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  • Yoyi Francella: el dilema que enfrentó al entrar a Luzu TV, la relación con su padre y ese sueño que logró cumplir

    » La Nacion

    Fecha: 06/04/2026 06:44

    Yoyi Francella: el dilema que enfrentó al entrar a Luzu TV, la relación con su padre y ese sueño que logró cumplir En diálogo con LA NACION, la actriz y conductora habló de su papel en El último gigante, la nueva película de Netflix; de su infancia y de los temas que la inquietan - 9 minutos de lectura' Soy actriz y me encanta actuar. Y también soy esto, asevera Johanna Yoyi Francella, a sus 32 años. Con esto se refiere a su faceta de conductora en LuzuTV, a la que hace tres años se atrevió a apostar, con algunos reparos iniciales, y que en diciembre pasado le valió un Martín Fierro de Streaming en la categoría de coconducción femenina por su desempeño en Antes que nadie, el programa que hace de lunes a viernes de 8 a 10, junto a Diego Leuco, Mica Vázquez y Trinche. Y aunque logró hacerse su lugar en el mundo del streaming con una combinación de frescura, humor y una cuota de misterio, la Yoyi actriz sigue construyendo su camino en el plano de la ficción. Después de hacer Millennials, Argentina, tierra de amor y venganza, El robo del siglo (donde actuó junto a su padre), El primero de nosotros y Papá al rescate, la hija menor de Guillermo Francella y Marynés Breña volvió al ruedo con El último gigante, la nueva película de Netflix hecha en la Argentina (se estrenó, previo paso por los cines, en la plataforma el miércoles pasado), escrita y dirigida por Marcos Carnevale, con un elenco que incluye a Oscar Martínez, Matías Mayer, Inés Estévez, Luis Luque y Silvia Kutika. En el film, Francella interpreta a la novia de Boris (Mayer), el protagonista de esta historia, que trabaja como guía en las Cataratas del Iguazú y ve tambalear su mundo cuando su padre (Martínez), que lo abandonó 28 años atrás, regresa inesperadamente a su vida. -¿Cómo fue hacer este proyecto? -La verdad es que estoy muy contenta de ser parte. Mi personaje es la contención del personaje de Mati [Mayer]. Está ahí, escuchando, poniendo el oído y abriéndole los ojos en ciertos momentos. Eso fue muy lindo de hacer. Además ya había laburado con él. Entonces, había algo más establecido de otros proyectos y nos salteamos la parte de conocernos y ver si había química. -Filmar en un lugar como las Cataratas del Iguazú debe haber sido un condimento especial. -Me encantó porque es un lugar con un mensaje muy power y muy lindo. Hablábamos con Inés [Estévez] de la energía del lugar, de filmar y de quedarnos ahí. Lo que tuvo esta peli fue que no salíamos del mood rodaje. Cuando filmás acá, en Buenos Aires, entrás, salís, tenés tu casa, tus vínculos. Allá era ir a filmar, volver, reunirse, charlar y comer juntos, todos en el mismo hotel en la ruta. Era una cosa medio familiar y eso creo que hizo a la película. -¿Cómo te interpelan este tipo de historias que tienen tanto que ver con lo vincular? -No solo eso, sino que todos somos hijos y eso de alguna forma te interpela, tengas a tu papá o no. Es una historia que también te hace pensar mucho en el perdón, en la decisión de perdonar o no, en cómo avanzar. Con Mati hablábamos de eso, que la película te hace pensar y repensar cualquier vínculo y hasta te puede generar ganas de llamar a alguien. -¿Te llevó a pensar en algún vínculo propio o a recordar cosas de tu infancia? -Estoy muy conectada con mis cosas internas o con mi infancia. En la historia de los personajes de Mati y Oscar hay una distancia muy fuerte, hay algo de volver después de tanto tiempo que te explota en la cara. Ahí no me pude sentir identificada porque no lo viví ni con mi viejo ni con mi mamá, tuve una infancia muy feliz. Pero sí puede ser en cuestiones de pérdidas, de duelos, en todo lo que te puede llegar a pasar por la cabeza en ese momento, y en que todos tenemos pensamientos y sentimientos con respecto a nuestros padres. Es todo tan sensible que te hace pensar, te hace querer estar más presente que nunca y te dan ganas de hablar de un montón de cosas. Al menos, eso fue lo que me pasó a mí cuando salí de verla. -¿Cómo es el vínculo que tenés hoy con tu papá? -Estamos bárbaros, tenemos un vínculo hermoso. Lo decimos siempre, los cuatro, con toda mi familia, aunque somos una familia muy chiquita. Y siempre fue un vínculo muy presente, de escucharnos, de aconsejarnos. Lo mismo con mi hermano y con mi mamá. -¿Qué tenés del gen tano de Francella del que tu padre siempre habla? -Todo, soy tana, tana. La alegría es un montón, el llanto es un montón, el enojo es un montón, la tristeza. Soy visceral, me salta la térmica rapidito, pero soy educada. -¿Haber incursionado en la conducción te llevó a tomarte la inestabilidad de la actuación de otra manera? -Creo que, lamentablemente, la inestabilidad de la profesión te toca por algún costado, pero es verdad que también encontré otro lugar que disfruto, que me gusta y que hoy está muy posicionado. Entonces, de alguna manera hizo que esté más tranquila, pero soy actriz y me encanta actuar. Y también soy esto. Es otro tipo de inestabilidad. -¿Te costó amigarte con esta faceta de conductora? Te escuché decir que, cuando empezaste en Luzu, no estabas muy segura de hacerlo. -Me costó la transición y me costó sentirme tranquila en lo que quería comunicar, en decir: Che, hasta acá quiero, hasta acá no. Al principio tenía miedo de que la gente que nos veía o mis propios compañeros se lo tomaran mal, pero fluyó tanto que me funcionó y me sentí cómoda. Me costó disfrutarlo hasta que en un momento entendí que podía mostrarme como soy, porque yo no hago ningún personaje. -¿Sentías que iba a ser complicado cuidar de la vida privada de tu familia? -No tanto por mi familia, sino por mí, que seguramente lo adquirí de la familia. Pero hasta el día de hoy siento que, igualmente, no abrí una puerta tan grande. Siento que me conocen como Yoyi, porque cuando estamos al aire soy Yoyi y no estoy detrás de un personaje, pero tampoco es que me conocen por completo, mis cosas más internas siempre me gusta mantenerlas en privado. -También te animaste a hacer tu propio podcast, Sensible. -Sí, fue un sueño que siempre tuve porque consumo mucho podcast. Una vez, Diego [Leuco], que es parte de Resumido [una plataforma que pertenece a Luzu], me escuchó y me preguntó si me gustaría hacerlo, y yo le dije que sí con mucho miedo, pero con muchas ganas. Empecé a pensar en temas y personas que realmente me interpelaban y una de ellas fue Inés [Estévez], de quien siempre me interesó mucho su manera de pensar y de escuchar. Mi idea era tener charlas dinámicas, poder repreguntar y tener un ida y vuelta. Estaba nerviosa, pero a medida que fueron pasando los capítulos me fui soltando un poco más. -Para el que no lo escuchó, ¿cuáles son esas temáticas de las que quisiste hablar? -Soy muy esotérica y cada vez que hablaba de eso en Luzu sentía que había cierto público al que le interesaba. Entonces, me metí un poco ahí. También estoy en una edad donde con muchas amigas estamos viendo la posibilidad de congelar óvulos y de ser mamás, y todas las dudas al respecto. Era una temática muy recurrente en mi grupo y la quise llevar al podcast. También charlé con una tanatóloga, que es una psicóloga especialista en muerte, y es uno de mis capítulos preferidos. -¿Qué te interpelaba de la muerte? -No sé, soy una piba muy profunda que busca entrar en todos los temas. Cuando vi a la psicóloga me llamó mucho la atención el contraste de tener a la muerte tan cerca todo el tiempo y, a la vez, ser una persona muy luminosa. -Otro de los episodios es un mano a mano con tu hermano, Nicolás, y en un momento mencionan la terapia vincular. ¿Fueron juntos? -No, él está haciendo terapia vincular y yo fui una vez porque me interesaba. Le dije: Che, ¿puedo ir y conocerla? Y ya que estás vos, charlar. Yo hago terapia, me gusta y sentía que la vincular estaba buena porque a veces te quedás en temas un poco más de psicoanálisis, temas profundos del pasado, y siento que la vincular se necesita un montón. -¿Descubrieron algo nuevo del vínculo entre ustedes? -Somos dos personas que charlamos mucho, tenemos todo muy puesto sobre la mesa en un montón de cosas. Entonces, no somos dos hermanos que, de pronto, van a una terapia y surgen cosas. No, no pasó eso pero sí me encantó ir y me pareció una linda experiencia. -¿Y qué descubriste de vos misma en estos últimos años? -Siento un crecimiento lindo, más que nada en mi interior, como una evolución en mis pensamientos, en lo que quiero y en lo que no. No sé si se ve, pero me siento un poco más plantada, haciendo lo que me gusta, teniendo seguridad en lo que hago. Eso me parece que también viene con la edad. No es que la viví toda, me falta un montón, pero sí hay un cambio y me siento más estable, más parada. -¿A dónde no querés ir, por ejemplo? -Sabía que me ibas a preguntar eso [se ríe] y me tengo que sentar y pensar. Creo que a donde no quisiera ir es a lugares donde no quiero estar, ¿se entiende? Quiero decir que sí con convicción, ya sea en laburos, vínculos, la vida, y no aceptar porque sí. Antes me costaba mucho decir que no y hoy en día un poco lo disfruto. Trato de quedarme tranquila con esa decisión porque también me pasa de decir que no y pensar por ahí tendría que haber dicho que sí. Espero, con el tiempo y con los años, poder tener ese no más aferrado, sin tanta duda.

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