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» Clarin
Fecha: 02/04/2026 06:20
Entre los recién premiados con los Oscar, y esta vez en el género del largo documental, figuró Mr Nobody contra Putin, una obra del cineasta estadounidense David Borenstein y del docente ruso Pável Ilych Talankin. Era obvio que el régimen ruso a través de su Ministerio de Justicia no demoraría en colocar a Talankin en su lista de proscriptos. La semana pasada lo declaró agente extranjero, con todo el riesgo que conlleva: recordemos antecedentes de opositores, que van desde el confinamiento en sus nuevos Gulag hasta el envenenamiento o aquellos que aparecieron suicidados desde lo alto de un edificio. Un anticipo de la decisión del Ministerio fue que un tribunal de la región de los Urales, donde se daban las clases que revela el documental, había prohibido su difusión. Talankin, arriesgando su vida, había grabado la propaganda que un colegio de Krabash en esa región- les impone a los estudiantes en relación a la invasión a Ucrania. El cineasta, y antiguo docente en aquel colegio, se exilió hace dos años en la República Checa, país que presentó la obra ante la Academia de Hollywood. Según el Ministerio de Justicia de Rusia, Talankin difunde información falsa sobre la operación especial en Ucrania. Y dijo que grabó a los menores sin el consentimiento de sus padres. Ironías Talankin se mostró ahora sorprendido ante los medios independientes rusos. Honestamente, no esperaba que me declarasen agente extranjero porque la película ya tiene un año, es vieja. ¿Por qué ahora? ¿Les ha molestado tanto el Oscar?, declaró al canal de noticias Vot Tak. Por supuesto, su coronación en los Oscar fue ignorada por las agencias de noticias y las televisiones rusas. Y ahora, con la designación de agente extranjero queda proscripto de toda vida pública en su país. Esa misma excusa sirvió para clausurar organizaciones de derechos humanos. Por ejemplo, la Fundación Memorial, que difundió los nombres de millones de víctimas de la represión durante la era soviética. La cerraron en 2021, poco antes de la invasión a Ucrania. La obra Krabash es una localidad de apenas 10 mil habitantes, que se conoce por una fábrica de fundición de cobre y por sus altos niveles de contaminación. Talankin era profesor y coordinador de eventos en la escuela. Durante dos años, con sus cámaras, registró la propaganda, manipulación histórica y política, la exaltación nacionalista y el adoctrinamiento cultural que emprendió el régimen de Putin con los alumnos. Vinculado a Borenstein, éste llevó adelante la producción técnica del documental. Allí aparecen canciones patrióticas, chicos asombrados ante los mensajes, desfiles militares, prácticas con armas de guerra, un plan de estudios a favor de la invasión a Ucrania, un país al que llaman nazi. Y aparecen frases como Gran Bretaña es una isla diminuta en la que mataron a su propia gente en la Segunda Guerra Mundial o en Estados Unidos hay manifestaciones diarias a favor de Rusia. Los chicos mayores del colegio en los Urales son víctimas inmediatas: los recién graduados figuran en las primeras listas de reclutados para el frente. Con sentido de la democracia, arrojo humano, sencillez artística y profundidad política, Borenstein y Talankin conmueven radiografiando el horror en el que se asientan las dictaduras: en el miedo y en la educación completa e integral en el disparate. Han documentado la crueldad del tiempo presente. Y es posible que también hayan mostrado el germen de algo mucho peor aún por venir. Como ya dijo Ingmar Bergman en su película, estos críos no son más que el huevo de la serpiente describió el crítico Javier Ocaña en El País. Por la paz Talankin, de 35 años, defendió su obra como un testimonio para la posteridad, para mostrar cómo toda una generación se volvió airada y agresiva. Al recibir el Oscar este mes, hizo un llamado para que terminen las guerras. Pocas semanas antes, también lo premiaron en los Bafta donde lo anunció Mónica Bellucci- y en otros festivales. Los productores checos del documental, Alzbeta Karasková y Radovan Síbrt, comentaron para Radio Praga: En primer lugar, el tema es de actualidad. No se trata solo de la guerra en Ucrania. El documental es antibelicista y trata sobre cómo un individuo puede defenderse, enfrentarse a la opinión mayoritaria y cambiar el mundo que le rodea, o al menos intentarlo. Esto es crucial. También es crucial cómo podemos perder nuestra libertad, cómo los pasos son pequeños, imperceptibles, pero terriblemente rápidos. Así que la gente no lo ve solo como una historia rusa o ruso-ucraniana, sino que ve historias que también se van desarrollando en sus propios países. Síbrt asegura que el Oscar ayudará a darle más visibilidad aún al: Nos complace que Talankin vea ahora que su historia sí importa y sí tiene gran repercusión internacional. Pavel sacrificó su vida, una vida que amaba, al decidir denunciar la mentira que se vive en Rusia, y lo hizo sin miedo a arriesgar su seguridad personal y hasta su vida. El Oscar pone el documental aún más alto. Creo que ahora más gente verá su película, que es importante, como importante es que su sacrificio no haya sido en vano. Sobre la firma Newsletter Clarín
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