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  • Cabrón, el libro de un poeta | Análisis

    Parana » AnalisisDigital

    Fecha: 03/04/2026 20:27

    "Cabrón", el último libro de Reynaldo Sietecase. Belén Zavallo Los buenos libros no necesitan justificarse. Y sin embargo, algunas veces, la voz del narrador hace visible, de una manera bella y sutil, cuáles son las razones que lo llevaron a hacerse escrito. El material biográfico de la vida de un hombre se vuelve lenguaje por distintos empecinamientos: para dejar constancia de la existencia y por voluntad de poeta. Quiero decir, no existe algo dentro de la mirada de un poeta que escape a la escritura. Y esta forma narrativa que adquiere Cabrón de Reynaldo Sietecase es también la prueba de que el hijo está por sobre todas las cosas enfundado en palabras, que esas palabras llegaron a él por alguien que le habló, le cantó, le refutó y hasta le echó en cara que el otro pudiera discutirle. Y ahora que tiene en manos toda la emancipación lingüística junta, como si el gesto fuese el de quien quiere rearmar la forma del océano sosteniendo un poco de agua entre las palmas, toma el material del que puede valerse y escribe. Abre cajones y escribe, sostiene el peso de pequeños artefactos y construye, descubre álbumes donde hay imágenes y como si cepillara huesos con una pluma, cava para ver hasta dónde la arqueología de la sangre permanece y se altera. "Escribo sobre mi padre por necesidad, para iluminar un vacío, no para llenarlo. Escribo sobre mi padre para comprender y, si es posible, reconciliar. Escribo sobre mi padre para recordar y no a la inversa. Escribo para reivindicar mi derecho a inventar una memoria real, allí donde solo existe una herida" (Reynaldo Sietecase). Leí Cabrón y pensé en el valor de la literatura enseñada por programas escolares, hay toda una tradición de fondo que nos ubica, pensé en cómo un único padre cuando está bien escrito puede estar invocando a otros. Mamá me contaba muy fragmentadamente algo similar sobre su padre. Pensé en el padre como excusa para abrir la historia de un país, un padre con filo que tajea la geografía y corta a fuerza de hélice la superficie de los mares. No exagero si digo que Cabrón es también un testimonio de la Argentina parloteada entre tantas lenguas, condensada entre maneras de amasar el pan y de ajustar el nudo de una corbata o de un barco. Reynaldo es poeta en este libro, aunque quiera engañar a su padre para no confrontarlo. Y pienso en una imagen: el hombre viene con el perro a upa, por una calle el hombre de frente al sol y el animal como si acabara de nacer o estuviera por morirse. Hay belleza ahí y en muchas páginas. En la entrada a la brocha. En el matrimonio de hermana con su control absoluto. Hay sensible belleza. Reynaldo es narrador, no olvida el hilo de la historia. Lo enreda y hace que prospere su centro a fuerza de vincularlo con otros personajes: la madre, el padre odiado, la tía loca, los amigos del ajedrez, los otros familiares, los viajes, los silencios. Reynaldo es periodista y sabe hasta dónde preguntarse, hasta dónde exhibirse, hasta dónde proteger el material de la vida. Como si tomara una tanza y envolviera en viento un barrilete, ajusta, tira, galopa, desenreda de las ramas y suelta el peso de un gigante que le pertenece. (*): escritora. Editora de la sección Entre Letras de la revista ANÁLISIS.

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