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» La Nacion
Fecha: 05/04/2026 16:21
Clima de nervios en el gobierno brasileño ante el desgaste de Lula y el ascenso de Flavio Bolsonaro El hijo del expresidente pasó a liderar las encuestas de una eventual segunda vuelta; pases de factura en el gabinete por la falta de iniciativa - 6 minutos de lectura' BRASILIA. El aire acondicionado del cuarto piso del Palacio presidencial del Planalto nunca parece suficiente cuando la política brasileña entra en ebullición. La última reunión ministerial del martes pasado, que en los manuales debía servir como una elegante despedida del presidente Luiz Inacio Lula da Silva a los 14 ministros que dejaban sus cargos para sumergirse en la campaña electoral de octubre, se transformó en una sesión de reproches cruzados. Lula no oculta su fastidio ante un escenario imprevisto hasta hace poco tiempo atrás. A seis meses de los comicios presidenciales, la catarsis presidencial tiene un motor muy concreto: el nerviosismo que respira el oficialismo ante la última tanda de sondeos. Lo que semanas atrás se trataba como una anomalía estadística, hoy es una tendencia que quema los manuales del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula. Según un sondeo del instituto Paraná Pesquisas publicado a principios de la última semana, el hijo del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022), el senador Flavio Bolsonaro, no solo ha consolidado su base electoral, sino que ya aventaja a Lula en una eventual segunda vuelta presidencial: 45,2% frente a un 44,1%. Es un empate técnico, también reportado por otras consultoras, que pone al hijo del exmandatario como un contendiente cada vez más competitivo y capaz de capturar el desgaste del presidente brasileño, quien disputará este año su séptima elección presidencial, desde aquella primera en 1989. Para Creomar de Souza, fundador de la consultora Dharma Politics en Brasilia, la situación para el gobierno es mucho más compleja de lo que cualquier predictor de escenarios podría haber identificado. De Souza define el momento actual como una convergencia de factores negativos. Estamos ante lo que puede llamarse una tormenta perfecta, explica el analista. Según su diagnóstico, el gobierno ha dejado de lidiar con crisis específicas para enfrentarse a un cambio de naturaleza en su gestión: el Planalto ha perdido la capacidad de ser proactivo y se ha vuelto un actor meramente reactivo ante las variables de riesgo. Este pasaje de la iniciativa a la reacción quedó expuesto en el pase de facturas en la que se convirtió la reunión de gabinete de esta semana. El jefe de la Casa Civil, Rui Costa, apuntó sus cañones directamente contra el ministro de la Secretaría de Comunicación Social, Sidônio Palmeira, reprochándole que la ciudadanía desconoce las conquistas del gobierno brasileño. Mi duda, Sidônio, es si el pueblo sabe de eso, disparó Costa, según reportes de la prensa brasileña, visiblemente alarmado por datos que indican que más del 40% de los electores se informa exclusivamente a través de grupos de WhatsApp. Sin embargo, desde el Insper de San Pablo, el analista Leandro Consentino sugiere que el problema es más de fondo. Falta el contenido de lo que se quiere comunicar, poco ayuda una buena estrategia de marketing cuando no hay marcas importantes firmadas en el gobierno", afirma a LA NACION Consentino. Para el politólogo, el desgaste es también biológico y simbólico: un Lula de 80 años cuya notable capacidad de comunicación ya no logra seducir a una sociedad que percibe una gestión cansada. Lula apunta a un alivio en el bolsillo de los brasileños para frenar el avance de Flavio Bolsonaro. El palacio del Planalto prepara lo que la prensa local tilda de un paquete de bondades. El foco está puesto en el endeudamiento de las familias, un tema que Lula ha vuelto a poner en el centro de su agenda ante el dato revelador de que el 80% de los hogares reporta algún tipo de deudas y que en enero casi el 30% de la renta de los brasileños estaba comprometida a esos pagos, récord histórico reportado por el Banco Central de Brasil. La meta es potenciar el programa Desenrola para alcanzar una mega-renegociación que permita a casi 73 millones de ciudadanos salir de las listas negras del crédito. A esto se suma una contraofensiva publicitaria para capitalizar proyectos como el fin de la escala de trabajo 6x1 y la exención del impuesto a la renta para quienes ganan hasta 5000 reales -cerca de 970 dólares-. Pero Consentino advierte: La población ya ha percibido que paquetes como estos a menudo resultan en una bomba fiscal para los años siguientes. Para Consentino, el riesgo es que el Planalto esté comprando una mejora en los sondeos a costa de un desequilibrio en las cuentas públicas que estallará apenas comience el próximo período presidencial en 2027. El analista señala que poco más de la mitad de los brasileños cree que Lula no merece la reelección, de acuerdo con sondeos, porque la realidad de la heladera es más fuerte que cualquier narrativa oficial. Sabiendo que el descontento también se alimenta de la inseguridad, Lula ha decidido también, en otro plano, disputar el terreno de la mano dura, históricamente propiedad de la derecha. El presidente defiende ahora una propuesta de enmienda constitucional de Seguridad para federalizar el combate al crimen organizado. Estamos en una guerra y no podemos esperar, sentenció Lula el jueves, en un discurso que busca conectar con el votante periférico. Sin embargo, los nubarrones no solo vienen de la oposición. El escándalo de fraude del Banco Master, con un agujero percibido por la opinión pública como vinculado a aliados del poder, amenaza con convertirse en el nuevo estigma ético de la gestión. El desfalco, estimado en unos 50.000 millones de reales -unos 9800 millones de dólares-, resuena en las encuestas como un eco de las viejas causas de corrupción que el PT creía haber dejado atrás, dinamitando la bandera ética que Lula intentó restaurar. Al mismo tiempo, Lula intenta blindar su popularidad frente a la inflación culpando a factores externos, como la guerra entre Estados Unidos e Irán. Estamos haciendo lo posible para que la guerra irresponsable de Irán no llegue al pueblo, el precio del gas no va a subir, prometió recientemente, intentando contener el malhumor social provocado por el precio de los combustibles. Para Lula, 2026 trae un presente asfixiante. Como advierte de Souza, el desafío del Planalto es dejar de ser un espectador reactivo de su propio desgaste. La pregunta en Brasilia ya no es qué leyes o programas novedosos se aprobarán, sino si el modelo Lula tiene todavía la fuerza suficiente para convencer a un país que puede estar buscando, de nuevo, un cambio de piel. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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