Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • Mensaje y bendición urbi et orbi del Papa León XIV: ¡Quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz!

    Parana » Al Dia ER

    Fecha: 05/04/2026 09:29

    En su tradicional mensaje y bendición urbi et orbi, durante su primera Pascua en el Vaticano, el Papa no se refirió directamente a la guerra en Medio Oriente, pero convocó a una vigilia por la paz para el sábado próximo. Además, saludó en diez idiomas. ¡Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz! No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo. ¡No podemos seguir siendo indiferentes! No podemos resignarnos al mal!. En su primer domingo de Pascua el papa León XIV, que lanzó este domingo un nuevo fuerte llamado a la paz y marcó diferencia con sus antecesores porque en su mensaje pascual desde el balcón central de la basílica de San Pedro no hizo un repaso de la situación geopolítica de un mundo en llamas ni mencionó a los diversos países inmersos en situaciones complejas. Imponiendo un sello propio y citando a su predecesor, Francisco -que recordó que apareció por última vez con vida en la Pascua pasada y que denunció la globalización de la indiferencia-, como vino haciendo en una Semana Santa marcada a fuego por una guerra lanzada por Israel y Estados Unidos -su país de nacimiento- contra Irán, que está trastornando al planeta, volvió a urgir al diálogo y a la concordia en un mundo desangrando por terribles conflictos. La paz que Jesús nos entrega no es aquella que se limita a silenciar las armas, sino la que toca y transforma los corazones de cada uno. ¡Convirtámonos a esa paz de Cristo! ¡Hagamos oír el grito de paz que brota del corazón!, pidió, ante las 50.000 personas que llenaban la plaza de San Pedro. Y sorprendió a todos al convocar a los católicos a una vigilia de oración por la paz que celebrará en la Basílica de San Pedro el próximo sábado, 11 de abril. En la misa solemne que concelebró por la mañana junto a cardenales, obispos y sacerdotes ante miles de personas en una jornada soleada y en una plaza como siempre decorada por bellísimas flores donadas por Holanda, León XIV explicó el significado de la Pascua de Resurrección: un mensaje de esperanza difícil de comprender, porque si bien la muerte es vencida por el amor de Cristo, la muerte siempre acecha, reconoció en su sermón. La vemos en la violencia, en las heridas del mundo, en el grito de dolor que se eleva por todas partes a causa de los abusos que aplastan a los más débiles, ante la idolatría del lucro que saquea los recursos de la tierra, ante la violencia de la guerra que mata y destruye, advirtió. En esta realidad, la Pascua del Señor nos invita a levantar la mirada y a ensanchar el corazón, siguió. Acto seguido, recordó palabras del papa Francisco en su primera exhortación apostólica Evangelii gaudium (La alegría del Evangelio). Es verdad que muchas veces parece que Dios no existiera: vemos injusticias, maldades, indiferencias y crueldades que no ceden. Pero también es cierto que en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce un fruto,citó. Que Cristo, nuestra Pascua, nos bendiga y conceda la paz al mundo entero, imploró. Al mediodía de Roma, cuando el sol ya pegaba más fuerte y apareció en el balcón central de la Basílica de San Pedro para el mensaje pascual y la bendición urbi et orbi, a la ciudad y al mundo, León XIV insistió con este concepto. Despegándose de una tradición comenzada hace más de medio siglo con Pablo VI -que continuaron Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco-, no mencionó zonas de conflicto ni países, pero aludió a un mundo marcado por guerras e injusticias en todos los continentes. Con una devastadora guerra en Ucrania desde hace más de cuatro años y con Medio Oriente en llamas por la guerra contra Irán lanzada por Estados Unidos e Israel desde hace un mes y una semana, envió, así, un claro mensaje a los responsables políticos de estos desastres. Entonces, tras reiterar que la Pascua es una victoria de la vida sobre la muerte, de la luz sobre las tinieblas, del amor sobre el odio, recordó que la fuerza con la que Cristo resucitó no es violenta. A la luz de la Pascua, ¡dejémonos sorprender por Cristo! ¡Dejemos que su inmenso amor por nosotros nos transforme el corazón! ¡Que quienes tienen armas en sus manos las abandonen! ¡Que quienes tienen el poder de desatar guerras, elijan la paz! No una paz impuesta por la fuerza, sino mediante el diálogo. No con la voluntad de dominar al otro, sino de encontrarlo, exhortó. Nos estamos acostumbrando a la violencia, nos resignamos a ella y nos volvemos indiferentes. Indiferentes ante la muerte de miles de personas. Indiferentes ante las secuelas de odio y división que siembran los conflictos. Indiferentes ante las consecuencias económicas y sociales que estos desencadenan y que, sin embargo, todos percibimos, lamentó. Existe una globalización de la indiferencia cada vez más marcada, por retomar una expresión muy querida por el papa Francisco, quien hace justo un año, desde esta logia, dirigió al mundo sus últimas palabras, recordándonos: Cuánta voluntad de muerte vemos cada día en los numerosos conflictos que afectan a diferentes partes del mundo, citó. Y continuó: La cruz de Cristo nos recuerda siempre el sufrimiento y el dolor que rodean a la muerte, así como la angustia que esta conlleva. Todos tenemos miedo a la muerte y, por miedo, volteamos hacia otro lado, preferimos no mirar. ¡No podemos seguir siendo indiferentes! ¡No podemos resignarnos al mal!, sentenció. Y recordó a San Agustín, que solía enseñar: «Si el morir te causa espanto, ama la resurrección». Amemos también nosotros la resurrección, que nos recuerda que el mal no tiene la última palabra, porque ha sido vencido por el Resucitado, clamó. Luego de sorprender convocando a una vigilia de oración por la paz para el próximo sábado, León XIV concluyó con otro pedido: En este día de fiesta, dejemos a un lado toda voluntad de disputa, de dominio y de poder, e imploremos al Señor que conceda su paz al mundo asolado por las guerras y marcado por el odio y la indiferencia, que nos hacen sentir impotentes ante el mal. Al Señor encomendamos todos los corazones que sufren y esperan la verdadera paz que sólo Él puede dar. ¡Confiemos en Él y abrámosle nuestro corazón! Sólo Él hace nuevas todas las cosas. ¡Felices pascuas!, exclamó. Luego, retomando una tradición interrumpida por Francisco, que sólo deseaba Feliz Pascua en italiano, como solían hacer sus predecesores -Benedicto XVI y san Juan Pablo II-, en medio del júbilo de la multitud presente, León XIV saludó en diez idiomas: italiano, francés, inglés, alemán, español, portugués, polaco, árabe, chino y latín; impartió luego la bendición urbi et orbi, a la ciudad y al mundo.

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por