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» La Nacion
Fecha: 02/04/2026 20:41
Te espero. Así se llamaba la obra de teatro en cartel en San Isidro que en 2021 tenía como protagonista a Hugo Luis Biolcati, productor agropecuario y expresidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), fallecido hoy. Biolcati fue un referente del sector durante el conflicto del campo con el gobierno de Cristina Kirchner por la resolución 125 de retenciones móviles. Tras una década de haber sido parte de la dirigencia, primero como vicepresidente de la Rural desde 2002 y luego como presidente entre 2008 y 2012, se alejó y de a poco comenzó a retomar su actividad en el campo, que había dejado por un tiempo en manos de su hijo Esteban. En su momento Biolcati sentía que había algo que le faltaba, algo que lo completara. Se planteó entonces qué podía hacer como hobby para llenar ese vacío de adrenalina que había vivido durante todo ese tiempo en el gremialismo rural. Me puse a pensar y creí que la actuación era algo afín al trabajo de dirigente. Estar frente a cámaras de televisión, hablar en un escenario frente a un público era algo con lo que me sentía cómodo. Pensé que lo sabría hacer, discursos ante grandes multitudes era algo que había aprendido con los años, contó a LA NACION en ese momento para hablar de su pasión por la actuación. Lo primero que hizo fue buscar una escuela de teatro donde pudiera ser uno más y pasar desapercibido porque la gran exposición durante el conflicto con el Gobierno lo había vuelto una figura pública y eso no le gustaba. Por internet se anotó en un establecimiento no tan conocido, donde hizo una buena colimba de aprendizaje. Dos años ahí me sirvieron para perder la vergüenza y comprendí que ser actor tenía poco de parecido a ser dirigente. Cuando formaba parte del gremialismo defendía lo que realmente pensaba, era auténtico, cuando hablaba era mi pensamiento más íntimo el que estaba presente, no era un libreto pautado por un director. Acá hacés un personaje que te brinda el autor de la obra que no es tuyo, que cambiás todos los días, relató en una entrevista de entonces. Para el productor, el teatro y la dirigencia compartían eso que se busca que es la aprobación de la audiencia, el trabajo en equipo y que uno no puede fallarle al resto. Como dirigente son convicciones y como actor te compenetrás como sentiría ese personaje que tenés que interpretar, pero la adrenalina previa y la vibración es la misma: antes de salir al escenario como antes de un acto gremial. Pero, sobre todo, la satisfacción de ese aplauso aprobatorio final tanto frente a una tribuna como en el escenario, describía. Según detalló, el teatro le sirvió para conocerse íntimamente. Nadie te cuestiona por hacer el papel más ridículo, dijo. Es un desafío permanente para lograr que no se te escape un movimiento de tu verdadero yo, agregó. Tras esos dos años en esa primera escuela y, sintiéndose más suelto y seguro, encontró en la escuela Odiseia, de Martín Blanco, un nuevo refugio. En 2014, en la primera obra que actué hice de ferretero. Desde ahí tuve infinitos personajes: he sido gay, detective, padre abusador y ahora soy un viejito melancólico sentado en el banco de una plaza. Cada papel me dejó un gran aprendizaje. Tengo un arcón lleno de recuerdos donde guardo ropa e instrumentos que utilice en las obras, que de vez en cuando abro para rememorar, detalló.
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