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Concordia » Lanotadigital
Fecha: 05/04/2026 11:12
Entrevista al profesor Castro sobre la polémica en torno a las cifras del INDEC anarco-capitalista. La reciente difusión de datos del INDEC que indican una baja de la pobreza en Argentina reabrió el debate público. Mientras el gobierno de los hermanos Milei celebra una reducción del índice, desde el Observatorio de la Deuda Social de la UCA advierten que esa mejora podría ser en parte una ficción metodológica. Para profundizar en esta discusión, dialogamos nuevamente con el profesor Castro. LNd El gobierno de los hermanos MIlei destaca que la pobreza bajó a uno de los niveles más bajos en años. ¿Qué lectura hacés de ese dato? F. Castro Es cierto que hay una baja en términos «formales». Los datos oficiales muestran una reducción respecto de momentos críticos recientes. Pero eso no necesariamente significa que las condiciones de vida hayan mejorado en esa proporción. Desde la Universidad Católica UCA hablan de una ficción metodológica. ¿A qué se refieren? A limitaciones en la forma de medir la pobreza. Por ejemplo, se utilizan canastas de consumo basadas en patrones de gasto de hace casi veinte años. Eso genera distorsiones, porque hoy los hogares destinan mucho más dinero a servicios como luz, gas, transporte o internet. ¿Eso implica que están mal los datos? ¿Qué te parece? No necesariamente mal, pero sí incompletos, engañosos o deformes. La propia UCA aclara que no se trata de «manipulación», sino de herramientas que quedaron desactualizadas. El problema es que esa medición puede mostrar mejoras que no se reflejan en la vida cotidiana. ¿Se percibe esa diferencia en la calle? Claramente. Hay una brecha entre lo que dicen las estadísticas y lo que siente la gente. Muchos hogares no experimentan una mayor capacidad de consumo: al contrario, ajustan gastos, reducen alimentos básicos y destinan más ingresos a pagar servicios (internet, transporte, gas, luz, etc). Entonces, ¿por qué baja la pobreza en los números? Porque aumentaron ciertos ingresos y porque mejoró la medición de esos ingresos. Pero al compararlos con una canasta desactualizada, el resultado puede ser una caída extraordinaria de la pobreza sin que haya un cambio real equivalente en el bienestar cotidiano. ¿Hay algún aspecto donde sí se vea una mejora real? Algunos especialistas señalan que la baja de la indigencia podría ser más consistente con la realidad, sobre todo por la desaceleración en el precio de los alimentos. Pero eso no alcanza para hablar de una mejora estructural. ¿Cuál es el principal desafío hacia adelante? Revisar cómo medimos la pobreza y, sobre todo, mejorar las condiciones reales de vida. Sin cambios en el empleo, los ingresos y el acceso a servicios, cualquier mejora estadística corre el riesgo de ser sólo un alivio en los papeles. En medio de la disputa por los números, la pobreza vuelve a mostrar su dimensión más compleja: no sólo como indicador económico, sino como experiencia cultural y cotidiana más amplia que difícilmente pueda resumirse en un papel. imagen. IA
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