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  • Autismo, oportunidades y una pregunta que no puede esperar

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 02/04/2026 04:45

    Cada 2 de abril, cuando el mundo conmemora el Día de la Concienciación sobre el Autismo, proclamado por la ONU en 2007, vuelvo al mismo punto: no necesitamos más discursos, sino abrir nuevas conversaciones y más oportunidades. Soy el papá de Iván. Me presento de esta forma con orgullo y emoción. Hace 24 años, recibimos un diagnóstico que, en ese momento, sonaba como una sentencia: Trastorno Generalizado del Desarrollo con conductas autistas. Hoy seguimos hablando del Trastorno del Espectro Autista (TEA) desde un marco diferente. La llegada de Iván a nuestras vidas nos transformó para siempre y nos hizo mejores personas. Para muchos padres como yo, nuestro hijo se convirtió en mi guía. Durante décadas, el autismo fue concebido desde el límite. Se miraba a las personas desde todo lo que no iban a poder ser ni hacer. Aprendí a fuerza de burocracias, incertidumbre, miedos y del amor como fuerza principal que ese es el primer error que necesitamos corregir. No solo los padres, sino todos los seres humanos que forman parte de un entramado social que pretende sanarse. Iván no es lo que no puede hacer. Iván es quien es y todo el despliegue de su insospechado e inesperado potencial. Amarlo desde su ser y criarlo desde una mirada diferente nos cambió la vida y modificó sus futuros posibles. Iván fue pionero, abrió caminos, sin proponérselo. Fue el primer alumno con integración particular en la provincia de Buenos Aires, en una época donde cruzar la General Paz implicaba también cruzar una frontera en términos de derechos. Nada fue sencillo. Hubo que insistir, argumentar y sostener decisiones frente a miradas limitantes y estructuras que, muchas veces, terminan restringiendo posibilidades. Necesito insistir: un diagnóstico no es pronóstico. Es un punto de partida, una primera comprensión. Nunca es un destino. En el autismo, cada caso es único, así como somos las personas todas. Todos los que acompañamos el crecimiento de nuestros hijos sabemos muy bien que no hay recetas, ni atajos, ni caminos lineales. No hay garantías, no hay causas y consecuencias predeterminadas. En el autismo también es así. ¿En qué es bueno Iván? ¿Qué le gusta? ¿Qué disfruta? ¿En qué lugares y junto a quiénes él despliega todo lo que es? Preguntas como estas nos ayudaron a tomar buenas decisiones, para nosotros como padres y, lo más importante, para la vida de él. La música apareció como una gran respuesta, y con la música, el lenguaje. Iván no hablaba, pero cantaba. No se comunicaba como nosotros, pero encontraba formas de decir. Hoy es percusionista, cantante y fundador de Iván y sus amigos. Junto a músicos profesionales, desde hace más de 13 años es parte de un proyecto que no solo produce música: demuestra que la inclusión y la convivencia son posibles y reales. Recientemente, el documental sobre su vida, Los silencios de Iván, fue nominado a los Premios Emmy Suncoast 2025. Se trata de un hecho inédito que trasciende lo artístico: pone en evidencia que, cuando existen oportunidades y acompañamiento, las diferencias no limitan, sino que potencian. Sin embargo, esta no es la realidad de la mayoría. Las estadísticas ayudan a dimensionar el desafío. A nivel internacional, se estima que 1 de cada 36 niños se encuentra dentro del espectro autista. En Argentina, si bien no existe aún un censo oficial específico sobre TEA, distintas proyecciones permiten estimar que más de un millón de personas podrían estar dentro del espectro. Es decir, no se trata de una realidad marginal: atraviesa a toda la sociedad. Y, sin embargo, las respuestas aún son insuficientes. Lo digo con claridad: una gran parte de las familias no cuenta con los recursos necesarios para acceder a los tratamientos, apoyos y profesionales que sus hijos requieren. Allí aparece una deuda estructural: el acompañamiento no puede depender exclusivamente de la capacidad económica. A esto se suma un factor más silencioso, pero igualmente determinante: el desconocimiento. Y con él, el miedo. Cuando no conocemos, nos incomoda. Y cuando nos incomoda, tendemos a alejarnos. Por eso insisto en hablar, en visibilizar, en compartir experiencias. No para dramatizar el autismo, sino para comprenderlo. Es necesario correrse de los rótulos. Las etiquetas, lejos de ayudar, muchas veces encasillan y reducen. Las personas no son diagnósticos. Como padre, hay una pregunta que nunca deja de aparecer: ¿qué va a ser de la vida de tu hijo cuando vos no estés? Esa es la verdadera urgencia. Y la respuesta trasciende a las posibilidades de la familia. La respuesta está en una sociedad que incluya de manera efectiva. En escuelas que integren con sentido. En profesionales que no subestimen. En un Estado que facilite en lugar de obstaculizar. Y también en un sector privado comprometido. A las empresas les digo algo concreto: abran la mente. Generen oportunidades reales de inclusión laboral. No lo planteo desde una experiencia individual, sino desde una convicción colectiva. Sabemos lo que significa encontrarse con barreras. También sabemos lo que sucede cuando alguien decide confiar. Por eso hoy, más que nunca, la inclusión no es un discurso. Es una decisión. A las familias que están recibiendo un diagnóstico, quiero comunicarles algo con serenidad: no se asusten. El mundo no se termina. Comienza un camino distinto. Exigente, sí, pero también profundamente transformador. No se aíslen. No tengan vergüenza. Consulten, compartan, busquen redes. Y, sobre todo, miren a sus hijos: allí están las claves. En lo personal, Iván transformó mi vida. Me enseñó a ampliar la mirada, a ser más empático, a comprender que todos tenemos limitaciones, pero también capacidades. Y que el verdadero desafío está en descubrirlas y desarrollarlas. Si logramos, como sociedad, pasar de una lógica centrada en la limitación a una enfocada en el potencial, estaremos más cerca de una convivencia real, donde la diversidad no reste sino que sume. Porque, en definitiva, de eso se trata: de que todas las personas tengamos las mismas oportunidades para lograr nuestra mejor versión.

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