02/04/2026 16:51
02/04/2026 16:50
02/04/2026 16:50
02/04/2026 16:50
02/04/2026 16:46
02/04/2026 16:45
02/04/2026 16:45
02/04/2026 16:45
02/04/2026 16:45
02/04/2026 16:45
» La Nacion
Fecha: 02/04/2026 15:06
El dolor por la Guerra de Malvinas y el gesto de un pueblo que se quedó sin pan para recibir a los combatientes Luego del conflicto bélico, una ciudad chubutense recibió a un contingente de soldados prisioneros con afecto, lágrimas y comida para paliar su hambre; ese hecho pasó a la historia - 4 minutos de lectura' Corría el 19 de junio de 1982, a tan solo cuatro días de haber finalizado la guerra por las Islas Malvinas que enfrentó a la Argentina y al Reino Unido. En Puerto Madryn hacía frío, de ese que cala hasta los huesos y congela las fosas nasales en la primera exhalación. Sin sospecharlo, los 20.000 habitantes de ese entonces empezaban con su día. Muchos desayunaban y otros se preparaban para el trabajo. Entonces, una serie de camiones empezó a desfilar por las calles: dentro se hallaban los combatientes que sobrevivieron al conflicto bélico. De inmediato, la población se agolpó a los costados de ellos. Detuvieron el paso y les entregaron a los soldados heridos y angustiados todo el pan que tenían. Las panaderías se vaciaron, las alacenas de las cocinas también. Ese día pasó a la historia como el gesto más humano que los madrynenses tuvieron para con aquellos que dieron todo por la patria. El día que Madryn se quedó sin pan A poco de finalizar la guerra, los británicos coordinaron el retorno de los soldados argentinos prisioneros. Se emprendió entonces un camino para devolver el 80 por ciento de los combatientes a un único puerto. Y ese era el de la ciudad de Madryn. A bordo del HMS Canberra, el contingente llegó y descendió por el muelle Almirante Storni camino a unos camiones que esperaban por ellos. Se subieron a las cajas cubiertas por lonas verdes y emprendieron un camino silencioso (como se había acordado) por el punto neurálgico de la pequeña urbanización. Al tratarse de un movimiento poco común, la gente se acercó a los sigilosos transportes y empezó a gritar en favor de los soldados. De pronto, los menos tímidos corrieron las lonas y se dejaron ver. Las madres, padres, ancianos, niños, profesionales todos, absolutamente todos los que estaban allí, comenzaron a aplaudirlos, a agradecerles por sus hazañas, por el valor. La mejor idea fue entregarles pan, debido al hambre que habían pasado en las islas. La noticia se corrió como la pólvora. Empezaron a llegar más madrynenses y el pan se convirtió en un símbolo de entrega para agradecer, un mimo. Un cariño de bienvenida. Entre lágrimas y el corazón a pulso rápido, las panaderías se quedaron sin pan, sin facturas, sin tortas fritas; ni siquiera tenían más harina para seguir produciendo. Como contrapartida, ellos les dieron sus cascos y chapitas identificatorias, que décadas más tarde serían parte del Museo del Centro de Veteranos de Puerto Madryn. Las madres solicitaban los números de teléfono de las casas de los poco más de 4172 soldados de diferentes provincias que desembarcaron, con el propósito de avisar a las familias de que estaban vivos. Otros invitaron a los combatientes a pasar una noche o varios días con ellos. Les ofrecieron una ducha caliente, comida potente y un abrazo profundo para sanar ese horror experimentado en el campo de batalla. Algunos de los soldados no llegaron al galpón que se les había destinado para una posterior reubicación. Se quedaron en las casas de los habitantes que les abrieron las puertas. Luego retornaron a Buenos Aires y Campo de Mayo, para más tarde ir a sus respectivos hogares. Esa misma suerte no corrieron otros contingentes que llegaron días después al puerto chubutense, ya que, para evitar la gente, se los movilizó por una ruta diferente y pasaron desapercibidos ante la mirada de todos. Una fecha para no olvidar Mediante la Ordenanza Municipal N° 9449, se decidió en 2016 que cada 19 de junio se conmemore el Día en que Puerto Madryn se quedó sin pan: por la solidaridad y gratitud de los vecinos. Pese a que pasaron más de 40 años, este hecho aún remueve el recuerdo de los habitantes, que se transformaron simbólicamente en la totalidad del pueblo argentino que abrazó a sus héroes cuando lo necesitaron.
Ver noticia original