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» TN
Fecha: 02/04/2026 13:07
Los dólares del campo siguen fluyendo como gran sostén de la economÃa argentina. En marzo, la agroindustria liquidó más de US$ 2000 millones, que suman US$5100 millones. Es una cifra muy parecida a las compras de divisas que compró el Banco Central, $4385 millones y permitieron contener el tipo de cambio y la inflación. Leé también: El agro representa el 60% de las exportaciones de bienes y alcanzó el tercer total más alto de la historia Sin embargo, por las retenciones y otros impuestos que capturan desde el Estado gran parte de lo que genera la amplia cadena de base agropecuaria, con sus industrias y servicios asociados, las mujeres y varones que trabajan en esa red federal de múltiples actividades, ven poco del boom que invocó el ministro de EconomÃa, Luis Caputo. Los beneficios que implica producir alimentos y energÃa en cantidades que otros paÃses envidian (por eso cotizan bien en el mundo), se diluyen antes de que lleguen a los bolsillos de empresas y productores. Leé también: Efecto guerra de Medio Oriente: sube la participación del Estado en la renta del agro y golpea al trigo Está claro que otros sectores de actividad no tienen siquiera esa posibilidad relativa, pero mal de muchos no deberÃa ser consuelo de tontos. El motor productivo de la Argentina (que sólo es lÃder mundial en fútbol y en agroindustria, dicho sea de paso) funciona a media máquina porque los impuestos se llevan entre la mitad y dos tercios de la renta agrÃcola. El dato más crÃtico es el del trigo, que llega al 104,4%, porque la carga impositiva es mayor a la renta generada y el resultado económico no alcanza siquiera para cubrir el pago de los impuestos, según advierte Fiorella Savarino, economista de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de la Argentina (FADA). SerÃa distinto si la renta del campo quedara como capital de trabajo en manos de los que lo generan. No hay que inventar la pólvora. En Brasil, por ejemplo, con polÃticas que trascienden a los partidos polÃticos, han reducido la pobreza sin divagar con fórmulas de supuesto equilibrio socio-laboral, que en las últimas décadas aquà sólo han provocado estancamiento. Leé también: Por la guerra en Medio Oriente, el campo advierte que podrán subir hasta 11% los costos de producción del agro Encima, los costos aumentan por la guerra. Porque no es cuestión de poner una semillita y listo: detrás de los altos niveles productivos hay mucha gente y muchos recursos puestos en juego desde la tierra y los fertilizantes hasta los desarrollos cientÃficos y operativos. Por supuesto otra amenaza es el clima. Hoy hay anegamientos en varias zonas del centro bonaerense que amenazan la cosecha. Leé también: Inundaciones y complicaciones en el corazón productivo bonaerense un contexto de escasas inversiones en infraestructura, de larga data, que no retribuye en caminos rurales ni en obras hÃdricas los impuestos y tasas que se cobran, desde la Nación hasta los municipios. Con todo, las economÃas regionales de base biológica siguen ofreciendo oportunidades. TodavÃa se puede seguir mirando el medio vaso lleno. No como consuelo, sino para no perder la esperanza.
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