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Gualeguaychu » Nova Comunicaciones
Fecha: 07/04/2026 18:46
Un estudio detecta partículas en todas las muestras y relaciona su presencia con daño celular en el conducto biliar. Los microplásticos no solo están en el mar, el aire o el agua: también podrían estar escondidos en un fluido corporal del que casi nunca se habla, la bilis. Un equipo de investigadores de varias instituciones chinas .entre ellas la Universidad Médica del Sur de Guangzhou, la Universidad Sun Yat-sen y la Universidad Médica de Guilin-ha encontrado partículas de plástico en todas las muestras de bilis analizadas (14 en total) y plantea que podrían contribuir al deterioro de las células que recubren los conductos biliares. El estudio se publica en Environmental Science and Ecotechnology. La contaminación por plásticos se ha convertido en una de las grandes señas de identidad de la vida moderna. Los microplásticos -fragmentos diminutos, a veces invisibles a simple vista- pueden entrar en el organismo a través de los alimentos, las bebidas y el aire. En los últimos años se han detectado en tejidos como los pulmones, la placenta o incluso el cerebro, lo que ha disparado las preguntas sobre sus posibles efectos. Sin embargo, una de las cuestiones clave seguía poco explorada: qué ocurre con esas partículas una vez dentro y si el cuerpo las acumula o intenta expulsarlas por rutas específicas. Ahí entra la bilis. Producida por el hígado y almacenada en la vesícula biliar, es esencial para digerir las grasas, pero también actúa como una vía de eliminación de ciertas sustancias en el circuito intestino-hígado (circulación enterohepática). Según los autores, esto convierte al sistema biliar en un candidato lógico para estudiar si los microplásticos pueden quedarse retenidos o circular antes de ser expulsados. Para evitar contaminaciones externas, los investigadores recogieron bilis de 14 pacientes sometidos a cirugía -cinco sin cálculos biliares y nueve con ellos- siguiendo protocolos estrictos libres de plástico. En el 100% de las muestras. Con una combinación de técnicas de laboratorio para identificar el tipo de plástico y su forma -incluyendo análisis químicos y microscopía- l equipo detectó microplásticos en el 100% de las muestras. El trabajo identifica seis polímeros principales, con predominio de polietileno tereftalato (PET) y polietileno (PE), dos materiales muy comunes en envases. La mayoría de partículas se concentraba en un rango de 20 a 50 micras (para hacerse una idea: menos que el grosor de un cabello humano en muchos casos). Un dato que llamó especialmente la atención fue los pacientes con cálculos biliares presentaban cargas mucho más altas que los que no los tenían. Este estudio reestructura el sistema biliar como algo más que un sitio de tránsito pasivo, señalan los autores, según recohe Ep. En su interpretación, la bilis podría actuar como un reservorioy a la vez como una vía de excreción hasta ahora poco considerada para los microplásticos. El hallazgo, sin embargo, iba más allá de ver partículas: el equipo también quiso explorar qué podría pasar si la exposición es crónica y en dosis bajas, algo que se parece más a la vida real que un contacto puntual. Para ello, realizaron pruebas en laboratorio con colangiocitos, las células que recubren los conductos biliares. Según el estudio, la exposición continuada a nanoplásticos favoreció un fenómeno llamado senescencia: las células no mueren, pero entran en una especie de modo envejecido en el que funcionan peor y liberan señales inflamatorias. La pista principal apunta a la mitocondria -la central energética de la célula-: aumentaron las especies reactivas de oxígeno (estrés oxidativo), se alteró el equilibrio de la dinámica mitocondrial, bajó el potencial de membrana y se redujo la producción de ATP, la molécula que actúa como moneda de energía. La melatonina atenuó el daño. En ese contexto, los investigadores probaron melatonina, una molécula conocida por su papel en el sueño pero también estudiada por sus propiedades antioxidantes. En sus experimentos, la melatonina atenuó parte del daño: ayudó a preservar la función mitocondrial y redujo señales asociadas a esa toxicidad celular. Con todo, el estudio tiene límites importantes: el número de muestras humanas es pequeño (14) y encontrar microplásticos en bilis no demuestra por sí solo que causen cálculos o enfermedad biliar. Los resultados de daño proceden de ensayos en células, útiles para entender mecanismos pero lejos aún de una conclusión sobre riesgo individual. Aun así, el trabajo abre una nueva pregunta para la salud pública: si el cuerpo no solo acumula microplásticos en tejidos, sino también en fluidos de excreción como la bilis, quizá haga falta afinar la vigilancia de estas partículas en agua potable y alimentos y estudiar con más detalle qué factores favorecen su retención.
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