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  • Intoxicaciones por monóxido de carbono: situación actual en Argentina y consejos para evitar riesgos

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 07/04/2026 16:36

    Con la llegada de los primeros fríos y el encendido de estufas y artefactos para calefaccionar, la intoxicación por monóxido de carbono (CO) vuelve a alertar a las autoridades sanitarias. De acuerdo al recientemente publicado Boletín Epidemiológico Nacional (BEN) N° 802, elaborado por el Ministerio de Salud de la Nación, este fenómeno muestra un incremento sostenido en las notificaciones y, si bien es prevenible, constituye año a año un verdadero desafío en materia de salud pública, especialmente por el potencial riesgo de muerte que conlleva. El monóxido de carbono es un gas inodoro, incoloro e insípido, resultado de la combustión incompleta de materiales que contienen carbono, como gas, leña, carbón, kerosén o combustibles líquidos. Su principal peligrosidad radica en que no puede ser detectado por los sentidos humanos, por lo que la exposición suele ser inadvertida hasta la aparición de los síntomas o, lamentablemente, la emergencia médica. El CO ingresa al organismo por las vías respiratorias y reduce la capacidad de la sangre para transportar oxígeno, impactando fuertemente en órganos vitales como el corazón y el cerebro. La mayor parte de los episodios de intoxicación se presenta en el hogar, por el uso inadecuado, desperfecto o falta de mantenimiento de artefactos de calefacción o cocción (estufas, calefones, termotanques, hornos, anafes, braseros) en ambientes mal ventilados. El uso de braseros o parrillas en el interior del hogar, práctica aún frecuente en sectores de bajos recursos, representa otra fuente relevante de exposición. Un fenómeno estacional que se exacerba con el frío Según los datos oficiales, entre 2019 y 2025 se notificaron casi 9.700 eventos de intoxicación por CO, de los cuales el 90% fueron confirmados. La estacionalidad es marcada, observándose la mayor parte de los casos entre abril y septiembre durante los meses más fríos, cuando el uso de artefactos de calefacción se intensifica. El invierno de 2025 fue particularmente crudo, lo que se tradujo en un pico histórico de notificaciones en la semana 27 de ese año (fines de junio principios de julio), registrándose 487 casos, cifra casi duplicada respecto al mismo período del invierno anterior. Las bajas temperaturas extremas empujaron a muchas familias a reforzar su calefacción, muchas veces con artefactos no aptos o mal conservados, o sellando en exceso las ventanas para retener el calor, aumentando inadvertidamente la acumulación del gas. La distribución del problema no es homogénea. La región Sur del país presenta tasas cinco veces superiores a la media nacional, con provincias como Neuquén y Tierra del Fuego a la cabeza, seguidas por Mendoza y San Luis en la región de Cuyo. La provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires concentran la mayor cantidad de casos en números absolutos, aunque las tasas por habitante son más bajas que en el sur. En 2025, la provincia de Buenos Aires notificó 536 casos, y Tierra del Fuego, unos 94, con una alarmante tasa de 48,2 casos cada 100 mil habitantes, diez veces superior al promedio nacional. El 79% de los afectados son menores de 40 años y se observa una incidencia especialmente alta en los niños. Más de la mitad de los casos confirmados corresponden a mujeres. El BEN advierte, sin embargo, que las cifras probablemente sean mayores, ya que muchas intoxicaciones leves pueden no ser reconocidas o notificadas como tales, dada la inespecificidad de sus síntomas. Características del monóxido de carbono y su impacto en la salud El monóxido de carbono es producto de la combustión incompleta de materiales carbonados gas, leña, kerosene o carbón. Francisco Dadic, médico toxicólogo del Hospital Durand, director de Fundación Iberoamericana de Salud Pública, explicó en una nota anterior con Infobae: El monóxido de carbono se origina por la combustión incompleta de productos carbonados. Casi todos los elementos de uso cotidiano tienen moléculas de carbono en su composición. Dadic precisó el riesgo ya que se trata de un gas incoloro, inodoro y no irritante. Posee una afinidad por la hemoglobina 250 veces superior al oxígeno, lo que ocasiona el desplazamiento del oxígeno en la sangre y puede provocar asfixia celular. Este fenómeno explica por qué se lo denomina el asesino silencioso o el gran simulador, como señaló a Infobae la médica otorrinolaringóloga Stella Maris Cuevas, expresidenta de la Asociación de Otorrinolaringología de la Ciudad de Buenos Aires. La exposición puede derivar en síntomas generales como dolor de cabeza, náuseas, vómitos, mareos y fatiga. En casos graves, pueden presentarse alteraciones neurológicas, pérdida de conciencia y muerte. Ramiro Heredia, especialista en medicina interna del Hospital de Clínicas José de San Martín de la Universidad de Buenos Aires, detalló en una nota reciete con Infobae que Argentina, por su clima templado y sus inviernos definidos, experimenta mayores picos de incidencia al inicio de la temporada fría, aunque la exposición puede extenderse todo el año. Las formas de exposición incluyen estufas, calefones, termotanques defectuosos, braseros, hornos domésticos y hasta escapes industriales o automotores. Dadic agregó en la citada nota: Los síntomas pueden incluir cefalea, vómitos, dolores musculares, fatiga, convulsiones, hemorragias, insuficiencia renal, infarto, insuficiencia respiratoria, paro respiratorio y muerte. En intoxicaciones crónicas, es posible observar cefaleas persistentes, somnolencia, alteraciones del aprendizaje y episodios psiquiátricos. El monitoreo epidemiológico y los especialistas coinciden en que los grupos de riesgo incluyen niños, personas mayores, embarazadas y pacientes con problemas cardíacos o respiratorios. En estas poblaciones, las manifestaciones clínicas pueden ser más severas incluso a bajas concentraciones. Se identifican errores frecuentes que aumentan el riesgo de intoxicación. El primero es encender artefactos sin revisión profesional previa, lo que puede ocultar fallas o combustiones deficientes. Otro hábito riesgoso es bloquear las rejillas de ventilación para mantener el calor, pues esto impide la renovación de oxígeno y la expulsión de gases tóxicos. También es un error ignorar el color de la llama: esta debe ser azul; si es naranja, amarilla o roja, indica combustión defectuosa. Finalmente, emplear el horno para calefaccionar la vivienda está entre las prácticas más peligrosas. El diagnóstico es desafiante porque no existen señales sensoriales inmediatas. Por ello, la sospecha clínica debe surgir ante síntomas como cefalea, vómitos o fatiga, especialmente en época invernal y en espacios con mala ventilación. El tratamiento es con oxígeno a la mayor concentración posible y de forma inmediata, señala Dadic. En casos graves, puede requerirse internación en cámara hiperbárica. Heredia recomendó: Ante la sospecha, primero ventilar el lugar. Segundo, retirar a las personas expuestas y tercero, llamar al servicio de emergencias. Todo paciente que sospeche de intoxicación por monóxido de carbono debe ser atendido en emergencias, donde permanecerá hasta que los síntomas y los valores de carboxihemoglobina se normalicen.

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