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» Clarin
Fecha: 08/04/2026 06:33
Procaz e impúdica. Así es Pili. Está en la cárcel por un crimen grave y, cuando logra escapar del bucle de los pensamientos enloquecedores que la persiguen, es desvergonzada y soez. Alcanzan apenas unas pocas líneas de la novela Solo quería bailar (Tránsito), de la andaluza Greta García (Sevilla, 1992), para descubrir dos cosas relevantes: uno, la protagonista tiene una voz magnética. Dos, a esa chica el futuro se le rompió en la cara. Aunque está poblada de guarangadas, lo más incómodo del libro no es eso, sino la sensación de que todo puede salir realmente mal, aunque hagamos todo honestamente bien. Pili cuenta que siempre quiso ser bailarina y que se entregó en cuerpo y alma a ese propósito. Primero, aprendió a bailar sevillanas, pero las zapatillas de punta llegaron casi sin anunciarse. Se apuntó en el conservatorio y persistió. Persistió aunque sus maestros no le notaban ningún talento especial. Porque lo de ella era el esfuerzo. Persistió cuando otras chicas, más dotadas pero con menos paciencia, iban abandonando. Persistió tanto que terminó graduándose. Y siguió persistiendo con trabajos temporales, desde una heladería hasta el caño en el escenario de un burdel. Porque ella lo que quería era bailar. Sueños y dolores "Pili, como ser humano que es, está llena de contradicciones, sueños y dolores. Tener un cuerpo que te permite bailar y, sin embargo, rechazarlo y maltratarlo es terrible, pero es algo común. Trastorno alimenticio y danza son demasiado amigas", contó tiempo atrás la autora Greta García, que es también bailarina. Cómo llegó Pili al centro penitenciario de mujeres de Alcalá de Guadaíra es el enigma que se desteje a medida que avanza la novela. Pero se intuye desde el inicio que las promesas que la chica escucha una y otra vez, en verdad, no funcionan. A Pili le dicen "esforzate", "si lo das todo, tendrás éxito", "hay que trabajar para tener éxito", "todo depende de vos", "el futuro está en tus manos" y un largo (pero largo) etcétera, que ella sigue al pie de la letra. Ese es justo el problema. "Había un Pepito Grillo estafador dentro de mí que me decía que si me esforzaba mucho lo lograría", explica Pili. Justo antes de que todo se rompa y de que la chica que solo quería bailar descubra, como le pasa a tanta gente, que el esfuerzo solo no alcanza. De ahí al odio solo hay un paso. Sobre la firma Newsletter Clarín
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