crítico. El golpe estructural al gas Más allá del petróleo, el impacto más profundo se registra en el mercado del gas natural licuado (LNG). Qatar, uno de los principales exportadores mundiales, sufrió daños en su infraestructura que dejaron fuera de servicio dos de sus catorce líneas de producción, reduciendo su capacidad en aproximadamente 12,8 millones de toneladas anuales. El complejo de Ras Laffan también registró afectaciones que podrían retrasar más de un año la expansión del proyecto North Field, clave para el abastecimiento global de gas en los próximos años. Además, una planta de GTL resultó dañada, con plazos de reparación cercanos a un año y efectos colaterales sobre otros productos como condensados, gas licuado de petróleo y helio. Este escenario se refleja en los precios internacionales: el índice JKM se mantuvo elevado, evidenciando que la problemática ya no es únicamente financiera, sino también física, vinculada a la disponibilidad real del recurso. Estados Unidos, un alivio parcial En este contexto, Estados Unidos emerge como un proveedor clave para amortiguar el impacto en el corto plazo. En marzo, el país alcanzó exportaciones récord de LNG, con 11,7 millones de toneladas, consolidándose como el principal oferente incremental. Proyectos como Golden Pass, con capacidad proyectada superior a 18 millones de toneladas anuales, ya comenzaron a operar y se espera que envíen cargamentos a Europa especialmente a Italia en los próximos meses. No obstante, esta capacidad de reemplazo es limitada. Gran parte de la nueva oferta estadounidense ya estaba comprometida o prevista para un mercado en expansión, lo que reduce el margen de maniobra ante la actual crisis. Además, sustituir el LNG qatarí implica rediseñar rutas comerciales, competir por buques metaneros y adaptar infraestructuras de regasificación, procesos que demandan tiempo y recursos. De la interrupción a la competencia Para los analistas, la crisis energética global atraviesa una transformación. Ya no se trata únicamente de una interrupción en la oferta, sino de una creciente competencia por el acceso a los recursos disponibles. Pasamos de una availability crisis a una allocation crisis: quién accede a la energía y a qué costo, sintetizó Carnicer. En este nuevo escenario, las economías con mayor capacidad financiera y flexibilidad logística logran amortiguar mejor el impacto, mientras que los países emergentes quedan más expuestos. Aunque el estrecho de Ormuz permanece abierto, Irán conserva capacidad de disrupción operativa, lo que mantiene latente el riesgo geopolítico sobre el comercio energético global. Así, la actual tregua aparece más como una pausa operativa que como una solución estructural. La seguridad energética internacional continúa dependiendo de un equilibrio frágil, en un sistema que aún no logra recomponerse completamente.

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