04/04/2026 08:33
04/04/2026 08:33
04/04/2026 08:32
04/04/2026 08:32
04/04/2026 08:32
04/04/2026 08:31
04/04/2026 08:30
04/04/2026 08:29
04/04/2026 08:29
04/04/2026 08:29
» TN
Fecha: 04/04/2026 06:42
Egresado de esa experiencia fecunda llamada Beca Kuitca para Jóvenes Artistas, entre otros espacios de formación, al marplatense Matías Duville la suerte lo encontró trabajando. Con una obra prolífica y reconocible (esos raros paisajes entre terrenales y lunares) que surge en torno a recuerdos y vivencias. Una infancia patagónica y el impacto de unos bosques petrificados. Una vida en conexión con el mar, que lo lleva por el mundo como surfista, buscando olas. Y una mirada distorsionada de ciudades, de cartografías urbanas extrañadas, que viene de algún lugar en su cabeza. Ha expuesto enormes anzuelos inquietantes. Y oscuros montículos de carbón, igual de perturbadores. Su dibujo es la base de un trabajo de búsquedas y experimentación con diversos materiales y soportes. Con imagen, con sonido. Algunos, de grandes dimensiones, le dejan las manos negras como las de un minero. Ahora prepara el dibujo más grande de su vida, que ocupará el pabellón argentino de la Bienal de Venecia. Se presentó a la convocatoria por sexta vez y por fin resultó elegido con un proyecto llamado Monitor ying yang, que está tomando forma. Un dibujo monumental hecho con dos materiales amigos de su trabajo: carbón y sal. Treinta toneladas que llegarán en barco hasta los galpones del Arsenale veneciano para construir un diseño en el suelo del pabellón. Sí, será pisado, caminado, modificado por las personas. Entre otras cosas que sucederán ahí, en la que promete convertirse en una de las puestas más asombrosas del año. Duville es, además, el primer artista que va a la exposición internacional más importante del mundo ya sin financiación estatal. Su obra, curada por Josefina Barcia, y que el público de todas partes podrá visitar entre mayo y noviembre, fue financiada íntegramente por privados. En buena medida convocados por la galería que lo auspicia, Barro. En su precioso taller y hogar de Belgrano, Duville responde sobre esto con cierta resignación. Aunque desde que se conoció la noticia de su nombre no le quedó otra que comentarlo y ya está acostumbrado. Elegido entre 69 proyectos, un récord de convocatoria Monitor ying yang destacó por lo inédito de su propuesta de gran calidad, según dijo Adriana Rosemberg, de PROA. Integrante de un jurado que completaron Amalia Amoedo, presidenta de la Fundación Ama Amoedo, Sergio Baur, presidente de la Academia Nacional de Bellas Artes, Rodrigo Moura, exdirector artístico del MALBA, Andrés Duprat, director del Museo Nacional de Bellas Artes, Tulio Andreussi Guzmán, presidente del Fondo Nacional de las Artes y Eugenia Usellini, presidenta de la Fundación del Museo Castagnino. Lo terminaron financiando coleccionistas privados, fue la manera de hacer frente a un proyecto que requiere inversión, dice. Las cartas están tiradas y uno tiene que trabajar para dar lo mejor. Pienso que nada debe sacarme del foco más importante, que es generar la mejor versión posible de ese proyecto. Y en esta edición las cartas son así. Ya con las bases se sabía que era así, que uno tenía que financiarse. Hubo todo un equipo de gente de apoyo de mi galería buscando fondos y los consiguieron. Leé también: Un dibujo monumental de sal y carbón, el proyecto elegido por la Argentina para la próxima Bienal de Venecia Una de las cosas que sorprende primero de su propuesta es que se trata de un dibujo en el suelo, donde será, por supuesto, modificado. El pabellón argentino es un espacio increíble, pero complejo. Entonces, en vez de enfocarme en las columnas, las paredes o el techo, pensé en hacer una experiencia transitable, en el suelo, cuenta. Y manejé varios layers como lo sonoro, la iluminación, el dibujo en una escala así, expansiva. Un dibujo sobre el suelo hecho con dos minerales, sal y carbón. Hay como distintas terminales de contenido, y me encanta cuando pasa eso, cuando parecería que uno lo pensó muy racionalmente y está todo atado, pero en realidad fue todo lo contrario. -Sal y carbón son dos materiales que te acompañan y, a la vez, tienen mucha simbología. -El carbón tiene una conexión muy fuerte en el dibujo. En mi trabajo, es el carbón vegetal que me lleva a varios lugares: las cenizas, un mundo en extinción, los antiguos bosques sepultados en capas, en las profundidades. El carbón emerge y me hace pensar en el territorio. -Y la sal es el mar. -Sí, el mar y la condensación de los antiguos océanos. En mi trabajo hay algo muy fuerte con la idea del océano como si fuese una analogía: entre el misterio de la profundidad de la mente y el misterio de la profundidad del mar. Para los que nos criamos en el mar hay algo muy natural, jugamos con el mar, además soy surfista. Somos afectados por el mar. Pero también me gusta como la mugre de las grandes ciudades. El ir y venir entre la naturaleza y la ciudad, entrar y salir, me parece enriquecedor. Los que entren al pabellón argentino de la Bienal vivirán una especie de experiencia inmersiva. En la que sus movimientos, y las partículas de polvo que generen, producirán alteraciones de un sonido en el que trabajó el artista, en colaboración con el músico Alvise Vidolin y los del Centro di Sonología Computazionale de la Universidad de Padua. Como resultado, cada vez que se visite el pabellón el sonido será distinto. Centolla Society se llama la banda que Matías tiene con su hermano Pablo. Y que define como un sonido que va desde banda pop a muy experimental. Hicimos muchos proyectos en este terreno de la escena del arte, y tenemos una gran biblioteca de sonidos inventados. Siempre pensé que el sonido era algo muy importante. Hay una lógica del sonido que sigue un poco la lógica de la imagen, de la narrativa, del dibujo que tiene que ver con con lo abstracto, pero también con ciertas escenas dinámicas paisajísticas, u otras más estáticas. El sonido viste. Pero es muy difícil explicar qué va a sonar. Duville habla y reflexiona, jugando con su timidez, entre obras de gran formato que se roban la mirada. No hay forma de no preguntarle por esos paisajes, coloridos o en blanco y negro, como mapas de un mundo extraño en el que perderse. Vastedad, descampados naturales: palabras suyas. Mi papá era químico, pero también estaba vinculado con con la biología marina, cuenta. Y en los 80 viajábamos mucho al Sur, a Madryn y más lejos todavía. Mi papá hacía documentación, de geología, para publicaciones que eran más de del ámbito académico. Lo acompañábamos y de pronto aparece ese bosque petrificado, esos primeros encuentros con el paisaje primitivo y en expansión. Nos traíamos troncos petrificados, puntas de indio y esas cosas que ahora están totalmente prohibidas. Acaso, la condensación de su trabajo, para usar una palabra suya, se encuentre en el dibujo de su vida. En la Bienal de Venecia que abre en mayo y se queda hasta noviembre. Una obra que resume la idea del cambio constante que le interesa. Se visita un terreno, se lo camina, se mezclan los materiales. Y que el espectador se sienta adentro de esa materia y del ADN de ese gran paisaje.
Ver noticia original