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» La Nacion
Fecha: 03/04/2026 00:32
Diego Sícoli y Ariel Almeyda se criaron cerca del Parque Lezama, ahí donde años más tarde dieron forma al restaurante que hoy ofrece platos caseros y porciones abundantes - 8 minutos de lectura' Unos 15 años atrás, cuando La Popular de San Telmo abrió sus puertas, el boulevard Caseros todavía no se había convertido en ese punto de cruce de turistas que recorren San Telmo, de hinchas de Boca que se acercan a picar algo antes o después del partido y de vecinos que disfrutan de la diversidad de sus propuestas gastronómicas. Cuando éramos chicos esta cuadra era la más fea del barrio, coinciden Diego Sícoli y Ariel Almeyda, creadores de este bodegón con onda que da vida a la esquina de Avenida Caseros y Bolívar, a tan solo una cuadra de Parque Lezama. Los dos conocen el barrio: se criaron allí y, muchos años después, tras un encuentro fortuito, decidieron unir sus carreras gastronómicas que hasta entonces corrían paralelas para traer de regreso los sabores y aromas de sus madres y sus abuelas. Con los banderines que cuelgan del techo, los pingüinos en los que se sirve el vino y los elementos vintage que completan la decoración (televisores, tocadiscos, teléfonos de antaño), el salón de La Popular de San Telmo ve pasar el ir y venir de los mozos que llevan en sus bandejas platos clásicos: milanesas, tortillas, platos de olla... Todo en porciones enormes, para compartir entre dos comensales o incluso más. ¿Cómo nace La Popular? Diego: Con Ariel nos conocemos desde muy chiquitos. Éramos skaters. Yo era muy amigo de su hermano y él, que es un poco más grande que yo, era una especie de ídolo para nosotros. Después, cuando cumplimos 18, dejamos de vernos y cada uno hizo una carrera gastronómica por separado, sin saber qué hacía el otro. Lo cierto es que a los dos la vida nos llevó a ser gastronómicos. Ariel: Muchos años más tarde nos reencontramos en un club de tenis con nuestros hijos jugando. Diego: Ahí descubrimos que los dos habíamos seguido por la gastronomía. Él con un grupo muy importante, que era Downtown Matías, y yo por mi parte con Novecento. Entonces la vida nos volvió a juntar. ¿Cómo era esta esquina de La Popular cuando ustedes eran chicos? Diego: Acá directamente moría San Telmo, porque a una cuadra Caseros termina en el parque (Lezama), arranca Barracas y a unas cuadras ya está La Boca. Era un lugar sin identidad. De las bandas de skaters que había en ese entonces, esto no era de nadie. Entonces pasabas por acá y tenías miedo. ¿Y qué había antes en la esquina? Diego: Hubo un bar que se llamaba Bolívar, que después estuvo cerrado 14 años. Durante mucho tiempo funcionó como un lugar donde hacían sesiones de fotos y después nada, porque el dueño de la propiedad era muy celoso de alquilársela a cualquier personaje, él es muy de San Telmo. Pero con la insistencia de Ariel y nuestro currículum, nos abrió la puerta para poder hacer el proyecto que teníamos en mente. ¿Qué les atraía de este lugar? Diego: Veíamos la esquina cerrada y nos decíamos que era una locura que estuviera así. Ariel: Entramos y vimos las carpinterías de madera de las paredes, el piso... ¡Vamos a darle vida a esto!, nos dijimos. Queríamos mantener el espíritu de bodegón que tenía, pero hacerlo canchero, meterle onda. A nosotros nos gusta esto: somos de San Telmo, nacimos en San Telmo, caminamos San Telmo toda nuestra vida. Diego: Comulgamos con la antigüedad, con lo genuino, con lo que tiene historia. Si podemos conseguir en un remate la vajilla de algún lugar notable que tenga una vida por atrás la incorporamos antes que comprar algo nuevo. Hoy el boulevard Caseros es un polo gastronómico. ¿Cómo era cuando abrieron, hace 15 años? Ariel: Solo estaba Caseros, el restaurante de al lado. Diego: Era una época en que los bodegones porteños estaban desapareciendo. Muchísimos habían cerrado y quedaban muy pocos tratando de subsistir. En ese entonces, después de nuestros proyectos, que eran internacionales, necesitábamos volver a las raíces, y veíamos que eso era también lo que la gente estaba necesitando. Nosotros vivimos mucho el snobismo de la gastronomía. Todo era muy lindo, pero terminaba sin tener identidad y yo estaba saturado de eso. Pensamos entonces en revalorizar el bodegón, que es algo que a nosotros nos emociona y que tiene identidad, en volver a ponerlo en boca de todos, que fuera algo a lo que la gente quisiera volver a ir. Ariel: Y no solo por tradición, sino que fuera algo realmente divertido. Ahí empezamos a cranear: ¿Cómo hacemos un bodegón con contenido divertido? ¿Qué come la gente? ¿Qué le gusta de lo que le cocinaba su mamá o su abuela? Diego: Pensamos en esos sabores que tienen recuerdos y decidimos hacer una carta que debía superar algo muy complicado: competir con los sabores de las mamás y las abuelas. Era muy fácil que nos dijeran está bien, pero también que nos dijeran está mal. Ariel: Fue una apuesta que nos gustó. Nosotros cosas sencillas no hacemos, nos gustan las apuestas, nos gusta el contenido. Y así arrancamos en La Popular con una propuesta de sabores genuinos. ¿Las recetas de dónde salieron? Diego: La mamá de Ariel es tana y él es muy buen comensal, muy buen crítico. Yo vengo de una familia donde también la comida era lo principal: tengo ocho hermanos, las mesas de mi casa nunca se servían para menos de ocho o 10 personas, a veces más de 20. En mi familia todo pasaba por la mesa. Lo que decidimos fue hacer las recetas que teníamos en la cabeza. ¿Cómo fue la respuesta del público y del barrio? Ariel: Buena y rápida. Se ve que al barrio esto le faltaba. Abrimos la puerta y se llenó de gente. Están en un barrio con un montón de bares y restaurantes, ¿qué creen que ofrecen de diferente y de atractivo? Ariel: Creo que La Popular se destaca porque esta casa tiene ángel propio. No le busqués nada más. Es nada y es todo. Diego: Además es una propuesta muy descontractura, muy amigable. Acá viene tanto gente mayor, como parejas y grupos de amigos. Y tiene algo importante que es que está lleno tanto el primer día del mes como él último. Porque las porciones son recontra abundantes y te dan la posibilidad de compartir los platos. Eso vale mucho en épocas de crisis, por eso no deja nunca de venir la gente. ¿Estoy solvente, estoy recontra bien? Comamos una milanesa cada uno, pidamos entrada, hagámosla a lo grande. Ahora, ¿aprieta el zapato? ¡Milanesa compartida y salen comidos los dos! ¿Cuáles son los platos estrella? Ariel: Las milanesas en todas su variantes, que tenemos desde una clásica, una napolitana o una fugazzeta hasta una fiorentina, con espinaca salteada con cebolla, ajo, crema, leche, parmesano, o una con chorizo colorado. Después las tortillas: tenemos unas diez en la carta. Diego: Eso es lo que más le gusta a la gente. Ahora viene la temporada de invierno y metemos platos de olla: locro, mondongo, guiso de lentejas. Todo lo que es nuestra comida genuina. Y ahí pasa peor que con la milanesa, porque todos tienen su propia idea de cómo tiene que ser un locro y empieza la discusión sobre el tema, que es algo divertidísimo. Hoy los bodegones son moda, abre uno todos los días. Si yo cuelgo tres banderines, pongo cuatro pingüinos sobre la barra y fotos viejas de Boca... ¿es un bodegón? Ariel: Para ser un bodegón se necesita mística. Entender esa mística. Por eso hoy tantos abren, cierran, abren, cierran. Diego: Lo primero que tiene que tener un bodegón es la calidez humana. Que los mozos conozcan a los que vienen a comer, y que si no traten de conocerlos cuando se sientan a la mesa. Que se genere un vínculo. Esa es la clave, es el punto de partida para lograr que los que vienen a comer pasen el mejor momento posible, que se sientan cómodos y que se lleven el espíritu del lugar para poderlo contarlo. Ariel: El alma del bodegón es todo eso, junto con la música, el barullo, la gente esperando, el yo pedí la mesa primero, todo ese circo que se arma en el lugar. Y que sea algo genuino, que las cosas tengan historias. Nosotros, cuando servimos un pingüino de vino, realmente lo sentimos: ese pingüino tiene historia. Vemos la cara del señor mayor que lo pidió y con qué emoción lo recibe en la mesa. Ahí hay un sentimiento. Todo pasa por ahí. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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