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  • Italia, otra vez sin Mundial: el dolor de ya no ser

    » La Nacion

    Fecha: 08/04/2026 09:24

    Italia, otra vez sin Mundial: el dolor de ya no ser Italia dominaba el fútbol noventa años atrás. Bicampeona en los mundiales de 1934 y 1938. Campeona olímpica en Berlín 36. El 14 de noviembre de 1934 fue a Londres, al estadio de Highbury, a dirimir la supremacía con Inglaterra, autoproclamada reina sin necesidad de la FIFA. Inglaterra lastimó rápidamente al líder centrocampista Luis Monti y en doce minutos se puso 3-0. Con uno menos, y ochenta minutos por delante, la Italia de Vittorio Pozzo devolvió golpes, descontó con un doblete de Giuseppe Meazza y quedó al borde del empate heroico. Estalló de felicidad Niccolò Carossio, relator favorito del Duce Benito Mussolini. Diez gladiadores, un corazón, exclamó la prensa fascista. También Winston Churchill, que en 1940 entró en guerra con Italia, recordó impactado aquella Batalla de Highbury. Los italianos, cuentan que ironizó el ex premier británico, pierden las guerras como si fueran partidos de fútbol, y los partidos de fútbol, como si fueran guerras. La Italia de Mussolini prohibió alguna temporada fichar a jugadores extranjeros (sólo oriundos o repatriados). El inglés William Garbutt, padre del calcio, mítico DT de Genoa, fue preso al declararse la guerra. El judío-húngaro Arpad Weisz, descubridor de Meazza en Inter, tuvo que dejar Italia. Murió asesinado en Auschwitz. Los atletas del deporte fascista tenían saludo obligatorio con el brazo en alto. Pocos repararon en la advertencia, acertada o no, del francés Gabriel Hanot. Es un fútbol sin ninguna enseñanza, basado en el contragolpe. Así reinaron también Milan e Inter a comienzos de los sesentas en Europa. Nereo Rocco y Helenio Herrera, los directores técnicos. Catenaccio, bautizó el periodista Gianni Brera. Y justificó el cerrojo, el arte de la defensa. Somos más débiles. País invadido, desventaja física y psicológica. Mentalidad de trinchera y contragolpe letal. Y un fantasista. Cuando jugaron dos juntos, Sandro Mazzola (Inter) y Gianni Rivera (Milan), Italia terminó ganándole por 4-3 a Alemania una semifinal mítica de México 70. Pero fue una osadía. Fantasista, ironizó el periodista Enric González, carece de plural en Italia. Hubo otra vez catenaccio en las conquistas de España 82 (Enzo Bearzot) y Alemania 2006 (Marcello Lippi). Italia tetracampeón mundial. Justamente la conquista de 2006 coincidió con Calciopoli, el escándalo de corrupción que obligó a ordenar las finanzas de un calcio que ya no era la meca del fútbol. Sudáfrica 2010 y Brasil 2014 marcaron caídas en la primera rueda. Y directamente hubo ausencia en Rusia 2018 y Qatar 2022, y habrá ahora, Mundial de 2026. La Federación Italiana buscó auxilio en su momento en Roberto Baggio (un fantasista) y en Arrigo Sacchi (DT de un Milan glorioso). Mantuvo la idea de formar jóvenes con más técnica y menos obsesión táctica. Llegaron títulos en Eurocopa juveniles. Pio Esposito (falló el primer penal en la serie contra Bosnia y Herzegovina) jugó en la selección sub 20 que fue finalista en el Mundial Argentina 2023. Pero en Inter es suplente de Lautaro Martínez y del francés Marcus Thuram. Napoli venció por 1-0 a Milan el domingo con solo dos italianos entre los veintidós titulares. Los extranjeros de la Serie A subieron de 220 a 350 en veinte años. Casi setenta por ciento de extranjeros. Los italianos juegan apenas el 35 por ciento de los minutos del calcio (Lecce fue campeón sub 19 en 2023 sin italianos en el equipo). Pero Inglaterra y Portugal tienen más extranjeros y sus selecciones no sufren así. El tema, además, no es fácil en tiempos de nacionalismos extremos. También son extranjeros los dueños de casi la mitad de los clubes de la Serie A. Siempre fueron clubes-empresa, pero ya no son solo de familias o ricos locales. O políticos ambiciosos, como Silvio Berlusconi. Son fondos de inversión que gastan menos dinero. El fútbol es más exigente que los demás deportes, más amateurs, justificó tras el nuevo fiasco Gabriele Gravina, presidente de la Federación. Le respondieron con Jannik Sinner y Copas Davis en tenis, Kimi Antonelli en la Fórmula 1 y setenta medallas en los últimos Juegos Olímpicos de Verano e Invierno. Hinchas arrojaron huevos contra la sede federativa. El gobierno de Giorgia Meloni presionó por su renuncia. Gravina tuvo que irse. Suena ahora la vuelta del DT Antonio Conte en lugar de Gennaro Gattuso, que fue un director técnico inesperado porque sumaba apenas un título y muchos fracasos en casi una decena de equipos. Este fin de semana, los hinchas de Inter (finalista en dos de las tres últimas Champions) ovacionaron a Alessandro Bastoni, uno de los más señalados tras la derrota en Bosnia, en crónicas que recuerdan a defensores míticos de otros tiempos, como Tarcisio Burgnich, Franco Baresi y Fabio Cannavaro. Ahora no hay fantasistas, pero tampoco buenos defensores. Una identidad perdida. La comunidad italiana en Estados Unidos, la más fuerte fuera de Europa, quedará sin selección. No se trata solo de tácticas. Se trata, también, del país de notable cultura futbolera que pierde sincronicidad emocional, educación sentimental, graficó el sicólogo Piero Barbanti. Junio y julio no eran meses, sino estados de ánimo. El Mundial, nada menos que en Italia, como objeto de un tiempo que ya fue. Igual que una cabina telefónica. Eliminados ahora en un estadio de ascenso del fútbol bosnio. Y con sus hinchas burlones en las tribunas. Mostrando una visa de Estados Unidos.

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