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  • Precarización y saturación, dos de los desafíos que enfrentan los repartidores de Pedidos Ya en Paraná

    Parana » Radio La Voz

    Fecha: 06/04/2026 10:32

    En las calles de la capital entrerriana, la proliferación de mochilas térmicas rojas evidencia una realidad laboral marcada por la inestabilidad. Un relevamiento entre cinco "riders" locales revela un escenario de jornadas extenuantes, falta de cobertura social y una competencia creciente que pulveriza los ingresos. El desafío de llegar a un sueldo digno Para quienes intentan vivir exclusivamente del reparto, la ecuación económica resulta cada vez más desfavorable. Lucio, estudiante y repartidor, señala que para alcanzar un ingreso equivalente al de un empleado de comercio estimado en un millón de pesos es necesario trabajar "las mismas horas o incluso más". Sin embargo, el neto es menor: "terminás ganando menos porque tenés que descontar la nafta y el mantenimiento de la moto". Bajo el esquema de monotributo, el trabajador asume la totalidad de los costos operativos: Combustible y seguro del vehículo. Datos móviles para el funcionamiento de la aplicación. Reparaciones mecánicas. Respecto al respaldo de la empresa, Lucio es tajante: "Pedidos Ya no nos cubre nada. Lo único es una ayuda si quedás incapacitado, pero ese seguro es irrisorio". Mercado saturado y "alquiler" de cuentas La fisonomía urbana de Paraná ha cambiado, concentrando a decenas de trabajadores en puntos estratégicos como el "Market" de las Cinco Esquinas. La espera de pedidos se ha vuelto una constante que atenta contra la rentabilidad. Daniel, uno de los repartidores, grafica el crecimiento de la oferta: "Cuando yo arranqué, éramos 20 o 30. Ahora vas al Market y hay 80 personas esperando". Esta saturación ha generado un mercado informal de cuentas debido a las restricciones de ingreso. "La App te pone en lista de espera; yo hace dos años espero mi propia cuenta y tengo que alquilar una para poder trabajar", confesó Daniel. El algoritmo como jefe invisible Lejos de la promocionada autonomía, los repartidores dependen de un sistema de puntuación que organiza la asignación de tareas. Lucio explica que los turnos se reservan con una semana de antelación mediante un sistema de grupos: "En función del grupo que tenés, si es más alto tenés más prioridad, podés sacar los turnos antes, si es más bajo lo sacás después". Esta dinámica impone una presión constante, según describe Mauro, quien también se desempeña como inspector de tránsito: Presión temporal: "La aplicación te apura todo el tiempo". Premios inalcanzables: Mauro asegura que para canjear una mochila nueva "necesitás hacer 10.000 viajes". Desprotección ante reclamos: El sistema suele priorizar el descargo del consumidor; "la aplicación siempre le cree al cliente". Seguridad y riesgos en la calle La exposición a accidentes y robos es otra de las cargas que recae sobre el repartidor. Julián, quien ahora ve la actividad solo como "un extra" ante la pérdida de rentabilidad, advierte sobre la falta de respuestas institucionales: "Si te roban o tenés un accidente, la app no se hace cargo de nada". En este contexto de vulnerabilidad, admite una realidad alarmante: "Todos los cadetes llevamos algo punzante porque nadie quiere perder lo que con cansancio se ganó". A pesar de los intentos de organización colectiva, la precariedad del vínculo laboral dificulta las acciones gremiales. La necesidad inmediata se impone sobre la protesta: "Ponerse en contra de la aplicación no da porque es lo que nos da de comer", concluyó Daniel.

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