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Fecha: 06/04/2026 06:59
Durante años, nadie sospechó de él. Compartía salidas, charlas y momentos cotidianos con su grupo de amigos como cualquier otra persona. Todo eso formaba parte de una vida aparentemente normal en una tranquila localidad de Dinamarca. Sin embargo, detrás de esa imagen, Philip Patrick Westh ocultaba un secreto perturbador. Cuando la verdad salió a la luz, no solo dejó al descubierto una serie de crímenes brutales, sino que también destruyó la confianza de quienes lo consideraban parte de su círculo más cercano. El caso, que volvió a cobrar relevancia con el estreno del documental A Friend, a Murderer de Netflix, reconstruye una historia en la que la cercanía con el agresor fue tan impactante como los delitos en sí. Una desaparición misteriosa Todo comenzó a mediados de 2016, cuando una adolescente de 17 años, Emilie Meng, desapareció en la ciudad de Korsør, en Dinamarca. El 10 de julio de ese año, la joven fue vista por última vez en la madrugada luego de bajarse de un tren, cuando volvía de una fiesta con amigos. Se suponía que tenía que participar del coro de una iglesia local esa misma mañana, pero nunca se presentó. Sus padres no la encontraron en su habitación y se encendieron todas las alarmas. Rápidamente, su ausencia generó una intensa búsqueda que mantuvo en vilo a toda la comunidad. Durante meses, no hubo pistas ni respuestas claras y el caso se estancó con el paso del tiempo, a pesar de los esfuerzos de los policías. Los agentes siguieron tres líneas de investigación: Emilie se había dado a la fuga, había sufrido un accidente o había sido víctima de un delito. Recién seis meses después, el 24 de diciembre de ese mismo año, el cuerpo de la víctima fue encontrado en plena Nochebuena. El cadáver fue hallado en un lago cerca de un sendero conocido como Regnemarks Bakke. Las sospechas apuntaron contra varios hombres, pero la falta de pruebas contundentes impidió identificar a una persona concreta en ese momento. Mientras la investigación permanecía paralizada, Philip Patrick Westh continuaba con su vida cotidiana. Trabajaba en publicidad, disfrutaba su vida como treintañero y mantenía vínculos cercanos con varias personas que, años después, serían protagonistas indirectos de la historia. Entre ellos estaban Amanda, Nichlas y Kiri, tres amigos que compartían bastante tiempo con él. En particular, Nichlas era amigo de él desde hacía más de 15 años. Nada en su comportamiento parecía indicar que Westh pudiera estar vinculado a un crimen de esa magnitud. Ese contraste -entre la imagen pública y la realidad- fue uno de los aspectos más inquietantes del caso. Pensá que conocés todo sobre una persona y resulta que es alguien completamente distinto, expresó Kiri en el documental. La sensación de haber sido engañados atravesó completamente a su entorno. El giro inesperado: otro crimen y una pista clave El caso dio un vuelco decisivo en 2023, siete años después del asesinato de Emilie Meng, cuando Phillip Westh fue detenido tras ser acusado de haber secuestrado a una nena de 13 años en la localidad de Kirkerup. Según la investigación, el hombre habría atropellado intencionalmente a la menor mientras ella circulaba en bicicleta. Luego la llevó a su casa, donde la mantuvo cautiva y abusó sexualmente de ella. En cuanto comenzó la búsqueda, los policías analizaron las cámaras de seguridad y llegaron hasta la casa de Westh. Tras inspeccionar la propiedad, encontraron a la menor secuestrada: estaba detrás de una cama boca abajo y atada de manos y pies, con signos de un ataque sexual. Después de 27 horas de su desaparición, fue rescatada con vida. Durante los peritajes de ese caso, se recolectó el ADN del sospechoso, lo cual derivó en un hallazgo clave: los análisis lo vincularon directamente con el asesinato de la joven desaparecida en 2016. De esta manera, un crimen reciente permitió resolver uno que llevaba años sin respuesta. Pero eso no fue todo. En el marco de la investigación, la policía encontró en la computadora de Westh una lista detallada que incluía nombres de chicas, fotos, edades, direcciones y horarios de transporte. También hallaron material de explotación sexual de menores. Ese documento, que parecía ser un plan de secuestro, puso en evidencia que todo había sido premeditado. También se lo vinculó con otro ataque ocurrido en 2022, en el que una adolescente de 15 años fue secuestrada y víctima de un intento de abuso. Leé también: Se obsesionó con una serie sobre un asesino, armó un plan para imitarlo y terminó preso por un cuaderno La mente de un depredador A partir de su detención, la causa avanzó en reconstruir el patrón de conducta que Westh operaba de manera meticulosa. Con el tiempo, lograron comprender cómo era el sistema de selección de sus víctimas y la planificación de sus movimientos. Posteriormente, la evidencia digital que encontraron fue determinante. Los registros hallados en sus dispositivos no solo confirmaron su participación en los hechos, sino que también revelaron la existencia de otros posibles objetivos. Durante el juicio, que comenzó en abril de 2023, se prohibió la divulgación del nombre de Westh mientras se llevaba a cabo el debate. En su declaración, el acusado admitió algunos puntos del caso de la nena de 13 años, pero negó haber estado involucrado en el crimen de Meng. Leé también: Asesinó a sus padres para hacer una fiesta con 60 personas en su casa: el parricidio que conmocionó a EE.UU. El 28 de junio de 2024, tras el proceso judicial, Philip Patrick Westh fue declarado culpable de múltiples delitos. El tribunal de Næstved lo condenó por el asesinato de Emilie Meng, así como por el secuestro y abuso de la menor de 13 años en 2023 y el ataque a la adolescente de 15 en 2022. Al momento de la sentencia Westh tenía 33 años y recibió cadena perpetua.
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