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Fecha: 05/04/2026 06:00
Las costumbres de los países de Medio Oriente son muy distintas si las comparamos con las nuestras. Sin embargo, muchos de los que llegan sienten que la Argentina los adopta y deciden instalarse acá. Ese es un factor clave en la historia de Yousef Selim (23) que llegó con solo 20 años a un país que ni conocía. En sus vacaciones, le robaron parte de sus documentos, pero como su papá también egipcio ya vivía en la Argentina, tramitó su residencia y se quedó. Desde entonces pasó por muchos trabajos hasta poder invertir en su propio restaurante de shawarma en Capital Federal. Leé también: Es de Lanús, médica espacial, se postuló para ser astronauta de la NASA y sueña con viajar a la Luna Él no venía a establecerse, pero hubo algo que le encantó y se quedó. Jugar al fútbol para poder vivir Cuando Yousef vivía en Egipto, tenía que salir a trabajar porque su papá estaba lejos y su mamá no trabajaba. Si no conseguía plata, no podía mantenerse a él y a sus tres hermanos: Nos fue bastante mal, mi mamá no trabajaba porque antes las mujeres no estaban acostumbradas y nosotros somos cuatro hermanos. De repente no teníamos nada. Para poder subsistir, Yousef jugaba al fútbol en el club Wadi Degla de El Cairo: Cuando empecé a jugar a la pelota profesionalmente, gané muy bien. Cuando era chico, mi mamá me apoyaba mucho y llegué a jugar en un muy buen club, hoy en día su club está en la Liga Premier de Egipto. En el colegio no tenía un muy buen desempeño por la cantidad de tiempo que le dedicaba al deporte, pero él creía que hacía lo mejor por su familia. Todo cambió cuando a los 20 años sufrió una lesión grave jugando; eso lo llevó a suspender el fútbol por un tiempo. Entonces, vino a la Argentina de vacaciones y a visitar a su papá. Desde ese momento, nunca más se fue. Acostumbrarse a un país nuevo Cuando llegó a la Argentina, todo fue muy distinto, desde el idioma hasta la comida. Él no pensaba quedarse, pero como le habían robado los documentos, tuvo que adaptarse y, en el camino, se encariñó con el país: A pesar de esa situación, me quedé y empecé a trabajar. Tuve que aprender muchas cosas que no sabía. Más que nada el idioma, porque yo sabía inglés, pero la mayoría acá habla en español. Leé también: Benjamín tiene 25 años, la voz de una mujer y un sueño enorme: Si Dios me dio este don, es por algo Fue complicado derribar la barrera del idioma, pero no costó tanto, porque, a pesar de que los demás no hablaran árabe o inglés, la gente hacía lo posible para entenderlo y ayudarlo: No entendía porque son lenguajes muy distintos, no podía comprar, tomarme el colectivo, nada. Pero, más allá de ese problema, la gente me recibía muy bien. Aunque tuviera diferencias con la cultura del país en el que estaba, Yousef no se sintió atacado o discriminado: La gente acá es muy amable. Me gustó el ambiente y la buena onda de la gente. No me discriminaron, cuando no sabía hablar, la gente me ayudaba bastante. Eso no existe en otros países, por eso me quiero quedar, compartió. Mientras se terminaba de acostumbrar a la Argentina, empezó a tener sus primeras experiencias de trabajo hasta que abrió su propio restaurante. Abrió un local en ocho días Su primer trabajo fue en un local de shawarma; ahí aprendió y reforzó los conocimientos que tenía respecto al icónico plato de Medio Oriente, pero no se sentía listo para abrir algo propio, entonces reforzó con un segundo trabajo donde repartía pedidos. A pesar de la dedicación, no duró mucho: Un día me robaron la bici, entonces me quedé sin trabajo porque el de shawarma me quedaba lejos y no podía hacer más repartos. Más adelante, entró a una sucursal de comida rápida y pudo comprarse una moto para seguir haciendo pedidos. Sin embargo, él sentía que el esfuerzo que hacía era mayor al de sus compañeros de trabajo y, al final del mes, todos recibían la misma paga: En ese momento me compré una máquina de shawarma; en la semana hacía pedidos y los fines de semana iba a vender con mi puestito. Después llegó a trabajar en un local en Ramos. Tenía solo una plancheta y una máquina. Con las ganancias, Yousef de a poco fue comprando cosas para su local: Hornos, heladeras, hasta que terminó el contrato y decidió empezar con su propio emprendimiento en Almagro. Gracias a cursos de instalaciones que fue haciendo, abrió su restaurante Shawarma Heba en honor a su mamá en ocho días: Hice todo solo desde cero. Agua, luz, gas, la pintura, todo yo solo. Yousef cuenta con todas las habilitaciones y permisos otorgados. El sacrificio era enorme todos los días, con poco descanso, pero con mucho entusiasmo: Venía a las 7 de la mañana, me volvía a las 3 de la madrugada. Dormía tres o cuatro horas y volvía. Hoy en día, Yousef puede disfrutar de trabajar en su propio local. En los días buenos, Yousef llega a vender lo suficiente para cubrir los gastos alrededor de 100.000 pesos, pero el ingreso es variado: Algunos días supero los 100.000 y hago ganancia, pero en otros que no llego a los 60.000 pesos. Confiar en el proceso Hace tres años que no me tomo vacaciones, confesó. Si bien a Yousef le gustaría descansar unos días, él cree que tiene que confiar en el proceso para poder lograrlo. No me enfoco mucho en eso porque hay un dicho que dice que tenés que gozar lo que haces hasta que te gusta, entonces pienso así y me termina gustando. Sé que hay mucha gente a la que no le gusta porque se trabaja 12 horas todos los días de lunes a lunes y uno no llega a disfrutar esa plata. Yo sé que es un proceso y confío en eso, más adelante sé que me va a ir mejor y voy a tener más tiempo para mí. Entre las cosas que le gustaría hacer están entrenar y estudiar. Cree que todo ese esfuerzo invertido le traerá suerte y que los resultados aparecerán: Abrí hace cuatro semanas, pero la gente que ya probó la comida, volvió. Confío en que las cosas van a salir bien por acá. En el pequeño local, la rutina se repite entre panes que se tuestan, carne que gira en la máquina y clientes que entran con curiosidad. Muchos llegan por primera vez, preguntan qué lleva el shawarma y terminan volviendo. Entre pedidos y charlas cortas en español, todavía mezclado con inglés o árabe, Yousef se mueve con la naturalidad de alguien que aprendió a hacerse lugar a fuerza de trabajo. Leé también: Tenían más de 50 años, se conocieron en 2020 y decidieron dejar todo para vivir viajando Yousef no solo es la muestra de que cualquiera puede enamorarse de la Argentina, sino también de que cuando uno se esfuerza de verdad, es capaz de lograr hasta lo impensado. Por eso, hoy, a miles de kilómetros de El Cairo y trabajando duro, pudo poner su local donde comparte un poquito de su cultura con la sociedad en la que eligió quedarse.
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