08/04/2026 18:31
08/04/2026 18:31
08/04/2026 18:31
08/04/2026 18:31
08/04/2026 18:31
08/04/2026 18:31
08/04/2026 18:31
08/04/2026 18:30
08/04/2026 18:30
08/04/2026 18:30
» La Nacion
Fecha: 08/04/2026 16:44
Hay que relanzar el programa económico Se evitó una crisis mayor, pero el plan arrastra errores de secuencia que hoy condicionan la acumulación de reservas y la recuperación; con el dólar más accesible para las personas y un Banco Central aún débil, el desafío pasa por resolver dificultades sin perder los equilibrios logrados - 6 minutos de lectura' El conjunto de medidas anunciadas en diciembre de 2023 evitó una aceleración de la crisis que hubiera llevado a consecuencias dolorosas. Hacia fines de 2024, post ayuda del blanqueo, el programa de emergencia necesitaba un relanzamiento. Con algo de demora, en abril, hace justo un año y en el marco de un acuerdo con el FMI, se produjo una modificación en el régimen cambiario. La medida principal fue unificar el comercio exterior en el mercado oficial de cambios, eliminando el blend para los exportadores. Ese 20% adicional de exportaciones que antes iban al MEP hubiera generado un mercado cambiario superavitario que le hubiera permitido al Banco Central comprar dólares tanto para que el Tesoro pague deuda sin usar reservas como para que las reservas adicionalmente subieran. El objetivo prioritario debía ser mejorar el activo del Banco Central y bajar el riesgo país. Sin embargo, el Gobierno, con el aval del Fondo, decidió permitir que las personas humanas accedieran al mercado oficial en lugar de seguir operando en el MEP. La eliminación del cepo a las personas fue más un facilitador y abaratador del dólar al que podían comprar tanto para atesorar como para viajar y gastar con tarjeta; antes las personas podían comprar dólares en el MEP a un precio mayor (con brecha del 30%), ahora pueden comprar a un tipo de cambio unificado, determinado por el mercado y más barato que antes. Se priorizó controlar la brecha frente a la necesidad de acumular reservas. Los dólares del superávit comercial terminaron financiando una fenomenal compra de dólares de personas (portafolio y turismo). Entre abril y agosto, ya se vio que los argentinos volvían a comprar muchos dólares (el doble que antes) y que el BCRA perdía reservas. La incertidumbre electoral generó pánico en setiembre/octubre: la demanda de divisas extra en ese período fue de unos US$5000 millones, y sólo se contuvo por el apoyo financiero de EE.UU y el triunfo electoral. Sin embargo, la demanda de dólares de personas solo bajó un mes y desde diciembre se mantiene en un rango alrededor de US$2500 millones por mes. Siempre sostuvimos que un mercado libre, único, sin restricciones y con tipo de cambio flotante debía ser la meta, el punto de llegada del régimen cambiario. Haber liberado primero el acceso a las personas al mercado oficial antes de que el Banco Central incrementara sus reservas, antes de que el Tesoro reaccediera al mercado de deuda y antes de que la demanda de pesos se estabilizara en valores compatibles con una reactivación más homogénea, fue un error de secuencia de política económica. La confusa política monetaria que intentó frenar la dolarización agravó el problema, donde entre la suba de encajes, el financiamiento cuasi compulsivo al Tesoro y las mega tasas de interés abortaron la saludable recuperación del crédito al sector privado en marcha. La fuerte suba de la tasa de interés amenazó la estabilidad financiera, incrementó la morosidad de familias y empresas y deja un sistema bancario en peores condiciones para retomar el crédito. El bienvenido aumento de los depósitos en dólares ayuda a la bimonetariedad de la economía, pero no sirve para financiar la adaptación de los sectores damnificados. En síntesis, un 2025 que debió ser de relanzamiento, estuvo signado por una mala secuencia de política económica más la incertidumbre preelectoral. Y termina siendo un mal punto de partida para la segunda mitad de mandato. En política económica, el orden de los factores altera el producto. La mejora de gobernabilidad política post triunfo electoral se materializó en buenas leyes aprobadas; sin embargo, la economía sigue en un estado mixto en donde, a pesar de la recuperación del PBI, 40% de los sectores más intensivos en mano de obra siguen mal, el récord de exportaciones no se traduce en mayor consumo y aun así la tasa de inflación lleva 18 meses estancada en +/- 2,5% mensual promedio. En 2026, el Banco Central -ahora sí- empezó a comprar dólares dentro de la nueva banda de flotación. Los US$4577 millones comprados en apenas un trimestre representan casi la mitad de ese mínimo objetivo anual que proponíamos de US$10.000 millones. Este objetivo es justo lo que el Tesoro requiere para pagar los intereses de su deuda en dólares (además, necesita nueva deuda para renovar el capital que vence). Es una buena performance; el Tesoro paga la deuda, pero las reservas casi no mejoran y la política monetaria sigue sin proveer liquidez, pues los dólares terminan siendo comprados por el Tesoro con efecto monetario casi nulo. Es necesario que el BCRA aproveche la extraordinaria oferta de dólares de los próximos meses (un inédito superávit comercial al tercer año de programa más el ingreso de fondos de empresas que se financian en el exterior) para mejorar reservas más agresivamente. Esto debiera ser el punto de partida de un nuevo y esta vez acertado relanzamiento del programa económico. Este punto de partida debe ser ratificar lo logrado hasta ahora: el superávit fiscal que enfrenta presiones de varios lados, el complemento de las privatizaciones, las inversiones en sectores orientados a la exportación. Pero la clave es entender que esto no alcanza. Hace falta un cambio imaginativo, novedoso, que, sin apartarse de los fundamentals, encuentre elementos que recuperen el entusiasmo, bajen los costos de la transición en muchos sectores y alarguen el horizonte. Acá, volvemos al punto de partida. Será difícil consolidar la macro mientras los argentinos sigan comprando dólares (para atesorar y viajar) a precios subsidiados en magnitudes como en los últimos meses. La política económica tiene herramientas para desalentar la compra de divisas. No pensamos en restablecer el cepo y mucho menos en una devaluación. Pero el Banco Central tiene que comprar dólares no para evitar que el precio baje, sino porque es imprescindible para que el Tesoro pueda pagar sus compromisos de deuda y para mejorar genuinamente el activo del Banco Central. Y los tendrá que comprar aun si en el futuro el mercado hace que el precio suba. La depreciación, si fuera necesaria, la hará el mercado. Sería recomendable volver a un régimen más simple de política monetaria, concentrando en el Banco Central el manejo de la liquidez y la responsabilidad por la estabilidad financiera. En el medio se metió la incertidumbre internacional que encuentra a Argentina mucho mejor parada en materia energética, aunque no deja de ser un problema. Como nadie sabe cómo puede seguir y cuánto puede durar esta incertidumbre, centrada alrededor del precio del petróleo, más necesario se hace el relanzamiento. Seguir esperando que solo por el paso del tiempo la inflación baje, las inversiones derramen y las reformas (incompletas todavía) produzcan sus frutos puede convertirse en un búmeran político, económico y social, una nueva frustración. Los autores son economistas Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
Ver noticia original