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Crespo » Paralelo 32
Fecha: 01/04/2026 22:44
La diferencia entre el curro y una punición ordenada, que merezca el respeto de la sociedad y no el concepto de cazabobos para hacer caja. Lo que se observa en las rutas de Entre Ríos bajo el pretexto de cuidar o mejorar la seguridad vial, está muy lejos de aquel propósito. Impera el criterio de no invertir en señalización y en cambio instalar radares para el control de velocidad, con fines recaudatorios abusivos. Ese lenguaje icónico que representa la cartelería vial, para ordenar el tránsito, tartamudea en algunas partes y en otras directamente ha enmudecido. Se salvan los que indican destinos, distancias o ingresos a ciudades y algunos carteles solitarios con límites de velocidad. Se supone que esa carencia, parcial, total o deficiente según por donde transitemos, probablemente tiene una responsabilidad jurídica a la inversa. Es decir, cuando una norma o un riesgo está señalizado, el conductor queda formalmente advertido, y si las indicaciones, la responsabilidad del hecho recae en quien no respetó la señal. A la inversa es cuando no se ha señalizado con suficiente claridad y cantidad, y es cuando debería recaer la responsabilidad civil sobre el Estado, en caso de infracción grave o accidente. Además, qué clase de seguridad ofrecen unos radares que obligan a bajar la velocidad en el kilómetro equis, si una vez atravesado ese sensor se vuelve a acelerar sin límites. Y quién controla al controlador, generalmente un concesionario ávido de facturar porque se lleva el 45%. Inequidades varias Es típico del subdesarrollo plantar radares de velocidad en rutas donde ni siquiera se le indica al conductor con suficiente eficacia las velocidades que debe respetar. Es un buen negocio, pero requiere de las inversiones necesarias y mayor equidad, porque no se puede punir con el mismo monto al que -quizás por descuido- se excedió en un diez por ciento de un máximo de 60 km/h, que a aquel que duplicó irresponsablemente esa velocidad, o más que eso. Equidad es, además, que la misma norma se aplique al que viaja con patente de bronce como a patentes de aluminio. Jueces y funcionarios saben a qué me refiero. Además; ¿no es acaso un derecho del multado, que en la notificación se consigne el número de certificado del organismo que calibró y homologó el cinemómetro, si esa obligación está cumplida, para darle posibilidad de verificarlo? Advertencia para turistas A comienzos de 2015 las multas por exceso de velocidad en la ruta 26 (Nogoyá-Victoria), deteriorada, deformada y ahuellada por el tránsito internacional fuera de control, y deficiente en señalética, eran de $ 527.310. Probablemente un récord nacional. En ruta 11 también exceden largamente los cuatrocientos mil pesos, y en todas se pena con la misma severidad a quien se excede en 7 km/h como al que se excede en 100 km/h. Falta inversión en serio En Entre Ríos hace falta invertir en rutas inteligentes. Se las puede ver en países con menos recursos, como Uruguay, nuestro vecino, con zonas muy bien cuidadas en el Este, fuera de las autovías, con pórticos de señalamiento electrónico en sectores críticos, con visores led que indican la velocidad del automóvil que se acerca y se le advierte el máximo. Incluso en partes se gestiona el tráfico con IA. A contrapelo de aquello, tenemos de este lado del Uruguay el caso de Crespo -para citar solo uno y cercano-, ciudad atravesada por la ruta 12, y Gral. Ramírez en igual situación. Desde la circunvalación (rutas 131 y 32) hasta el parque industrial Crespo, la zona se ha poblado de empresas de todo tipo, sin calles colectoras, con circulación de personas y vehículos que acceden a la ruta 12 o frenan para bajar. Afluyen dos bulevares de ingreso e ingreso a la ciudad, un acceso a parque industrial, y dos caminos de acceso desde las aldeas cercanas. Es nacional, aquí zafa la provincia y tiene jurisdicción la Municipalidad. En un tramo tan complejo como este, se pretende resolver con dos radares (por ahora solo testimoniales) para castigar al que se excedió levemente, mientras juegan su juego los conocedores de la ruta, cuidándose en los puntos de medición y acelerando sin límites antes o después de ellos. Libertador San Martín (ruta 131) es otra historia, donde la Municipalidad administra las multas y también los semáforos. Hubo épocas en que fue vergonzoso su funcionamiento, cuando parecían preparados para recaudar. En tramos cortos muy poblados a la vera de la ruta y con creciente inversión comercial e industrial, si la idea es evitar accidentes, se debería instalar señalamientos electrónicos indicando en toda su extensión los mínimos y máximos y exhibiendo al conductor su velocidad. Hay unos pocos de estos dispositivos en la provincia; son antiguos cuando los comparamos con los uruguayos y están en el interior del túnel subfluvial. El valor de las multas en Entre Ríos llega a cuadruplicar el de otras provincias, aunque casi todas coinciden en coaccionar al castigado, que si paga calladito y sin protesta le costará solo la mitad, y si resuelve no pagar el mínimo y quejarse, debe presentar pruebas de su inocencia, algo objetiva o materialmente imposible. Mientras esto pasa, la estadística de accidentes no decae, crece, el año recién empieza y van 40 muertos. Permítasenos, por todo esto, sospechar que no hay voluntad de corregir sino de recaudar. A lo que ya teníamos para debatir en Entre Ríos, se suman los tres radares sobre la ruta 174 (unión Victoria-Rosario), con señalizaciones confusas y una carpeta que, si bien está siendo reparada, presenta largos tramos de alto peligro para el tránsito. La ruta es nacional y el sistema funciona en acuerdo entre la Agencia Nacional de Seguridad Vial y Policía de Entre Ríos. También aquí es crítica la lista de deficiencias en cuanto a señalización. Aún falta mucho después de un abandono de años, ni siquiera se le ha devuelto la luz al puente, que sigue en oscuridad. Ni hablar de las señalizaciones mal colocadas que obligan a bajar intempestivamente la velocidad y generó días pasados un choque en cadena. Lo que no falta allí son los cinemómetros para multar; esos si, funcionan bien. Hay que ponerle límites a la velocidad y castigar a quien no la respeta, eso no está en dudas; pero lo que se ve en muchas rutas, es como arbitrar en el campito, donde la cancha no está marcada.
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