07/04/2026 13:41
07/04/2026 13:41
07/04/2026 13:39
07/04/2026 13:38
07/04/2026 13:36
07/04/2026 13:36
07/04/2026 13:35
07/04/2026 13:32
07/04/2026 13:32
07/04/2026 13:32
Gualeguay » Debate Pregon
Fecha: 07/04/2026 11:35
Un Pradal volvió al origen: la emotiva carta de un descendiente de Entre Ríos a su antepasado italiano Desde Santa Maria di Feletto, en Italia, un descendiente de la familia Pradal apellido con fuerte presencia en Gualeguay reconstruye la historia de sus antepasados que emigraron en el siglo XIX y se radicaron en las cercanías de la ciudad, en una carta cargada de memoria, identidad y gratitud. CARTA A FRANCESCO PRADAL Santa Maria di Feletto, 5 de abril de 2026 Querido Francesco, Hoy volví a tu pueblo. Estoy en Santa Maria di Feletto, parado frente a la iglesia que seguramente vos conociste de niño, la misma que vio tus primeros años, la que escuchó las voces de tu familia, la que marcó con sus campanas los días simples y profundos de aquella vida en el Véneto. Estoy acá, con tu apellido, con tu sangre, con mi cuerpo entero en este lugar donde empezó nuestra historia. Y no sé si alguna vez imaginaste que esto podía pasar. No sé si aquel niño nacido el 23 de septiembre de 1876, el hijo mayor de Giovanni Battista Pradal y Anna Giordano, podía entender del todo lo que significaba dejar esta tierra. Tenías apenas siete años cuando, en noviembre de 1883, tu familia tomó una decisión inmensa: subir a un barco, cruzar el océano y empezar de nuevo en la Argentina. Tal vez no entendías la palabra emigrar. Tal vez no sabías qué era exactamente ese país lejano llamado Argentina. Tal vez solo sabías que te alejabas de tu casa, de las colinas, de los caminos, de los rostros conocidos, de esta iglesia. Y sin embargo, te fuiste. Te fuiste con tus padres, Giovanni Battista y Anna, y con tus hermanos Rosa, Giovanni y Giuseppe. Te fuiste dejando atrás el pueblo donde habías nacido, para llegar a una tierra nueva, en Entre Ríos, a Colonia Morán, cerca de Gualeguay. Quiero que sepas algo, Francesco: Valió la pena. Todo el miedo. Toda la incertidumbre. Todo el dolor de dejar lo conocido. Toda la nostalgia que quizás tus padres cargaron en silencio. Todo eso valió la pena. Porque de aquel viaje nació una familia entera. Vos llegaste siendo Francesco, y la Argentina te llamó Francisco. Y en ese pequeño cambio de nombre se escondía algo mucho más grande: no perdiste quién eras te transformaste sin desaparecer. Te hiciste hombre en una tierra nueva. Te casaste el 8 de febrero de 1899 con María del Socorro Porta. Y juntos trajeron al mundo a Paulina, Juan Bautista, Ana Segunda y Francisco Bartolomé. Ese último, Francisco Bartolomé, fue mi bisabuelo. Después vino mi abuelo, Francisco Edmundo, nacido el 22 de marzo de 1933. Después mi papá, Juan Edmundo, nacido el 4 de noviembre de 1959. Y después vine yo: Juan Francisco Pradal, nacido el 7 de febrero de 1986. ¿Te das cuenta? Tu nombre siguió caminando. Siguió en la sangre. Siguió en la voz. Siguió en la memoria. Siguió en la mesa familiar. Siguió en los hijos de tus hijos. Siguió en los nietos de tus nietos. Siguió tanto que hoy estoy acá, parado donde vos empezaste. Y por eso quería escribirte. Porque hay cosas que los descendientes les debemos a los que se animaron primero. Te debo este regreso. Te debo esta presencia. Te debo decirte, desde el lugar donde naciste, que tu viaje no fue en vano. Que no te perdiste en el océano. Que no desapareciste en la distancia. Que no fuiste solo un nombre en una partida de nacimiento, ni una fecha en un árbol genealógico. No. Fuiste el comienzo de una rama que creció fuerte. Fuiste el niño que cruzó el mar. Fuiste el hombre que echó raíces. Fuiste el abuelo de una historia que todavía sigue. Y hoy, 5 de abril de 2026, yo vine a decirte que volvimos. Volví yo, pero no vine solo. Conmigo están tu padre Giovanni Battista, tu madre Anna, tus hermanos, tus hijos, tus nietos, los que nacieron en Italia, los que nacieron en Entre Ríos, los que trabajaron la tierra, los que lucharon, los que amaron, los que ya no están y los que todavía seguimos llevando este apellido. Hoy, frente a esta iglesia, con los brazos abiertos, sentí algo difícil de explicar: sentí que la distancia entre 1883 y 2026 desaparecía. Como si el tiempo se hubiera doblado. Como si por un instante el niño que se fue y el hombre que volvió estuvieran en el mismo lugar. Vos mirando hacia el horizonte sin saber qué te esperaba. Yo mirándote hacia atrás, sabiendo todo lo que vino después. Y por eso quería darte las gracias. Gracias por haber sido valiente, aun siendo tan chico. Gracias por haber acompañado a tus padres en aquel viaje imposible. Gracias por haber soportado la pérdida, el cambio, la adaptación, el desarraigo. Gracias por haber construido una familia nueva sin romper el hilo de la vieja. Gracias por haber hecho posible que hoy yo exista. Yo soy, en parte, una respuesta a tu viaje. Y si hoy estoy acá, en Santa Maria di Feletto, es porque algo dentro mío algo que viene de vos necesitaba cerrar este círculo. No sé si los muertos escuchan. No sé si los antepasados ven. No sé si la sangre recuerda por sí sola. Pero sí sé esto: Hay lugares que nos llaman. Y este lugar me llamó. Me llamó por tu nombre. Me llamó por el apellido. Me llamó por la historia. Me llamó por todo lo que quedó sin decir durante generaciones. Y hoy, al fin, puedo decirlo: Francesco, llegamos. Tu familia sigue viva. Tu apellido sigue en pie. Tu viaje tuvo sentido. Volví a tu pueblo para mirarlo con mis ojos, pero también para devolvértelo. Para que sepas que no se perdió. Que no quedó enterrado del otro lado del mar. Que sigue existiendo en nosotros. Y si alguna vez tuviste miedo de que el tiempo borrara todo, si alguna vez tus padres miraron atrás con dolor, si alguna vez pensaron que nadie volvería hoy puedo responderles: Sí, alguien volvió. Volvió un Pradal. Volvió un Juan Francisco. Volvió la memoria. Con amor, con orgullo y con gratitud, Juan Francisco Pradal Tu tataranieto Santa Maria di Feletto 5 de abril de 2026
Ver noticia original