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  • Esta singular guerra internacional

    » Clarin

    Fecha: 06/04/2026 06:20

    Una guerra convencional es un tipo de conflicto en el cual participan fuerzas militares regulares de, por ejemplo, dos Estados que se asumerespetarán el derecho internacional. Una guerra mundial es un tipo de conflicto a gran escala que involucra a las principales potencias y se extiende por distintos continentes. La guerra iniciada el 28 de febrero por Estados Unidos e Israel contra Irán no es ni convencional ni mundial. Pienso que más bien asistimos a una guerra internacional, un conflicto geográficamente acotado en el que participa al menos una gran potencia e involucra, de manera directa e indirecta, a múltiples países y actores no estatales. Hagamos la lista. Los activamente implicados son EE. UU., Israel e Irán. En el área del Golfo, Teherán lanzó ataques a instalaciones militares estadounidenses, puertos y refinerías en Arabia Saudita, Bahréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Omán, así como a objetivos en Irak, bases en Jordán, una base del Reino Unido en Chipre, el aeropuerto de Najichevan un enclave de Azerbaiyán, y la base naval en Diego García operada por EE. UU. y el Reino Unido. Asimismo, Irán movilizó a las milicias de Hezbolá en el Líbano contra blancos en Israel, grupos armados pro-iraníes en Irak contra bases de EE. UU. en ese país, al tiempo que los Huties de Yemen se sumaron con ataques a Israel. Los Huties pueden afectar el Estrecho de Bab al-Mandad. Israel, a su turno, lanzó una operación masiva en el Líbano, persistió en los ataques en Gaza y en el respaldo a milicias pro-palestinas en acciones armadas contra Hamas, avanzó en los asentamientos en Cisjordania y, junto con Estados Unidos, apuntó a fuerzas pro-iraníes en Siria e Irak. Por su parte, el Reino Unido le facilitó a EE. UU. el uso de sus bases. Soldados del Reino Unido y Grecia operan baterías antiaéreas en Arabia Saudita. Rusia comparte información de inteligencia con Irán. Asimismo, Ucrania, envió unos 200 expertos a Arabia Saudita y a países del área para responder a los drones iraníes. Europa está perdida y China es el único adulto. Esta es una guerra internacional que además fue ensayada, es también una guerra económica, es ilegal y se torna inquietante. Primero, en 2002 se llevó a cabo el ejercicio militar más costoso (US$ 250 millones) por parte de EE. UU. Se llamó Desafío del Milenio y mediante ejercicios en vivo y simulaciones por computación se probó una guerra contra Irán. El teniente general retirado Paul Van Riper, a quien le fue asignado ese país, llevó a Irán a la victoria mediante un despliegue ingenioso de estrategia asimétrica a pesar de la inferioridad ante el poderío del adversario. La guerra real contra Irán en 2026 fue proyectada con inteligencia artificial asumiendo 1000 bombardeos iniciales coordinados y exitosos, pero sin contemplar el recurso a la estrategia asimétrica en torno al Estrecho de Ormuz por parte de Teherán. Segundo, es una guerra económica. La utilización de sanciones, bloqueos y embargos para afectar la base material del adversario es un recurso habitual de los poderosos. En este caso, y dada la situación tan particular de estar en una zona rica en hidrocarburos, con refinerías para transformar el crudo en productos aprovechables y disponer en la cercanía de un estrecho tan clave para el transporte de petróleo y fertilizantes, entre otros, Irán la contra-parte débil recurrió a ese tipo de guerra, con efectos notables a nivel global. Tercero, es una guerra ilegal. Los tres actores centrales han violentado un conjunto amplio de normas ligadas a la legalidad internacional. Todo comenzó con el hecho de que Estados Unidos e Israel ni se molestaron en justificar su bombardeo inicial. No había ni evidencia ni inminencia de un ataque iraní contra uno u otro. Si Tel Aviv arrastró a Washington es porque Estados Unidos quería entrar en guerra. La acción militar se debió, en buena medida, a la vulnerabilidad de Teherán. Vulnerabilidad que obedece a los múltiples golpes asestados contra el denominado arco chiita en los últimos años, por la pérdida de legitimidad del régimen y, en términos militares-materiales, por la guerra de junio de 2025. La retaliación de Irán contra los países del Golfo no encuentra excusa por lo indiscriminado del uso de la legítima defensa. A su vez, el secretario de Guerra, Pete Hegseth promovió el abandono de las estúpidas reglas de enfrentamiento que hacen al derecho internacional humanitario. Otra dimensión es la referente a la Convención sobre el Derecho del Mar y su vulneración por parte de Irán. En breve, esta guerra refleja algo más que el deterioro de la legalidad internacional: vivimos el eclipse evidente, sino la agonía, del llamado orden basado en reglas. Cuarto, el fin de esta guerra es turbador pues, día a día, se acentúa la llamada trampa de credibilidad: la expectativa de una victoria pronta pero no realizada lleva a la perplejidad; lo que se incrementa por la respuesta pertinaz del adversario. Y, como ese escenario puede reflejar debilidad del atacante, éste opta por potenciar la guerra y eludir un acuerdo temporal. Ignorando la historia, la geografía, la diplomacia y el derecho, Estados Unidos podría ingresar a otra guerra perpetua o cruzar un umbral bélico de imprevisibles consecuencias e Israel podría redefinir su habitual estrategia de mantener a raya al adversario mediante ataques recurrentes. Sobre la firma Newsletter Clarín

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