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» TN
Fecha: 02/04/2026 09:46
Reiterados errores no forzados le han complicado al gobierno de Milei poder disfrutar de las pocas buenas noticias que le ofrece últimamente la economía. El primer error fue sobre ofertar. En el arranque del 2026 Milei anunció que en adelante tendría solo buenas noticias para dar, que este sería el año de la grandeza argentina (sic), y que la inflación sería por completo eliminada en pocos meses más. Nada de eso pasó, y entonces el clima de opinión se le volvió rápidamente en contra: los indicios de que la economía sigue creciendo y de que la inflación pronto va a volver a retroceder quedaron minimizados, sonaron a poca cosa porque se consideraron a la luz de aquellas promesas, no de las posibilidades reales, las expectativas volvieron a ser predominantemente pesimistas, y se generalizó la sensación que el programa de gobierno viene fracasando. Lo que se agrava por el hecho de que la mayor parte de la gente está más ligada a la parte de la economía que enfrenta problemas que a la que prospera. El segundo error fue suspender la actualización de la canasta de consumo del IPC, una increíble torpeza del Presidente, con la que pudo haberse ahorrado unas pocas décimas en la medición de inflación de estos meses y de los que vengan, pero le quitó credibilidad al gobierno en general, y a las estadísticas que le den bien en particular. Datos relativizados Desde entonces se volvió un lugar común de la conversación pública la afirmación de que el Indec de Milei es tan poco creíble como el del kirchnerismo, y que si se hubiera medido bien la inflación del año pasado hubiera dado 10 o 15 puntos más de lo que se informó. Cualquier cosa puede decirse y sonar verosímil cuando los datos más básicos de la realidad han empezado a relativizarse. Que es justamente lo que ahora está pasando con el dato de pobreza. El 28,2% informado para el segundo semestre de 2025 fue bastante menor que lo que todos esperábamos. Y la reacción de la mayoría, incluso de muchos no opositores y hasta oficialistas, fue dudar del número, en vez de buscarle explicaciones. Los oficialistas no quieren decirlo, pero tienen cola de paja, así que no hacen mucha bambolla. Salvo Milei, que salió con un tuit previsible: Dato, no relato. Los demás prefieren no discutir tampoco el asunto, aunque abonan las sospechas. Ignoran o minimizan el número, porque temen lo que significa para sus más acendradas creencias. Porque lo cierto es que también sus previsiones han vuelto a fallar: por más que se corrija la medición de pobreza con la inflación correspondiente a la nueva canasta del IPC, el resultado sería igual mucho menor al del año anterior (cerca de 10 puntos menos), y hasta de principios de 2025, cuando la economía crecía a buen ritmo; y si la desinflación generó semejante beneficio para los más pobres, incluso cuando en la segunda mitad del año pasado la economía se estancó y enfrentó una feroz crisis cambiaria, haberse opuesto al ajuste del gasto público para conseguirlo parece no haber sido tan progresista como ellos creían, ni tan propio de gente atenta a los intereses de los más necesitados, como se autoperciben. ¿No era que el ajuste del gasto público estaba cayendo en las espaldas de los más débiles? Parece que no. ¿Y que el programa económico iba a polarizar más la ya muy injusta estructura social argentina? Parece que tampoco. Para no tomarse el trabajo de pensar que la realidad es más compleja, lo más fácil es asumir que los números son mentirosos, y listo. El indicador igualmente sigue ahí Los números nos muestran algunas cosas interesantes. Para empezar, confirma que el ajuste del gasto fue bastante menos perjudicial para los sectores bajos que para los medios. Ante todo, porque la mayor parte del gasto público que Milei heredó no llegaba a los más pobres, se lo agenciaban otros sectores. Y porque el libertario no disminuyó sino que aumentó lo poco que sí llegaba a los estratos más necesitados: la AUH, la tarjeta Alimentar y algunos otros rubros. Además, se está dando un regreso a la actividad económica entre los mayores de edad, que explica la poca incidencia que ha tenido el retraso de las jubilaciones durante los últimos años en el índice de pobreza: la PEA creció bastante en 2025, y lo hizo con mayor intensidad entre los mayores (11,7% en el grupo de 66 años o más), seguidos por el estrato de 51 a 65 años (7,9%). Si entre los jubilados el índice de pobreza es de apenas 9,7%, se debe en parte al menos a que muchos de ellos han vuelto a trabajar. No es precisamente una buena noticia, ni un indicador de fortaleza de nuestro mercado de trabajo, ni del proceso de crecimiento económico, como pretendió concluir Luis Caputo. Leé también: Ni las buenas noticias sobre YPF alcanzan para que zafe Manuel Adorni Pero lo cierto es que la sociedad argentina no se está polarizando, estaba ya antes muy polarizada y puede que lo esté cada vez menos si la economía sigue recuperándose y la inflación vuelve a bajar; ni se está empobreciendo generalizadamente, eso fue lo que sucedió en la última década y media, no en estos últimos dos años. Aunque es cierto también que buena parte de los que no son pobres, sino de clase media o media baja, están peor ahora que antes, y muchos mayores de edad, que deberían estar disfrutando su merecido descanso, están obligados a trabajar en aplicaciones para no caer en la inanición. 28,2% es un buen dato, pero sigue siendo además altísima.
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