03/04/2026 23:13
03/04/2026 23:11
03/04/2026 23:11
03/04/2026 23:11
03/04/2026 23:11
03/04/2026 23:11
03/04/2026 23:11
03/04/2026 23:11
03/04/2026 23:11
03/04/2026 23:11
Buenos Aires » Infobae
Fecha: 03/04/2026 21:27
En medio de la transmisión de este viernes de la NASA, que registra los movimientos de los astronautas de la misión Artemis II, una imagen captó la atención de todos: el piloto Victor Glover realizando ejercicios físicos. La práctica es fundamental para que los tripulantes puedan proteger sus músculos y huesos en el espacio, donde el cuerpo humano experimenta cambios profundos, muchos de ellos indeseados. En ausencia de gravedad, los músculos pierden volumen y fuerza, mientras que los huesos, privados de la carga habitual, reducen su densidad mineral. Incluso, la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) estima que los astronautas pueden perder entre un 1 y un 1,5% de densidad ósea en apenas un mes en órbita. Esta disminución no solo afecta la estructura esquelética, sino que eleva el riesgo de cálculos renales y otras complicaciones metabólicas por el aumento de calcio en la sangre. Artemis II representa el primer viaje tripulado rumbo a la Luna tras más de cincuenta años. La tripulación, integrada por los astronautas de la NASA Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, junto al canadiense Jeremy Hansen de la Agencia Espacial Canadiense (CSA), encara este reto con una estrategia rigurosa de entrenamiento. Según explicó la NASA, los entrenamientos matutinos sirven para poner a prueba los sistemas de soporte vital de Orión antes de abandonar la órbita terrestre. La reducción de masa muscular en microgravedad obedece a la falta de resistencia constante que la gravedad terrestre impone sobre piernas, espalda y otras áreas clave. Incluso con dos horas diarias de ejercicios en misiones prolongadas, la atrofia muscular aparece como un fenómeno inevitable. En este contexto, el plan de entrenamiento para Artemis II busca minimizar, durante los diez días que dura la misión, los efectos de la microgravedad en los sistemas musculoesqueléticos de los astronautas. El volante de inercia: tecnología compacta para el ejercicio espacial Dentro de la nave Orión, el equipo dispone de un dispositivo fundamental: el volante de inercia. Este aparato, que pesa 14 kilogramos y ocupa el espacio de una valija de mano, reemplaza a las voluminosas máquinas de la Estación Espacial Internacional (EEI), donde el equipo de ejercicio supera los 1800 kg y ocupa 240 metros cúbicos. El volante de inercia de Orión cumple con las estrictas limitaciones de peso y espacio de las misiones al espacio profundo, sin sacrificar la eficacia. El sistema se compone de un volante, poleas, un limitador de par y una estructura que recuerda al tamaño de una caja de zapatos extragrande. Funciona como una máquina de remo y, según la NASA, permite realizar ejercicios aeróbicos y de resistencia. El astronauta se sujeta con una correa a una barra o arnés y tira de ella, activando el mecanismo. De esta manera, puede realizar movimientos como flexiones de bíceps, sentadillas, peso muerto, remo ergométrico y elevaciones de pantorrillas. La carga del volante se regula mediante un selector de marchas que ofrece opciones baja, media y alta, y se ajusta a la fuerza individual del usuario. Este sistema permite cargas de hasta 181 kg, una capacidad notable frente al tamaño del aparato. La NASA precisó que al tirar de la correa, podrán realizar ejercicios aeróbicos, de resistencia y de remo. El mecanismo responde de manera proporcional a la energía aplicada, similar al funcionamiento de un yo-yo, lo que brinda una resistencia equilibrada y segura. Durante el lanzamiento, ascenso y regreso a la Tierra, la plataforma, la barra y el arnés permanecen guardados para evitar desplazamientos o daños. El volante de inercia se ubica justo debajo de la escotilla lateral de la nave y encima del compartimento de higiene, sirviendo además como escalón para que la tripulación entre y salga de la cápsula. La NASA supervisa en tiempo real el sistema de revitalización de aire de la nave durante el ejercicio, garantizando un ambiente respirable y confortable y evaluando el impacto de la actividad física sobre el movimiento de la nave. Este monitoreo resulta clave para mantener la seguridad y el bienestar de la tripulación. La rutina diaria en órbita lunar Cada uno de los cuatro astronautas dedica treinta minutos al día al ejercicio, siguiendo el protocolo establecido por la NASA. La doctora Patricia Sawyer-Simmons, científica de la Florida Gulf Coast University (FGCU), detalló que la máquina en uso funciona de forma muy similar a los equipos que se ven en los gimnasios de la Tierra, como una máquina de remo o de poleas. Y agregó: Bueno, en realidad es muy parecido a una banda elástica, solo que está montada sobre un volante de inercia, así que se estira con resistencia y luego se enrolla. Pero es muy similar a una banda elástica que podrían usar para sentadillas o, con la tensión adecuada, para levantamiento de peso muerto. La rutina se organiza en turnos. Al inicio del segundo día de misión, Wiseman y Glover ejercitaron primero, seguidos por Hansen y Koch en la segunda mitad de la jornada. Este esquema permite un uso eficiente del equipo y asegura que todos los tripulantes mantengan una actividad física constante, esencial para preservar su salud durante la misión lunar. El ejercicio no solo beneficia el cuerpo, también protege la mente. Según Sawyer-Simmons, son deportistas de élite, ¿verdad? Tienen que ser capaces de realizar sus tareas física y mentalmente, y sabemos que el ejercicio favorece tanto la función mental como la física. Así que es lógico que, estando en la cima, quieran seguir haciéndolo. Esta visión subraya el alto nivel de exigencia al que se enfrentan los astronautas de Artemis II, quienes deben mantener su rendimiento intelectual y físico en condiciones extremas. El sistema de soporte vital de Orión incluye además un botiquín médico equipado con artículos de primeros auxilios y herramientas de diagnóstico como estetoscopio y electrocardiograma. Estos instrumentos pueden utilizarse para enviar datos a los médicos en la Tierra y permiten reuniones médicas privadas periódicas entre la tripulación y el equipo de vuelo en el centro de control de la misión. Un laboratorio humano en el espacio profundo La NASA considera el ejercicio físico un requisito indispensable para las misiones tripuladas. La pérdida de masa muscular y densidad ósea en el espacio representa uno de los mayores retos fisiológicos de la exploración humana fuera de la Tierra. La experiencia acumulada en la Estación Espacial Internacional contribuyó al diseño del programa de entrenamiento de Artemis II, optimizado para la limitación de espacio y recursos de la nave Orión. El volante de inercia, con su mecanismo de cable y resistencia adaptable, se posiciona como una solución efectiva para contrarrestar la atrofia muscular y la descalcificación ósea. A diferencia de los sistemas masivos de la estación orbital, este aparato portátil maximiza el uso del espacio y minimiza el peso, factores decisivos en la logística de las misiones lunares y futuras expediciones a Marte. La NASA subraya que estos entrenamientos diarios continuarán durante el resto de la misión. El objetivo es que, al regresar a la Tierra, los astronautas puedan readaptarse sin complicaciones graves y continuar con sus investigaciones y actividades. El ejercicio en el espacio profundo, más allá de una rutina, se transforma en un experimento permanente sobre los límites y la adaptabilidad del cuerpo humano. Cada sesión aporta datos cruciales para el diseño de futuras misiones y la mejora de las condiciones de vida de los astronautas, quienes, al igual que los pioneros de la exploración, ponen a prueba los avances científicos en un entorno sin precedentes.
Ver noticia original