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» La Nacion
Fecha: 05/04/2026 03:06
El presente y el pasado de No Te Va Gustar se funden en un íntimo y extenso mano a mano con LA NACION; el nuevo disco, Florece en el caos, su próxima presentación en Ferro, pero también el recuerdo de los comienzos, el golpe más duro y de cómo superó los miedos y la timidez - 22 minutos de lectura' El primer recuerdo que tengo de No Te Va Gustar es un no recuerdo. Recién empezaba el siglo y allá en Montevideo era un éxito La Fiesta Final, una especie de festival multigénero que desplegaba una decena de escenarios alrededor del Parque Rodó. NTVG debía tocar en uno de ellos, pero no en uno de los más grandes. Error de la organización. La gente desbordó el lugar, el escenario cedió y el show de Emiliano Brancciari y los suyos debió cancelarse. Éramos más populares de lo que la organización creía -repasa Emiliano-. Nos mandaron a un escenario que estaba arrinconado contra el lago del Parque Rodó, no a uno de los más grandes. Llegó la hora y casi toda la fiesta nos quería ir a ver. Se fue amontonando gente en un escenario que no tenía la infraestructura para soportar eso. La gente se fue apretando, las vallas no aguantaban, algunos se estaban cayendo al lago. Subimos a tocar y tuvimos que bajar para pedirle a la gente que no saltara. Después tocamos unas versiones de nuestros temas en reggae hasta que tuvimos que cortar el show, porque se estaba volviendo peligroso. Tiempo después finalmente pude verlos en la otra orilla del Río de la Plata, pero el recuerdo que podemos mencionar como primario ocurrió de este lado, más precisamente en San Telmo. Más de 200 personas se apretaron en el diminuto Ruca Chaltén para ver a la banda uruguaya que tenía dos discos editados en su país, Sólo de noche y Este fuerte viento que sopla y que se disponía a lanzarlos en la Argentina junto con su tercer opus pronto al caer, Aunque cueste ver el sol. Fue la noche del sábado 5 de junio de 2004 (Ese día estrenamos Verte reír", contó él un año atrás en Facebook). Afuera frío invernal, adentro calor humano. El espacio era tan pequeño que el escenario estaba a la altura de un balcón. Había que mirar hacia arriba para verlos. Ellos tenían que mirar para abajo para ver cómo una porción de porteños conocía buena parte de su repertorio. Agendaron dos fechas en el lugar, pero se agotaron tan rápido que debieron sumar una tercera. Sábado, domingo y...¡lunes!, un día inusual para un recital pero la única chance viable: tenían pasajes para volver en barco inmediatamente después del show y contarles a sus seres queridos lo bien que les había ido en su debut en Buenos Aires. Eso lo recuerdo con tanta alegría, porque eran los primeros shows en mi país solos. Y el hecho de ver esas ganas de la gente de vernos tocar y que tuviéramos que sumar una fecha y que a los pocos meses estuviéramos tocando en Cemento. Y solamente con el boca a boca. No había redes ni nada. Fue impresionante. Ahora saltemos vertiginosamente al presente, al miércoles 25 de marzo de 2026. Emiliano viene con su equipo de prensa y asistentes personales a la Redacción de LA NACION. Está dispuesto a hablar del nuevo disco, Florece en el caos, de la presentación en Ferro el 25 de abril, pero también a responder cada una de las preguntas que surgen en el devenir de una conversación de una hora. Nuevo disco, nueva etapa, nuevo estudio. Para NTVG son tiempos de cambios, de reseteo, de volver a vaciar el carry on para cargarlo con nuevo equipaje. Desde que armaron su propio estudio, Elefante Blanco, registraron allí cada nuevo disco. El anterior, Luz, fue el primero que grabaron lejos de él y de Montevideo, en José Ignacio. Fue en pandemia, en un lugar paradisíaco, pero no tenía las condiciones de un estudio. En lugares así empezás a encontrar pequeños inconvenientes a medida que vas avanzando con la grabación. Este disco lo registramos en nuestro nuevo estudio y también tuvimos inconvenientes porque estábamos recién mudados y se seguía trabajando en la construcción del lugar, en la terminación. Cuando empezamos a grabar todavía se estaban pegando paneles y haciendo cosas sobre la marcha. Y mucho olor a pintura, ¿no? ¡Sí! ¿Se mudaron de barrio? Sí, de Pocitos a Parque Rodó. Es un estudio hecho a nuestra medida, con nuestros requerimientos. Está increíble. Tiene luz natural adentro del room y un ventanal gigante que te da ganas de quedarte ahí. El estudio anterior fue creciendo con el tiempo, se convirtió en un gigante y en una referencia para muchos otros músicos, porque ustedes lo alquilaban y funcionaba todo el año... Sí, pero lo armamos dentro de las medidas que teníamos y nos faltaba espacio. Este está tremendo, es de diez por catorce y tiene como siete metros de alto. Y me imagino que tiene parrilla... Por supuesto, es lo más importante. En el estudio anterior festejaste cumpleaños tuyos, de tu familia... El primer año de mi hijo y muchos más. Eso es vital, porque el club social tiene que estar siempre funcionando. Buena manera de describir un espacio que para No Te Va Gustar es mucho más que una sala de ensayo y un estudio de grabación. Es un punto de encuentro, de reunión, el espacio donde se realizan las reuniones por trabajo, pero también las fiestas, las jodas. En fin, donde la amistad sigue su curso. Porque si hay algún secreto revelado que tiene esta banda que se formó como muchas otras en el colegio secundario (perdón, en el liceo, como se dice en Uruguay) y que siguió y sigue como pocas más allá de los treinta años de trayectoria, es que la amistad no está escindida de lo laboral. En el camino se han sumado integrantes, se han ido otros, pero todos entran en esa órbita: tocar bien es muy importante, saber funcionar como grupo humano es fundamental. Florece en el caos salió el 8 de enero. Cayeron en desuso todos los manuales. Antes en enero no salían discos, te decían que recién en marzo empezaba el año... Igual nos advirtieron de eso, ¿eh? Pero nosotros ya teníamos la fecha de Ferro (25 de abril). Estaba bueno que el disco tuviera un poco de rodaje antes de empezar a girar, a tocarlo, si no se nos iba a primavera y ya era muy tarde. El disco ya lo teníamos cocinado. ¿Para qué guardarlo? Si no empezás a sentirlo viejo... Exactamente, y en este caso eso no pasó, los tiempos fueron superacotados. Empezamos a trabajar en mayo, junio del año pasado, a tocar las canciones antes de irnos de gira a Europa y ahí ya hicimos como un primer demo. Cuando volvimos estuvimos una semana solos, después vino el productor, Nico Cotton, tuvimos una semana de laburo con él y después ya a grabar, en agosto, septiembre. Todavía no pasó ni un año desde que empezamos a trabajar en el disco. Las composiciones sí tienen un poco más de tiempo. ¿Es verdad que una de las canciones tiene más de diez años? Sí, hay una canción que tiene 12 años, La noche de ayer, que no entró en El tiempo otra vez avanza y quedó ahí guardadita. Siempre reviso proyectos viejos por si alguno encaja con el momento. Hay un montón de canciones que quedaron relegadas, algunas salieron en mi proyecto solista. Tienen que lograr el consenso de todos para salir. Y vaya si La noche de ayer encaja en el momento de NTVG. Es la segunda de Florece en el caos, la que le sigue a la crítica Halcones y payasos, donde una vez más Brancciari y los suyos sientan posición con respecto a una instancia social y política, pero encarada de manera tal que puede tener múltiples interpretaciones. La noche..., en cambio, mira hacia el interior del compositor y se ofrece como una balada rutera y guitarrera. Hoy se van esos fantasmas que me ahogan, canta él y es tan presente hace doce años como ahora. Pasaron cinco años del álbum anterior, Luz. Es bastante, solo que en ese período le diste rienda suelta a tu flamante carrera solista. Sacaste dos discos sin la banda... Nuestra idea era grabar hace un par de años, pero se venían los treinta años de la banda e iba a ser inevitable hacer una gira al respecto. Eso nos iba a opacar el álbum. Una gira de celebración es distinta a un tour de disco. Donde cambiás la lista por completo, elegís algunos temas que quizás no venías tocando y querés que todos los discos estén representados... Exactamente. Y así fue, fijate que duró casi dos años esa gira. Hicimos bien en esperar para dedicarnos después por entero al nuevo disco. El nombre del disco, Florece en el caos, el arte y el primer tema son muy de clima de época. ¿Qué te pasó a vos cuando viste lo que escribiste? ¿La reflexión viene antes o después de escribir? Las dos cosas. Se reflexiona, se escribe y luego se vuelve a reflexionar porque las canciones se van acomodando a la realidad. Es impresionante eso, canciones que escribiste con un sentido después toman otro y la realidad las va acomodando. El título del álbum tiene que ver un poco con eso, con que el mundo es un caos general zarpado y la música es uno de esos lugares donde uno se refugia. También para la banda el hecho de mudarse fue algo caótico, así que pasa a ser algo personal también. Dentro de tanto lío de mudanza, que es estresante, llegar a un lugar nuevo y que estas canciones nos hagan vivir un momento de felicidad también es importante. ¿Cuál es tu mirada sobre este clima de época, donde las guerras se reproducen como capas unas por encima de las otras? Es impresionante cómo se suceden los hechos y uno supera al otro y así nos van llevando. La verdad es que es insoportable, pero acá estamos. Al día de hoy todavía hay quienes escriben mal el nombre de la banda, agregándole esa a que lleva la expresión, pero que ustedes dejaron fuera: No Te Va Gustar. ¿Cómo nació el nombre? Lo escribimos como suena. Surgió de una confusión con quien iba a ser nuestro primer baterista, que al final no lo fue. Yendo a uno de los ensayos nos preguntó a Mateo, el bajista y a mí cómo se iba a llamar la banda y le dijimos que no le iba a gustar, porque realmente era espantoso lo que habíamos elegido. Y de ahí se armó una confusión: No te va gustar me gusta, nos dijo, nosotros nos reímos y lo dejamos. Después, por cábala, no repetimos el otro nombre y tampoco cambiamos este. Ustedes son cabuleros. Varios de sus discos tienen trece canciones, pero catorce tracks: pasan del tema 12 al 14... Somos cabuleros en algunas cosas. Ahora los discos son más cortos, los vivos son más largos, pero ya no es necesario enumerar las canciones. Eso lo definimos en el primer disco, que no queríamos darle más o menos suerte a ningún tema y decidimos saltear el trece. Con el show del 25 de abril en el estadio de Ferro, NTVG empieza la gira argentina de Florece en el caos. De Olavarría a la ciudad de Córdoba, en el primer tramo que comprende abril y mayo y de Gualeguaychú a La Rioja en septiembre, en total serán 22 shows en el país. Pero esta no es ninguna novedad: cada gira de la banda se despliega hacia el norte y hacia el sur, tanto o más de lo que hacen muchas bandas locales. ¿Nunca pensaron en radicarse en la Argentina? Sí, lo pensamos. Hubo un momento, antes de ser padres, donde sabíamos perfectamente que venir acá era conveniente económicamente y también en conectividad con el resto del mundo. El otro día, para ir a tocar a Cochabamba, Bolivia, tuvimos que hacer dos escalas eternas para llegar después de mil horas a un país que tenemos bastante cerca. Pero decidimos que no, que nos hacía bien la tranquilidad. El hecho de vivir en Montevideo, a pesar de ser bastante conocidos ahí, no nos cambia nada en nuestra vida. Llevamos una vida normal hasta el día de hoy. Voy al supermercado a dos cuadras de mi casa o salgo con mi hijo y no tengo problemas con nada. Sí me saco alguna foto, pero es muy poco. Acá es todo más grande y encontrarte con alguien que escuchás o ves en la tele es más excepcional. Vos te habías ido a vivir fuera de Montevideo, ¿no? Y cuando te separaste de la mamá de tu hijo volviste a la capital... Con mi hijo sigo estando ahí, en una casa cerca de Piriápolis, pero vivo solo en Montevideo. ¿Por qué la elección de Ferro para la presentación del disco? Es un club que me cae recontra simpático desde mi niñez. He ido a festejar cumpleaños ahí. Es un club ejemplar, un club atlético con todas sus letras y donde también se han hecho conciertos históricos. Cuando vino la propuesta nos pareció el lugar perfecto, está en medio de la ciudad y sabíamos que no íbamos a tener problemas con el fixture del campeonato de fútbol. Primeros recuerdos musicales De esa niñez en Buenos Aires, antes de que su madre se separara de su padre y decidiera viajar con él y con la hermana de Emiliano a Montevideo, donde se encontraba parte de su familia, son sus primeros recuerdos musicales. Todo terminaba en guitarreada después de comer, repasa Emiliano. Y así como una flor puede asomar con fuerza en medio del empedrado, donde nadie le pidió emerger, en el caos de la mudanza de casa, de ciudad y de país, este hincha de Boca que también adquiriría simpatía por Peñarol comenzó a tocar y componer en Montevideo, ya de adolescente. Mi vieja me enseñó un par de acordes en una guitarra heredada de mi tía y empecé a tocar con amigos de secundaria. Mis primeras canciones eran una porquería, pero por algún lado había que empezar. Empezamos haciendo covers hasta que decidimos mechar con lo nuestro. Ahí el público empezó a crecer y notamos que venía gente que no nos conocía, que no eran ni amigos ni familiares". La primera decisión importante que tomó No Te Va Gustar en lo que hoy podríamos llamar su prehistoria fue dejar los covers por los temas propios. Los iniciales quedaron en el camino, pero después empezaron a llegar canciones que la banda grabó en Sólo de noche (1999) y Este fuerte viento que sopla (2002), sus dos primeros discos. Para la cultura rock siempre fue mala palabra vivir de temas ajenos. En pandemia y un poco antes también, asomó una nueva generación que hizo de la interpretación, del cover, una vidriera para mostrarse. Hubo un cambio cultural fuerte, pero no afectó al rock que sigue siendo fiel a sus principios... Es que el rock tiene que ser auténtico y la autenticidad está en eso, en hacer algo original, que te salga a vos. Siempre llevaste el rock argentino a donde ibas. En este disco participa Andrés Ciro Martínez en Todo mal; en el anterior, Ricardo Mollo. ¿Son casualidades o con ellos cerrás un círculo? Las dos cosas, un poco darse el gusto de compartir música con gente que querés, admirás, pero también es casualidad que esas canciones nos pidan a esos artistas, porque así funcionamos. Si fuera por nosotros, ya en el primer disco hubiéramos invitado a Mollo o en el segundo o en el tercero. Y recién en el disco once hubo una canción que nos pidió su voz y su guitarra y recién ahí lo invitamos. Es difícil de explicar eso que ustedes y muchos músicos definen como lo pide la canción, pero como oyente muchas veces pasa que estás escuchando un tema, pensás en la voz o en el instrumento de alguien en particular y acto seguido ese artista se suma al tema... Es que después te das cuenta que si es así, de manera orgánica, queda mucho mejor. El tema a Ciro le queda perfecto. Yo me di cuenta cuando lo estaba grabando en el teléfono para mostrárselo a mis compañeros que había algo que le podía quedar muy cómodo a él y se lo dije a ellos. Después, más adelante, cuando lo invité a Ciro, así fue. En los primeros años de la banda cantabas a un costado y de costado. ¿Cómo resolviste esa timidez que te dificultaba mirar al público de frente? Es verdad, tocaba de costado, mirando a mis compañeros. Miraba muy poco para adelante, hablaba poco y nada. Ahora también hablo poco, no me gusta después escucharme hablar, es algo que me irrita. Me gusta hablar con canciones, agradecer, por supuesto, pero no mucho más que eso. No soy Fer Ruiz Díaz que tiene mucha labia. A mí no me sale. ¿Te asustaba ver al público? ¿Cómo lo superaste? Muchas veces lo tapé con alcohol, pero descubrí que cuanto más grande es el show, menos vergüenza me da, menos timidez me da. En un estadio no me preocupa mucho. En los lugares más chicos, donde veo la expresión de la gente y la mirada a los ojos, ahí es cuando más lo sufro. Cierro los ojos, me coloco con la música, también tengo los lentes que me ayudan un poco. La llevo bastante bien. Como solista volviste a tocar en lugares más chicos... Eso me pone muy nervioso. Lo elegí yo, pero es un nervio que es una mezcla de sufrimiento con placer de sentirlo. Es como esa adrenalina de volver a vivir los nervios que experimentaba en los comienzos de la banda. Es algo disfrutable, lo supero con música. Las bandas que tienen una base sólida de clásicos en los primeros discos después crecen con más fuerza. El árbol se torna más frondoso... Creo que todas las bandas pasan por una primera etapa de descubrimiento, que es la etapa más original. Después obviamente cada proyecto se va limando. A mí me gustan mucho más los temas de ahora, pero también entiendo que lo que se genera en esos primeros dos, tres discos es algo único en muchas bandas. El segundo disco es clave para todo el mundo. Es natural, las canciones más recientes son las que más te representan y entusiasman. ¿Te cansaste de cantar algunos clásicos? ¿Te cansaste de cantar que saltes al vacío que no vuelvas nunca...? Sí, pero cuando la gente la está cantando con vos cambia todo. Obviamente que es un tema que si nos ponemos a ensayarlo se me cae un huevo, la verdad. Pero con gente cantándolo a todo pulmón es alucinante. Lo vivís de vuelta por más que sea la vez un millón. En NTVG se destacan las historias de amor y desamor. En el fondo vienen de una raíz muy latinoamericana, que puede ir del tango al bolero. ¿Cómo nace en vos esa vena compositiva? De todo lo que fui escuchando, desde el tango que se escuchaba un montón en mi casa, de las canciones tan heterogéneas de las guitarreadas hasta lo que descubrí después, como la música mexicana de José Alfredo Jiménez y Chavela Vargas. Me gusta escribir desde ese lado, me gustan las historias de despecho. Me fascinan. Tienen esa dualidad de que quien las escucha las puede hacer propias y cantárselas a alguien de su vida, de su propia historia... Sí, por supuesto y hay canciones en las que pareciera que yo le canto a alguien, pero también que alguien podría estar cantándome a mí. Doy vuelta el emisor y el receptor. ¿Qué es lo que te gusta del Emiliano compositor de los últimos años y del guitarrista? Del compositor, que tiene mucho menos miedo a exponerse que al principio. Antes algunas veces cantaba en tercera persona o las letras no eran tan directas. Ahora hay de todo, letras más rebuscadas y más directas, pero no le tengo miedo a nada. El golpe más duro Como banda, NTVG sufrió varios golpes, pero ninguno tan fuerte como la muerte de uno de ellos, el tecladista Marcel Curuchet. En 2012, en Nueva Jersey, el músico sufrió un duro accidente motociclístico que le provocaría la muerte días después. Tras tocar en Washington, Curuchet decidió alquilar una moto para viajar hacia el próximo destino de la banda, Nueva York. En Montevideo habían empezado las sesiones de grabación de El calor del pleno invierno, el disco más duro de concluir. Y si bien se puede pensar en que títulos como Ese maldito momento hacen referencia a la tragedia, fue en el disco siguiente donde Emiliano contó con claridad lo que habían experimentado. Si fue significativo el nombre de la obra, El tiempo otra vez avanza, también lo fue la letra toda de Llueve tranquilo: Nunca esperamos que se viniera/ Una tormenta tan larga/ En cinco minutos todos mojados/ Y repartiendo la carga./Ya nada nos asusta/ Sabemos lo que nos pasa/ No queda ninguna duda/ Sigue siendo nuestra casa. Fue un momento donde pudimos habernos separado -cuenta Emiliano-. Lo hablamos y ahora nos damos cuenta de que hubiera sido un error tremendo, un doble golpe, perder a un compañero y dejar de hacer algo que amamos, que no es lo que él hubiera querido. Pero teníamos tanta tristeza que no podíamos ver para adelante. Y decidimos obligarnos a seguir y nos fuimos curando en el escenario, abrigados por el amor del público y entre nosotros también. Cuando se caía uno lo levantaba otro. Fue nuestra terapia y fue lo mejor que pudimos haber hecho, porque acá estamos, con un grupo sano y orgullosos del camino recorrido y mirando para adelante. -Los cambios que tuvo la formación de la banda fueron progresivos, se dieron en diferentes momentos. Deben haber pasado ya quince músicos por NTVG... -Si, más o menos, somos ocho y cuatro o cinco más que pasaron por la banda. -Alguno se habrá arrepentido de haberse ido. -Bueno, pero son decisiones. Con casi todos los que pasaron por la banda tenemos buena relación, nos podemos dar un abrazo. -Antes me contaste que la timidez la tapabas con alcohol. ¿En algún momento fue un problema la bebida o algún otro estimulante? -No, no tengo ningún recuerdo malo. Tengo mis propios límites, sé que tengo un grupo atrás que me está respaldando y que soy el primero que tiene que estar bien frente al público. -Sos papá, tenés un hijo de 15 años. ¿Cómo es compartir tiempo con un adolescente? -Es un divino. Es re de Boca, más que cualquier otra cosa. Vivimos juntos el mundial de clubes del año pasado y fue alucinante. Fue mi mejor momento del año vivir con él los diez minutos después del gol de Merentiel al Bayern Munich. Se lo dije a fin de año y me dijo que también fue su mejor momento. Ahora le está dando a la guitarra todo el tiempo que puede. La madre me agradece porque está con el ampli y una Les Paul que le di yo. -¿Y cómo es la relación con tu viejo? -Mi viejo vive en Munro. Viene a los shows y es bueno estar en paz con todos. -Volviendo a Florece en el caos, ¿van a tocar todos los temas en Ferro? -En el primer show, en Uruguay, en Santa Teresa, tocamos ocho de los diez temas. El álbum está buenísimo para tocarlo en vivo, así que probablemente en Ferro lo toquemos todo. Se lleva muy bien con el resto de las canciones de la banda y la gente responde muy bien a las nuevas. -El sonido del disco es tremendo. ¿Ya habían trabajado con Nico Cotton? -Habíamos hecho una canción que grabamos suelta, Me cansé, con Zoe Gotusso. Después yo hice mi segundo disco solista con él, entonces ya teníamos mucha confianza. Para nosotros un productor tiene que cuadrar en las ideas, en saber potenciarnos, pero también en la parte humana. Su aporte estuvo buenísimo. Grabábamos de a una canción, casi todo un tema y recién después pasábamos al otro, entonces eso nos mantenía atentos. No sabíamos cuándo nos iba a tocar entrar a grabar. No fue como en discos anteriores donde los caños venían a lo último, cuando ya estaba casi todo registrado. Eso hizo que todo el mundo estuviera todo el tiempo, hasta el baterista, que por lo general lo licenciamos antes. -Sentís como tu país tanto a Uruguay como a la Argentina. ¿Cómo es eso? -No tengo dramas con eso porque yo no corté nunca mi relación con el país donde nací. Desde que me fui, primero porque extrañaba y quería volver, venía cada vez que podía a ver familia y amigos, y después por trabajo. Y el país que me adoptó me dio todo. Viví una juventud maravillosa y libre, me fui a un ciudad que era mucho más segura de la que venía. Eran las cuatro de la mañana y mi vieja estaba tranquila. Viví en la calle con mis amigos, me curtí ahí, entonces también le agarré un amor enorme y no tengo esa división en mi corazón. Cuando juegan al fútbol no lo miro, me hace daño. No quiero que pierda ninguno. No me hace ruido, siento que soy del Río de la Plata y no tengo ningún problema con eso. Lo tengo tatuado. -Y veo que tenés tatuado un 10. ¿Es por Maradona? -Sí, por él. Es mi superhéroe de la infancia. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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