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La Plata » El dia La Plata
Fecha: 05/04/2026 06:14
Mientras la tecnología avanza, albañiles, plomeros y electricistas, entre otros, hallan en sus saberes un refugio ante la incertidumbre En tiempos en que la incertidumbre laboral crece al ritmo de la tecnología con la inteligencia artificial ganando terreno en múltiples rubros y las peripecias económicas de un país casi siempre turbulento, hay un universo que resiste con pocas alteraciones: el de los oficios tradicionales. Albañiles, carpinteros, electricistas, gasistas y plomeros, entre otros, siguen encontrando en sus saberes manuales una salida concreta, a veces precaria, a veces próspera, pero siempre presente. En medio de la crisis, lejos del glamour digital y los robots del porvenir, aparece la certeza de que el oficio, practicado con solvencia y honestidad, puede no hacer rico, pero rara vez deja sin comer. El futuro, en ese sentido, parece conservar un ancla en el pasado. En ese escenario, la pregunta se impone en los ámbitos laborales y entre quienes crean y demandan empleo: ¿por qué a veces cuesta conseguir a quienes reparan y resuelven problemas cotidianos? ¿Qué pasa con el recambio generacional en los oficios? ¿Hay menos predisposición a aprender desde abajo, a sostener rutinas exigentes, a bancarse procesos largos de formación? En los avisos de búsqueda de trabajadores es habitual hallar la salvedad preferentemente egresados de escuela de oficios. Sin embargo, ese interés creciente por el personal capacitado no siempre llega a buen puerto. Institutos privados que enseñan oficios y carreras cortas en la ciudad reconocen un aumento en las consultas, aunque advierten que sus matrículas no crecen al mismo ritmo, en gran parte, según señalan, por las dificultades económicas. Del otro lado, los trabajadores del sector describen un panorama fragmentado: menos obras grandes, más changas, ingresos irregulares... pero persistentes. En ese terreno inestable, el oficio aparece como refugio. No garantiza prosperidad, pero sí una posibilidad concreta de subsistencia. Hay laburo, ¿verdad? Pero sobre todo, del chico, resume sin rodeos Antonio Benítez, albañil experimentado que desde hace años se gana la vida en la región trabajando por su cuenta o con algún ayudante, casi siempre familiar. Su diagnóstico es claro: Hace como dos, tres años, tenía trabajos grandes. Ahora es todo changuita: arreglo de cosas, baños, cañerías no hay mucho laburo grande, es todo para ir zafando. La palabra zafar aparece una y otra vez en su relato, como una síntesis de la economía cotidiana. Laburo hay, pero para salvar el pan del día, no es que agarrás una obra grande. Es para pagar la luz, el agua, las cuentas eso es lo que hay ahora, explica. En su experiencia, el quiebre fue claro: Hace como tres años que no tengo laburo grande. Antes trabajaba con arquitectos, ahora es todo recomendado, boca en boca, y mano a mano. Benítez también marca otro cambio que atraviesa al sector: la dificultad para conseguir ayudantes. Es difícil. Todos quieren ser oficiales y no saben nada. Cuesta enseñar y muchos no quieren laburar. Los pibes de ahora no quieren dedicarse a pleno al oficio, dice. En ese punto, su realidad refleja una tensión más amplia: mientras el trabajo manual sigue siendo indispensable, cada vez menos jóvenes parecen dispuestos a aprenderlo desde abajo. Sin embargo, incluso en ese contexto adverso, insiste: Igual zafamos. En el otro extremo aparece Ricardo, plomero y gasista con décadas de experiencia, que vive una situación inversa: exceso de demanda y falta de mano de obra. Capaz no soy el más indicado para hablar, porque tengo demasiado trabajo, arranca, antes de aclarar: Laburo hay, sí, pero no doy abasto. Me llaman todos los días, a cualquier hora, y tenés que ir, porque si no, el cliente se busca a otro. Esto es así. Pero ese volumen de trabajo también tiene su contracara. No tengo ayudante. Y no es porque no quiera tomar a alguien, es porque no aparecen. O aparecen y no duran nada, explica. Y apunta directo a un cambio generacional: Hoy muchos pibes no quieren aprender. Todos quieren ser youtubers, influencers, vivir de algo fácil. Es la ley del menor esfuerzo. Para Ricardo, el oficio no se improvisa. Esto no es mirar un video y salir a arreglar un calefón. Acá si te equivocás, podés hacer un desastre. Hay que ensuciarse, equivocarse con alguien que te enseñe. Pero eso hoy cuesta. Aun así, su conclusión es contundente: No te hacés rico, pero trabajo no te falta. Si sabés lo que hacés, dejás una buena impresión y siempre algo va a aparecer. Una mirada similar aporta Alfredo Gorman, electricista y colocador de durlock, quien pone el acento en la disciplina como valor central. Esto no es sólo saber hacer una instalación, poner unos tomas, o levantar una pared o un tabique. Tenés que tener cabeza, responsabilidad, plantea. Y detalla: Hay que levantarse temprano, en verano, en invierno, con frío, con calor. Cumplir horarios, ir igual aunque no tengas ganas. Eso hoy cuesta mucho. Además del saber técnico, subraya la dimensión humana del trabajo. También tenés que saber tratar con la gente. El cliente te pide cosas, cambia de idea, a veces no entiende los tiempos. Tenés que tener paciencia, saber explicarle, no engancharte. Todo eso es parte del laburo, señala. Gorman trabaja con un ayudante el hijo de un amigo, pero aun así reconoce las dificultades: Es el hijo adolescente de un amigo, entonces hay otra relación, pero igual hay que enseñarle todo. Desde lo básico hasta cómo manejarse en una obra, cómo hablar, cómo respetar un horario. Y remata: No es fácil conseguir un ayudante joven que entienda eso. Para él, la clave es la constancia: Esto no es mágico. Tenés que tener constancia. Si no hay disciplina, no sirve. Como sus colegas, coincide en el diagnóstico general: Siempre aparece algo: una instalación, una reforma, un cielorraso. El que sabe trabajar, y se mueve por derecha y sin arrancarle la cabeza al cliente, laburo encuentra. En paralelo a estos testimonios, la oferta de capacitación crece y se diversifica. Por un lado, la Escuela de Oficios de la Universidad Nacional de La Plata se presenta como una herramienta de capacitación inclusiva e innovadora para los interesados en aprender y perfeccionarse en oficios que cuentan con rápida salida laboral. La propuesta incluye trece cursos con modalidad bimodal: clases presenciales en el edificio de 60 y 130, en Berisso y virtuales, con acceso desde cualquier punto del país. No se requieren conocimientos previos y el esquema se completa con actividades prácticas en entornos digitales. El crecimiento es marcado: la Escuela Universitaria de Oficios registró, a fines de 2025, 25.335 inscriptos, un 85 por ciento más que en el ciclo anterior. En el cierre del año pasado egresaron 1.873 estudiantes en áreas como refrigeración, soldadura, electricidad, instalaciones sanitarias y de gas, carpintería, cocina y diseño textil, entre otras. El oficio aparece como refugio, y garantizando una chance concreta de subsistencia Este tipo de iniciativas cuenta con el apoyo de entidades como la Fundación Florencio Pérez, que desde 2011 financia cursos con salida laboral inmediata y articula con clubes de barrio para acercar la capacitación a distintos puntos de la región. Más de 150 cursos han sido financiados desde entonces, con casi 2.500 egresados en rubros como herrería, refrigeración, electricidad y reparación de equipos de aire acondicionado. En ese esquema, los clubes facilitan sus instalaciones y los docentes de la Escuela de Oficios universitaria dictan las clases, al tiempo que la certificación queda a cargo de la propia casa de altos estudios. En paralelo, la oferta regional se complementa con los Centros de Formación Profesional (CFP) y los Centros de Formación Laboral (CFL), que dependen del Instituto Provincial de Formación Laboral del Ministerio de Trabajo bonaerense. Estos espacios funcionan mediante convenios con sindicatos, municipios, cámaras empresariales, organismos públicos y nucleamientos de la sociedad civil, lo que amplía el alcance territorial de la capacitación. El listado oficial da cuenta de al menos siete CFP y tres CFL en el Gran La Plata, con una oferta que se cuenta por decenas y abarca distintos niveles y especialidades, desde albañilería y construcción hasta administración de pymes. Se trata de propuestas gratuitas que buscan responder a la demanda concreta del mercado laboral. El oficio en obra, de la albañilería tradicional a la construcción en seco, siempre es una fuente de ingresos La destreza para el Trabajo manual no pierde vigencia ni valor Diario El Día de La Plata, fundado el 2 de Marzo de 1884. © 2026 El Día SA - Todos los derechos reservados. Bienvenido Ante cualquier inconveniente durante el inicio de sesión, por favor escribanos a sistemas@eldia.com Bienvenido DATOS PERSONALES Ante cualquier inconveniente durante el inicio de sesión, por favor escribanos a sistemas@eldia.com ¿Querés recibir notificaciones de alertas?
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