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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 02/04/2026 11:15
La crisis diplomática entre Argentina e Irán escaló en las últimas horas con una decisión de máxima gravedad: el Gobierno de Javier Milei declaró persona non grata al encargado de negocios de la embajada iraní en Buenos Aires y le ordenó abandonar el país en un plazo de 48 horas. La medida fue oficializada por la Cancillería a través de un comunicado difundido por el canciller Pablo Quirno y luego replicado por el propio Presidente, en el que se informa que la República Argentina ha declarado persona non grata al Sr. Mohsen Soltani Tehrani, Consejero y Encargado de Negocios ad interim de la República Islámica de Irán [] y debe abandonar el territorio nacional en un plazo de 48 horas. El texto precisa que la decisión se adopta de conformidad con el artículo 9 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961, el mecanismo jurídico que permite a un Estado expulsar a un representante extranjero sin necesidad de mayores explicaciones formales. La decisión se produce como respuesta directa al comunicado difundido el día anterior por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, que había marcado un fuerte punto de tensión en el vínculo bilateral. En ese documento, el régimen teocrático sostuvo que condena enérgicamente la acción ilegal e injustificada del gobierno argentino y calificó la decisión de incluir a la Guardia Revolucionaria en el listado de organizaciones terroristas como una ofensa imperdonable al pueblo iraní. Además, el texto iraní cuestionó la legitimidad de la medida al afirmar que no solo viola los principios fundamentales del derecho internacional [] sino que constituye un error estratégico, y avanzó un paso más al advertir que esta decisión [] genera responsabilidad internacional para el Estado argentino. En su argumentación, Teherán atribuyó la decisión a factores externos. Señaló que fue adoptada bajo la influencia del régimen sionista ocupante y de Estados Unidos y sostuvo que se produce en simultáneo con la agresión militar de esas potencias contra Irán, en referencia al actual escenario de ofensiva militar en Medio Oriente. El comunicado iraní también incluyó una definición política sobre la conducción argentina. Allí se afirma que el presidente y el canciller se han colocado como cómplices de los crímenes cometidos y del lado equivocado de la historia, en una formulación que escaló el tono del conflicto. Frente a ese posicionamiento, la Cancillería argentina respondió con un texto que no solo oficializa la expulsión, sino que también fija una posición política y jurídica más amplia. El comunicado señala que la decisión se adopta en respuesta al comunicado difundido el día de ayer por el Ministerio de Asuntos Exteriores de la República Islámica de Irán, que contiene acusaciones falsas, ofensivas e improcedentes contra la República Argentina y sus más altas autoridades. Y agrega un punto central en la argumentación oficial: esas declaraciones constituyen una inaceptable injerencia en los asuntos internos de nuestro país y una tergiversación deliberada de decisiones adoptadas conforme al derecho internacional y al ordenamiento jurídico nacional. El texto también vincula este episodio con el histórico conflicto judicial entre ambos países. En ese sentido, advierte que la situación se suma a la persistente negativa de la República Islámica de Irán a cooperar con la Justicia argentina en la investigación del atentado contra la AMIA. La Cancillería va más allá y remarca que Irán mantiene un reiterado incumplimiento de las órdenes internacionales de detención y extradición de los responsables, en referencia a los pedidos de captura que pesan sobre ex funcionarios del régimen por su presunta participación en los atentados terroristas de los años 90. En otro tramo, el comunicado introduce un elemento adicional de gravedad al señalar que resulta particularmente grave la designación en cargos de alta responsabilidad del Cuerpo de Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) de personas requeridas por la Justicia argentina. El cierre del texto refuerza el posicionamiento político del Gobierno: La República Argentina no tolerará agravios ni injerencias de un Estado que ha incumplido de manera sistemática sus obligaciones internacionales y que persiste en obstaculizar el avance de la justicia. Y concluye con una definición que sintetiza la línea oficial: La República Argentina reafirma su compromiso inquebrantable con la memoria, la justicia y la lucha contra el terrorismo, así como con el pleno respeto del derecho internacional. La secuencia de hechos muestra una escalada en apenas 48 horas. Primero, la decisión argentina de declarar organización terrorista a la Guardia Revolucionaria, basada en antecedentes judiciales vinculados a los atentados contra la Embajada de Israel en 1992 y la AMIA en 1994. Luego, la respuesta iraní, con un comunicado que combinó descalificaciones, acusaciones y advertencias diplomáticas. Finalmente, la reacción argentina con la expulsión del principal representante diplomático iraní en el país. En paralelo, el contexto internacional agrega un factor de tensión adicional. La crisis se desarrolla en medio de la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán, un escenario que condiciona las posiciones diplomáticas y en el que el Gobierno argentino ha decidido alinearse de manera explícita con Washington y Jerusalén. En ese marco, la Guardia Revolucionaria estructura central del sistema de poder iraní se convierte en el eje del conflicto. Mientras la Argentina la señala como una organización vinculada al terrorismo internacional, el régimen iraní la reivindica como defensora de la seguridad nacional y la fuerza más efectiva contra el terrorismo. El contraste entre ambas posiciones es total. Y la expulsión del encargado de negocios iraní termina de consolidar un deterioro acelerado del vínculo bilateral, en un escenario donde la confrontación ya no es solo discursiva, sino también diplomática y operativa. La crisis diplomática entre Argentina e Irán escaló en las últimas horas con una decisión de máxima gravedad: el Gobierno de Javier Milei declaró persona non grata al encargado de negocios de la embajada iraní en Buenos Aires y le ordenó abandonar el país en un plazo de 48 horas. La medida fue oficializada por la Cancillería a través de un comunicado difundido por el canciller Pablo Quirno y luego replicado por el propio Presidente en sus redes sociales, en el que se informa que la República Argentina ha declarado persona non grata al Sr. Mohsen Soltani Tehrani, Consejero y Encargado de Negocios ad interim de la República Islámica de Irán [] y debe abandonar el territorio nacional en un plazo de 48 horas. La decisión se produce apenas horas después de la amenazante reacción del régimen teocrático de Irán a la inclusión de la Guardia Revolucionaria en el listado argentino de organizaciones terroristas, una medida que generó un fuerte rechazo de Teherán y una advertencia explícita hacia el Estado argentino. En ese comunicado previo, el Ministerio de Relaciones Exteriores iraní había calificado la decisión argentina como ilegal e injustificada y había advertido que esta decisión [] genera responsabilidad internacional para el Estado argentino, en lo que fue interpretado como una señal de presión diplomática. La respuesta de la Casa Rosada fue inmediata y contundente. Según el comunicado oficial difundido este miércoles, la expulsión del diplomático iraní se adopta en respuesta al comunicado difundido el día de ayer por el Ministerio de Asuntos Exteriores de la República Islámica de Irán, que contiene acusaciones falsas, ofensivas e improcedentes contra la República Argentina y sus más altas autoridades. El texto agrega que esas manifestaciones constituyen una inaceptable injerencia en los asuntos internos de nuestro país y una tergiversación deliberada de decisiones adoptadas conforme al derecho internacional y al ordenamiento jurídico nacional. La decisión se apoya, además, en el artículo 9 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961, que habilita a un Estado a declarar persona non grata a un representante extranjero sin necesidad de fundamentación adicional. Pero el comunicado va más allá de la respuesta puntual y vuelve a colocar en el centro del conflicto el histórico reclamo argentino por los atentados terroristas de los años 90. En ese sentido, la Cancillería subraya que el episodio se suma a la persistente negativa de la República Islámica de Irán a cooperar con la Justicia argentina en la investigación del atentado contra la AMIA, así como a su reiterado incumplimiento de las órdenes internacionales de detención y extradición de los responsables. La referencia no es menor. La Justicia argentina ha sostenido durante décadas la responsabilidad de funcionarios iraníes en los atentados contra la Embajada de Israel en 1992 y la AMIA en 1994, que dejaron más de 100 muertos. Esos expedientes siguen siendo un eje estructural de la relación bilateral. El comunicado oficial también introduce un elemento adicional de gravedad al señalar que resulta particularmente grave la designación en cargos de alta responsabilidad del Cuerpo de Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) de personas requeridas por la Justicia argentina, una afirmación que conecta directamente con la decisión previa de declarar a esa estructura como organización terrorista. En el tramo final, el Gobierno fija una posición política sin matices: La República Argentina no tolerará agravios ni injerencias de un Estado que ha incumplido de manera sistemática sus obligaciones internacionales y que persiste en obstaculizar el avance de la justicia. Y concluye con una reafirmación de línea: La República Argentina reafirma su compromiso inquebrantable con la memoria, la justicia y la lucha contra el terrorismo, así como con el pleno respeto del derecho internacional. La expulsión del diplomático marca un punto de inflexión en la relación entre ambos países. No se trata de una protesta formal ni de un llamado a consultas: es una medida concreta que reduce al mínimo el vínculo diplomático y eleva el conflicto a un nivel superior. El episodio se inscribe en una escalada que comenzó con la decisión argentina de declarar organización terrorista a la Guardia Revolucionaria una de las principales estructuras de poder del régimen iraní y continuó con la respuesta de Teherán, que combinó descalificaciones, acusaciones y advertencias. En paralelo, el trasfondo internacional potencia el conflicto. La crisis se desarrolla en medio de la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán, un escenario que reconfigura alianzas y en el que el Gobierno argentino ha decidido alinearse de manera explícita con Washington y Jerusalén. En ese contexto, la reacción iraní y la posterior respuesta argentina dejan en evidencia un endurecimiento de posiciones que trasciende lo bilateral y se proyecta sobre el tablero geopolítico global. El intercambio de comunicados en las últimas 48 horas muestra dos narrativas opuestas. Por un lado, la Argentina fundamenta sus decisiones en antecedentes judiciales y en la necesidad de combatir el terrorismo. Por el otro, el régimen iraní niega esas acusaciones, denuncia injerencia externa y responde con una retórica confrontativa. La expulsión del encargado de negocios iraní sintetiza esa tensión. Y anticipa un deterioro aún mayor en la relación entre ambos países, en un momento en que la política exterior argentina ha decidido avanzar sin ambigüedades en una estrategia de confrontación con el régimen de Teherán.
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