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Parana » NSA
Fecha: 09/04/2026 02:29
La escritora argentina Samanta Schweblin fue galardonada hoy con el primer Premio Aena de Narrativa Hispanoamericana, dotado con un millón de euros, por su libro de relatos El buen mal. La presidenta del jurado, la escritora española Rosa Montero, anunció el premio en una cena literaria celebrada en el Museo Marítimo de Barcelona. Schweblin, que fue jurado en dos ocasiones del Premio Clarín Novela, se impuso a los otros cuatro finalistas: el colombiano Héctor Abad Faciolince, por Ahora y en la hora; la chilena Nona Fernández, por Marciano; el español Marcos Giralt Torrente, por Los ilusionistas; y el español Enrique Vila-Matas, por Canon de cámara oscura. El jurado destacó que los cuentos de Schweblin plasman nuevos mundos turbadores, fascinantes y complejos, recorriendo magistralmente las fronteras entre lo posible y lo imposible con una belleza hipnótica. Con 48 años, Schweblin inaugura con esta obra el palmarés de un premio cuyo nacimiento ha estado rodeado de polémica. Hoy este premio da su primer paso premiando la excepción. Me emociona de verdad pensar que estoy recibiendo un premio que es también un reconocimiento al género del cuento», afirmó la escritora. Financiado por Aena, la empresa gestora de aeropuertos en la que el Estado español tiene el 51% de las acciones, el premio sorprendió hace unas semanas al irrumpir en el panorama de las letras hispanas. La convocatoria busca distinguir anualmente la mejor obra publicada en castellano o traducida de lenguas cooficiales. Los finalistas reciben 30.000 euros (casi 35.000 dólares), en una dotación comparable a premios como el Booker en inglés o el Goncourt en Francia. Para dimensionar el monto, cabe recordar que el Premio Cervantes, el galardón más prestigioso de las letras en español, está dotado con 125.000 euros. Un jurado compuesto por profesionales del mundo cultural y literario eligió en marzo a los cinco finalistas entre una preselección de obras narrativas publicadas en 2025. La creación del premio, que incluye el compromiso de Aena de adquirir miles de ejemplares de la obra ganadora y de las finalistas para distribuir entre sus empleados y administraciones locales, generó debate en España. Mientras varias voces del sector cultural celebraron la iniciativa, otras cuestionaron la pertinencia de que una empresa pública, perteneciente al sector transporte, irrumpa en el mundo literario con un premio tan elevado. Es mecenazgo que sirve a todos, afirmó Maurici Lucena, presidente de Aena, en una entrevista con el diario La Vanguardia. Se trata de una modesta inversión en el soft power de nuestra cultura hispana para toda América, agregó. El galardón iguala en dotación al Premio Planeta, que desde 1952 entrega anualmente esta editorial española en Barcelona, y que ha contado entre sus ganadores con premios Nobel de Literatura como Mario Vargas Llosa y Camilo José Cela, así como con escritores de renombre como Eduardo Mendoza, Jorge Semprún, Antonio Skármeta y Ana María Matute. Los escritores debemos hacer votos de pobreza; el destino más probable es el fracaso, pero la diferencia con los monjes es que tus votos no tienen por qué ser perpetuos si en algún momento uno tiene la suerte de recibir un premio, expresó Héctor Abad Faciolince durante la presentación en Barcelona. Por su parte, Marcos Giralt Torrente comentó que en el mundo del arte, las empresas públicas invierten. El mundo literario es tan pequeño y tan acanallado que surgen estas polémicas absurdas. El jurado de esta primera edición estuvo integrado por Pilar Adón, Leila Guerriero, Luis Alberto de Cuenca, Jorge Fernández Díaz, José Carlos Llop, Sergio Vila-Sanjuán, Jesús García Calero y Elmer Mendoza. Al publicar El buen mal en febrero de 2025, Schweblin confesó a Clarín que aún le resulta difícil la exposición pública. Hay algo ahí que sí me incomoda. No tiene tanto que ver con el éxito, sino con una cuestión de cuidado personal, para mí y para los que me rodean. Intento que el mundo de lo privado siga siendo privado. Cuidarse en las redes sociales, tratar, siempre que se pueda, de desaparecer, afirmó. Sobre las historias reunidas en El buen mal, recordó en diálogo con la periodista Daniela Pasik: La primera imagen que apareció es la escena con la que arranca el primer cuento, Bienvenida a la comunidad, la de esa mujer que aterriza en el fondo del mar como una astronauta en la luna, por el peso de las piedras que lleva en los bolsillos, y eso tan insólito que sucede a continuación, pero prefiero no adelantar acá. Añadió que luego surgió la imagen del caballo desmayado en una calle de Hurlingham, para el cuento Un animal fabuloso. Después, las protagonistas de La mujer de Atlántida cruzando el pueblo en la noche, aunque esa escena no terminó en el cuento porque ya no era necesaria, aunque de ahí nació toda la historia. En El ojo en la garganta vi a esos padres atravesando el desierto pampeano con la ausencia de su hijo pequeño en el asiento trasero del auto, y la extrañeza, casi el imposible, de que sea el mismo niño el que los esté narrando. ¿Cómo puede un personaje narrar con precisión una escena en la que en realidad no está presente? A
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