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La Paz » Politica con vos
Fecha: 03/04/2026 14:52
El Gobierno nacional resaltó en los últimos días las estadísticas que exhiben una baja en los niveles de pobreza e indigencia en la segunda mitad del año pasado y esgrimió las cifras como evidencia de que están justificados los esfuerzos impuestos a la mayor parte de la población. Por Carlos Heller A casi 28 meses de gestión y pese a los múltiples indicadores con signo negativo se intenta convencer de que los sacrificios están rindiendo sus frutos. El panorama integral, en rigor, debería incluir otras manifestaciones, como por ejemplo el aumento del desempleo y la baja del consumo (captado en parte por bienes importados, lo cual afecta a gran parte de la industria local). Un examen más detenido permite sacar conclusiones menos optimistas que las formuladas en los despachos gubernamentales. Veamos el informe sobre pobreza. Su frecuencia semestral impide ver con claridad lo ocurrido en el último trimestre de 2025, es decir, el momento en que se aceleran los aumentos de los precios y en forma simultánea retroceden los ingresos de trabajadores y trabajadoras. Cabe también sopesar la evolución de algunos productos centrales en la canasta básica alimentaria, como el pan de mesa y la papa, que se encarecieron un 14,9% y un 13%, respectivamente, en el período octubre-diciembre de 2025, comparados con el trimestre anterior. Con más inflación y una tasa de desempleo que en esos mismos meses saltó a 7,5% de la población económicamente activa, cuesta pensar que la situación social pueda estar mejorando. Interpretaciones En cuanto a la evidente caída del consumo masivo, resulta llamativa la interpretación del ministro de Economía, Luis Caputo, quien sin poder desmentir los datos en un encuentro con supermercadistas, los atribuyó a «las altas tasas municipales y la competencia del mercado informal». Una semana atrás había dicho que el consumo, más allá de lo que ocurre con el segmento masivo, se encuentra en niveles récord. El mismo Caputo, lejos de preocuparse por la caída del poder adquisitivo de amplios segmentos de la población y su incidencia en el mercado interno, encomió el ajuste salarial mensual por debajo del 2%. Es decir, a una marcha por debajo del índice inflacionario, lo cual se condice con el cambio de precios relativos que se persigue. En suma, se presenta como favorable al conjunto social lo que en realidad es el beneficio para una minoría. Es lo que llamo el modelo del 80-20. Mientras se excluye al grueso de la población (no menos del 80%), una parte minoritaria a la que seguramente no le está yendo mal (quizás inferior al 20%), explica algunos restaurantes llenos, la compra de pasajes aéreos al exterior o la adquisición de autos 0 kilómetro, muchos de ellos de lujo. No debería naturalizarse esa desigualdad. Menos aún cuando parte del consumo se orienta hoy a bienes importados que reemplazan la producción local y provocan el cierre de fuentes laborales. El Índice de Producción Fabril del Indec mostró en enero una caída interanual del 3,2%, en el sexto mes consecutivo con números negativos. Fueron muy importantes en el arranque del año las bajas en Vehículos Automotores (-25,7%), Productos Textiles (-24%), Prendas de Vestir y Calzado (-21%) y Maquinaria y Equipo (-20%). Casualmente, varios de los sectores cuya demanda el Gobierno dice que está creciendo aceleradamente. No es de extrañar, en este marco, que la inversión se limite a anuncios de algunos sectores puntuales, asociados a la explotación de recursos naturales. El Estudio Ferreres indicó que en febrero, medida en volúmenes físicos, la inversión se redujo en términos interanuales (por tercer mes consecutivo) un 11,4%. En el caso de Maquinarias y Equipos, la caída en las compras de bienes nacionales fue del 9,2%, y del 23,9% las de importados. Deudas El deterioro productivo y social (no compensado por los buenos negocios agropecuarios, mineros y energéticos) es obviado por las políticas públicas, concentradas en garantizar el saldo fiscal positivo y conseguir los dólares para pagar los próximos vencimientos de capital. En las licitaciones del último viernes de marzo se subastaron Bonares 2027 y 2028 (emitidos y suscriptos en dólares) por 300 millones en la primera llamada. El Gobierno captó el monto máximo ofrecido, mientras que en el segundo llamado del lunes, para los títulos de 2028, solo se colocaron 34 millones, por debajo de los 100 millones habilitados. Por otro lado, los financistas externos se mantienen reacios a la posibilidad de otorgar préstamos a un país con una deuda tan elevada, más aún en el contexto de conflicto bélico de Oriente Medio. La problemática del sector externo siempre está presente, pero se agudiza con las políticas desreguladoras y aperturistas del actual Gobierno. Más allá de los datos positivos en materia de comercio exterior, un dato inquietante es el de la tendencia negativa (cinco meses seguidos en rojo) de la cuenta corriente cambiaria, que en febrero cerró con un saldo de -115 millones de dólares, producto de los pagos de intereses y de los viajes al exterior. A su vez, la compra de billetes y divisas de los particulares bordeó los 2.500 millones de dólares, monto parcialmente compensado por mayor endeudamiento de las empresas y Gobiernos provinciales por 1.729 millones. Vale recordar, en el caso de estos últimos sectores, que en el período 2020-2023 el promedio anual arrojó un desendeudamiento neto (-5.700 millones de dólares), mientras que en 2024-2026 (a la fecha) el endeudamiento promedio anual es de 8.228 millones de dólares. Incorporar estos datos al análisis es indispensable para entender la urgencia de un cambio de rumbo y la necesidad de intentar avanzar hacia la construcción de otro modelo de país: soberano, que garantice derechos, con crecimiento sostenible y con una mejor distribución del ingreso y la riqueza.
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