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  • Criar con amor y paciencia: la historia de Mariela y su hijo con autismo

    Gualeguay » Debate Pregon

    Fecha: 05/04/2026 10:31

    Criar con amor y paciencia: la historia de Mariela y su hijo con autismo Mariela Romero comparte su experiencia como madre de un niño con autismo, describiendo la rutina diaria, los desafíos educativos y sensoriales, y las estrategias que utiliza para acompañar su desarrollo, mientras la asociación ALAS trabaja por terapias accesibles y espacios de apoyo para familias. Una mañana con desafíos y organización Cada día para Mariela comienza temprano, con un ritual que combina amor, paciencia y planificación. Su hijo, diagnosticado con autismo de nivel 1, necesita una rutina estricta para organizar su día y procesar mejor la información que recibe. Nos levantamos con tiempo y debo recordarle constantemente cosas que para otros niños serían automáticas, como lavarse los dientes o la cara. No es porque sea olvidadizo; simplemente tiene déficit de atención y se concentra en sus intereses, explica Mariela con una mezcla de serenidad y emoción. Los intereses restringidos de su hijo dinosaurios, superhéroes, cómics se convierten en herramientas para conectarse con él y fomentar su aprendizaje. Mariela aprende a ir por ese camino, adaptándose a sus motivaciones y respetando su forma de procesar el mundo. La escuela y los desafíos educativos El ámbito escolar es uno de los espacios donde Mariela observa tanto fortalezas como dificultades. Su hijo se destaca en materias que le interesan, como lengua, ciencias naturales y sociales, donde aprende sin necesidad de estudiar demasiado. Sin embargo, enfrenta desafíos en matemáticas y otras áreas, donde requiere apoyo adicional. Tiene su maestra de apoyo y clases particulares para ciertas tareas. A veces me dice que ya sabe todo, y le digo: Está bien, pero vamos a leer un poquito. Lo importante es no forzarlo, sino acompañarlo, señala Mariela. El respeto por los tiempos de aprendizaje del niño es central para ella. Cada avance, aunque lento, se celebra como un logro. Aprender a leer tomó más tiempo que para otros niños, pero Mariela decidió no presionarlo y permitir que lo hiciera a su propio ritmo. Las barreras sensoriales y la alimentación Uno de los aspectos más complejos del autismo son las cuestiones sensoriales. Mariela cuenta cómo su hijo tiene selectividad alimentaria y reacciona de manera distinta a los sabores, texturas, olores y colores de los alimentos. Hay cosas que no puede ni tocar, como frutas o verduras que no cumplen con su estándar sensorial. Por ejemplo, una banana un poco negra o demasiado dura no la come; la manzana verde sí, pero la roja no. Todo esto se trabaja con la terapia ocupacional y con mucha paciencia, explica. Este cuidado requiere observación constante y adaptaciones en la vida cotidiana, algo que Mariela asume como parte de su rutina diaria. Cada comida se convierte en una oportunidad de aprendizaje y ajuste, para respetar los límites del niño y favorecer su desarrollo. Paciencia y enfoque en los intereses del niño Mariela enfatiza que la paciencia es la herramienta más valiosa que un padre puede desarrollar. Con el tiempo uno aprende a tener más paciencia. No se trata de imponer, sino de acompañar y respetar los tiempos de cada niño. Hay que enfocarse en sus intereses, en lo que le gusta, y así se logra más conexión y aprendizaje, afirma. El aprendizaje social también presenta retos. Su hijo es muy sociable, pero su hiperactividad verbal puede dificultar la interacción con otros niños que no comparten sus intereses. Por ello, busca amistades que comprendan y compartan sus pasiones, logrando un equilibrio entre socialización y comodidad emocional. La labor de ALAS: terapias accesibles y comunidad de apoyo Desde 2018, Mariela forma parte de la asociación ALAS, creada por padres y madres con hijos con autismo. La organización trabaja por construir consultorios y un aula sensorial que permita terapias accesibles a quienes, de otra manera, no podrían recibirlas. Tenemos un local que está en constante refacción porque estaba abandonado. Nuestro objetivo es construir consultorios y un aula sensorial donde los chicos puedan recibir terapias de manera accesible y cercana. Buscamos apoyarnos y acompañarnos entre familias, explica Mariela. ALAS no solo brinda apoyo en terapias, sino que también es un espacio de contención y comunidad. Permite a las familias compartir experiencias, aprender de otros padres y acceder a herramientas y recursos que faciliten la crianza de un niño con autismo. Estrategias para la vida cotidiana El día a día implica una combinación de trabajo, cuidado y adaptación. Mariela trabaja desde su casa para poder acompañar a su hijo a terapias, escuela y actividades extracurriculares. Es complicado a veces, porque hay padres que necesitan cuidadores 24 horas. Yo tengo la ventaja de poder organizar mi horario, aunque económicamente sea un desafío. Pero me permite estar presente en su rutina y en sus terapias, dice. La clave, según Mariela, es aceptar que cada niño tiene su propio ritmo y respetarlo. Aprender a ser flexible, observar y acompañar sin presionar es lo que marca la diferencia en su desarrollo. Mensaje a otros padres Mariela ofrece consejos que emergen de la experiencia, más allá de la teoría: paciencia, respeto por los tiempos y atención a los intereses del niño. Cada niño con autismo tiene su manera de aprender. Lo importante es acompañarlos, no obligarlos, y celebrar cada pequeño avance. Eso es lo que más vale, concluye. Su historia refleja no solo los desafíos de la maternidad con un hijo con autismo, sino también la fuerza del amor, la resiliencia y la importancia de la comunidad. A través de su relato, Mariela Romero transmite esperanza, comprensión y un mensaje claro: cada paso, por pequeño que sea, es un triunfo compartido.

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