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  • La vida en modo multitareas

    » Clarin

    Fecha: 02/04/2026 06:20

    Una de las cosas que más me está costando últimamente es aguantarme de mirar el celu en los semáforos. Yo sé que para manejar hay que prestar plena atención a la calle, pero mi poder de enfoque es inversamente proporcional a la cantidad de asuntos que tengo en la cabeza, y últimamente son demasiados. Todos arrancamos el otoño tirándonos de bomba a la correntada de obligaciones cotidianas, y el tetris de nuestro día está por tocar el techo. Tenemos un trabajo principal, varias changas para completar el sueldo, algún proyectito personal que no queremos postergar, además de llevar y traer los chicos, discutir con los ex, administrar la guita, etc. Nada de esto es novedad. Pero hubo una época -y aquí está el quid de la cuestión- hubo una época en la que hacíamos las cosas de a una. El problema, para mí, empezó en los noventas, más precisamente en 1995, con el advenimiento del famoso Windows 95, y su destacada función multitareas; una revolucionaria herramienta que nos permitió dejar de concentrarnos en lo que estábamos haciendo, para arrojarnos a un vertiginoso desplegar de infinitas ventanas simultáneas. Con la noble intención de permitir que algunas variables se actualicen en segundo plano, este eficaz sistema operativo abrió bajo nuestros pies un abismo de impaciencia voraz, y nos volvimos incapaces de esperar a que un proceso se complete antes de comenzar el siguiente. De ahí al trastorno de ansiedad generalizada, un paso. Y como si no fuera bastante con esta maldición, a los pocos años llegaron los celulares, y la idea de hablar por teléfono cuando estás tranquilo en tu casa fue desterrada para siempre. En reemplazo se impuso un nuevo paradigma: el de la disponibilidad permanente, y con ella, la multitarea humana. Aparecieron los smartphone, y nos tiraron encima un millón de aplicaciones que podemos -y debemos- estar chequeando permanentemente, bajo riesgo de quedar desactualizados, de las noticias, las relaciones sociales o el clima. Y esto recién empieza. Me acuerdo de una mañana en los ochentas. Yo estaba en segundo grado y tenía que copiar cinco oraciones del pizarrón. Como era bastante inquieta -o me creía muy viva- y me aburría hacerlo de manera lineal, decidí abrir mi propio multitasking y escribir la primera palabra de cada frase antes de pasar a la segunda. El resultado fue un desastre. No me alcanzó el renglón, se me encimaron las palabras y entré en una crisis de llanto de la que solo me sacó la dulzura de un maestro al que le divertían mis ocurrencias. Cuando sobrecargamos la compu se cuelga. Reseteamos la CPU, lamentamos lo perdido y seguimos. Pero cuando sobrecargamos nuestro sistema nervioso, no sabemos qué puede pasar. Me pregunto qué pensaría mi maestro Gabriel. Ojalá todas las macanas que nos mandamos por hacer demasiadas cosas a la vez, pudiesen resolverse como entonces, con una goma de borrar. Sobre la firma Newsletter Clarín

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