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Parana » InfoParana
Fecha: 04/04/2026 23:07
Mientras los productores primarios de porcinos de la Argentina luchan cada día contra la volatilidad del precio del maíz, la inflación de los insumos veterinarios, la presión impositiva asfixiante y los rigores del clima, una práctica silenciosa y letal se ha instalado en las mesas de negociación y en los medios especializados: la imposición de entelequias productivas. Se trata de planillas de Excel que, desde las oficinas de algunos frigoríficos, cadenas de supermercados y hasta organismos públicos, se presentan como modelos de eficiencia productiva. En ellas se calculan costos teóricos de producción bajo condiciones ideales que nunca existieron ni existirán en el campo real: mortalidad cero, conversión alimenticia perfecta, ausencia de enfermedades, precios fijos de energía y mano de obra, y un clima controlado como si las granjas fueran fábricas de chips. Con ese número mágico (el costo eficiente) se presiona a los productores para que acepten precios de compra que, según la planilla, los convierten automáticamente en ineficientes. Es una trampa semántica disfrazada de técnica. Porque si el Excel dice que se puede producir a $2.750 el kilo y el productor pretende $2.500, ya no es un hombre o una mujer que arriesga su capital y su trabajo: es ineficiente. Y punto. Este mecanismo es profundamente dañino por tres razones que los productores porcinos argentinos conocen en carne propia: 1. Ignora la realidad biológica, económica y tributaria del país. El cerdo argentino no se cría en un laboratorio. En Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires o Entre Ríos las granjas enfrentan brotes de PRRS, Aujesky, la volatilidad del dólar y del precio del maíz, cortes de luz que arruinan sistemas de ventilación, una presión impositiva brutal (Ingresos Brutos, Ganancias, IVA, contribuciones patronales) y una mano de obra rural que, a diferencia de las planillas, tiene derecho a vacaciones, aguinaldo, paritarias y seguridad social. Ninguna entelequia incorpora esos costos reales ni la inflación galopante que caracteriza a la economía argentina. 2. Transfiere toda la renta al eslabón más fuerte. Mientras el productor primario ve cómo sus márgenes se evaporan bajo el peso de los impuestos y los costos financieros, los mismos que imponen la planilla venden el cerdo faenado a precios que multiplican varias veces el valor de compra. La eficiencia que exigen al campo nunca se les exige a ellos. Es un doble estándar que solo beneficia al que tiene el poder de fijar el precio final en góndola o en exportación. 3. Desincentiva la inversión y amenaza la soberanía alimentaria. ¿Quién va a invertir en modernizar su granja si cada mejora técnica que logra es inmediatamente utilizada en la siguiente planilla para bajarle aún más el precio? El mensaje implícito es claro: mejoren, pero no esperen ganar más; el beneficio lo capturamos nosotros. Así se mata la innovación, se desalienta la producción y se condena al sector a la mediocridad crónica en un país que podría ser un gran exportador de proteína animal. Los productores primarios porcinos argentinos NO SON INEFICIENTES. Son los que madrugan, los que pagan las deudas, los que soportan las pérdidas cuando el mercado se derrumba, los que cargan con la mayor carga tributaria de la cadena y los que, a pesar de todo, siguen produciendo carne de calidad para la mesa de los argentinos. Son el eslabón más débil de la cadena y, paradójicamente, el más indispensable. Sin ellos no hay industria, no hay exportaciones y no hay seguridad alimentaria. Es hora de decirlo con claridad y sin eufemismos: las entelequias productivas son un instrumento de presión ilegítimo. No miden eficiencia; MIDRN PODER. No promueven competitividad; PROMUEVEN LA CONCENTRACIÓN. Y no defienden al consumidor; DEFIENDEN LA RENTA EXTRAORDINARIA DE UNIS POCOS. Los productores porcinos argentinos no piden regalías ni subsidios eternos. Piden algo mucho más elemental y justo: que se les pague un precio que refleje sus costos reales más un margen razonable que les permita vivir, invertir y seguir produciendo. Que las negociaciones se hagan con números de la realidad, no con fantasías de Excel. Porque cuando una planilla de computadora decide quién es eficiente y quién no, ya no estamos hablando de economía. Estamos hablando de un abuso de posición dominante disfrazado de gestión moderna. Y los productores primarios porcinos (los verdaderos dueños del riesgo y del esfuerzo) merecen que se les defienda con la misma firmeza con la que ellos defienden, día tras día, la producción de carne para el país. Alejandro Di Palma 04/04/2026
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