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» TN
Fecha: 05/04/2026 07:20
Tiene 18 años, una discapacidad intelectual y ya lo llaman el Messi de la equitación. Ignacio Nacho Gómez Pereyra pasó de la equinoterapia al alto rendimiento, ganó medallas y hoy se prepara para competir en el Torneo Nacional de Olimpíadas Especiales. Su historia con los caballos empezó hace más de diez años, pero el punto de inflexión llegó después de la pandemia. Fue entonces cuando comenzó a entrenar en la pista de equinoterapia del Club Hipocampo, en la Ciudad de Buenos Aires, y su evolución no tardó en llamar la atención. Leé también: Benjamín tiene 25 años, la voz de una mujer y un sueño enorme: Si Dios me dio este don, es por algo Su desempeño hizo que lo convocaran para competir en equitación adaptada dentro de Olimpíadas Especiales Argentina. Desde entonces, se destacó en pruebas de adiestramiento y salto, donde ya obtuvo medallas de oro en su categoría. Hoy monta con la seguridad de quien entiende el lenguaje silencioso de los caballos. Ese vínculo, construido con paciencia y sensibilidad. De la terapia al deporte El recorrido de Nacho puede dividirse en dos etapas claras: la infancia, atravesada por la equinoterapia, y la adolescencia, marcada por el salto a la competencia. Empecé a hacer equitación en 2022, justo después de la pandemia. Lo sentí como una oportunidad. Quería probar y, cuando empecé, le puse mucha voluntad, cuenta en diálogo con TN. Su entrenadora, María Fernanda, recuerda con claridad ese proceso: Nacho llegó con un encuadre terapéutico, pero vimos que empezaba a desarrollar habilidades ecuestres y que había un potencial deportivo. Entonces dejamos de pensar solo en la pista cuidada y empezamos a proyectarlo dentro de una práctica convencional. El cambio implicó desafíos técnicos y emocionales. Empecé a crecer, a sentirme diferente, también con los caballos, dice Nacho, con la simpleza de quien reconoce su propio proceso. Aprender a adaptarse Una de las particularidades de la equitación adaptada tal como lo estipula el reglamento de Olimpíadas Especiales es que los atletas no compiten con sus propios caballos, o con aquellos caballos que lo hacen habitualmente. En los torneos, la organización suele brindar el animal, y el jinete tiene apenas unos minutos para conocerlo. Esto presupone una condición de igualdad para todos los jinetes, pero representa un desafío extra que Nacho ha sabido sortear con éxito. Lo más difícil en la pista es cuando comenzás a conocer al caballo. Al principio es difícil guiarlo, confiesa. Me pone un poco ansioso, nervioso, me genera un poquito de temor. Pero una vez que lo supero me siento más seguro y tengo más confianza en mí mismo, asegura. Para entrenar esa capacidad, cambia de caballo con frecuencia. Así fue desarrollando una sensibilidad especial para interpretar el temperamento de cada uno. A eso se suma otro desafío: compartir la pista con otros jinetes. En los entrenamientos hay muchos obstáculos, no solo los saltos. También están los otros participantes. Tiene que aprender a convivir en la pista con más personas, explica su entrenadora. Leé también: Tiene 13 años, sufrió bullying y tuvo una idea con la que logró recaudar miles de dólares en solo seis meses Cuando pensamos en la equinoterapia, tratamos de buscar un compañero, un caballo con el que se genere un vínculo de confianza, con esos propósitos que nos ponemos. Cuando Nacho empieza a separarse un poco de eso, deja atrás la instancia terapéutica para incluir el deporte obviamente siempre por decisión de él empezamos a buscar caballos que potencien sus habilidades ecuestres, agrega. En ese proceso, Nacho recuerda muy especialmente a Obero, al que montó durante casi un año y que fue clave a la hora de generar este vínculo tan especial con los caballos. Gracias a eso lo apodaron el Messi de la equitación por los logros obtenidos en la pista, los mismos que llevarán su caso como modelo a la próxima Cumbre Latinoamericana de Equinoterapia, que se realizará en el marco de la Expo Nuestros Caballos 2026 que se celebrará a fines de marzo en La Rural. Competir de igual a igual Actualmente, Ignacio compite en dos disciplinas: adiestramiento y salto. Y aunque el adiestramiento es su fuerte en las Olimpíadas Especiales, en el salto ha logrado romper todas las barreras de la inclusión. El año pasado participó en un campeonato interno de una escuela de equitación en Palermo, donde compitió contra más de 40 jinetes en una prueba convencional y terminó en el tercer puesto. A lo largo de su carrera ya suma más de 20 competencias, pero hay una que recuerda especialmente: las Olimpíadas Especiales disputadas en San Luis, donde obtuvo una medalla de oro, una de bronce y el primer puesto en adiestramiento. Nacho no llegó solo. Detrás de cada logro y cada trofeo hay una red de apoyo en la que sus padres, Claudio y Mariela, son fundamentales. Actualmente, Ignacio, combina sus entrenamientos de los sábados con la cursada de cuarto año del colegio secundario. Sus compañeros y profesores siguen de cerca sus logros. Se enteran y les cuento también, dice Nacho, tras confesarse fanático de San Lorenzo, al punto tal de haber vestido a su caballo con los colores del Ciclón. Lo que viene: el Mundial y el sueño de ser médico El próximo gran desafío será el Torneo Nacional de Olimpíadas Especiales, que se disputará a fines de abril en el Hípico de San Isidro. Allí buscará la clasificación para el Mundial de Chile 2027. Leé también: Clarita no quiso volver del pampo, se empacó y se convirtió en la mini fan más tierna del agro argentino Pero sus sueños no terminan en la competencia. Me gustaría enseñar equitación y hacer el curso de auxiliar de la Federación Ecuestre Argentina, cuenta. Su idea es seguir vinculado al deporte, también desde la enseñanza. Y así, paso a paso, Nacho va moldeando su propio destino. De la equinoterapia al sueño olímpico, el Messi de la equitación demuestra que, con voluntad y el compañero adecuado, no hay obstáculo que no se pueda saltar.
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