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Gualeguaychu » El Dia
Fecha: 03/04/2026 23:20
En la noche de este viernes, llevaron adelante una nueva edición del Vía Crucis viviente, frente a la plaza Almeida, con miles de vecinos y visitantes que vivieron un momento de profunda emoción, recogimiento y reflexión. El evento reunió a una multitud que se ubicó en sillas, reposeras y en cuatro tribunas dispuestas para que se pudiera visualizar toda la representación, las que fueron colmadas de público. En un clima de respeto y silencio compartido, cada escena fue acompañada con atención y sensibilidad, generando momentos de introspección colectiva. En esta edición, el Vía Crucis Viviente, que sumó unas cien personas en escena, sonido profesional y música en vivo, incorporó una novedad en su puesta en escena: cada una de las siete estaciones contó con un espacio propio de representación, diferenciándose de la disposición utilizada el año anterior y permitiendo una mejor apreciación de cada momento, desde cualquier ubicación. Además, pantallas gigantes reproducían lo que ocurría en cada escena, favoreciendo una experiencia más cercana e inmersiva. Las más leídas El recorrido comenzó con la entrada de Jesús en Jerusalén, donde fue recibido con entusiasmo por el pueblo, invitando a reflexionar sobre la necesidad de ir más allá de la mirada superficial y buscar un encuentro verdadero con Dios. Luego, el lavatorio de los pies y la Última Cena pusieron en valor el amor como servicio y entrega, incluso en medio de la traición, destacando la importancia del perdón y la fraternidad, valores que interpelaron a los presentes. La tercera estación, en Getsemaní, mostró la angustia y la soledad, pero también la confianza en la voluntad de Dios, generando un clima de profunda empatía y recogimiento, e invitando a reflexionar sobre la importancia de acompañarse mutuamente en los momentos difíciles. Posteriormente, Jesús ante Pilato reflejó la injusticia, la indiferencia y las decisiones marcadas por el interés individual, despertando una mirada crítica sobre la realidad cotidiana y el compromiso con el otro. La crucifixión constituyó el momento de mayor intensidad emocional, atravesado por el silencio y la conmoción del público, proponiendo una profunda reflexión sobre la compasión, la dignidad de toda vida y el lugar que cada persona ocupa frente al sufrimiento ajeno. La sepultura, en tanto, expresó el silencio y la incertidumbre, pero también una esperanza latente, aún en medio del dolor. Finalmente, la representación culminó con la Resurrección, como mensaje central de la fe cristiana: la vida que vence a la muerte y renueva la esperanza. Cristo vive y es nuestra esperanza fue el mensaje final compartido con los presentes, en un cierre que invitó a renovar la fe y la esperanza en comunidad. De este modo, el Vía Crucis Viviente ofreció un recorrido que, desde la expectativa inicial hasta la esperanza renovada, atravesó el servicio, el dolor, la injusticia y el silencio, consolidándose como una propuesta que no solo convoca, sino que también conmueve y fortalece los valores de la solidaridad, la empatía y el encuentro comunitario.
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