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» Clarin
Fecha: 01/04/2026 15:55
La industria frigorífica refleja el rumbo de la economía argentina, con un sector -el de mayor eficiencia y capacidad financiera- destinado a crecer, y otro sentenciado a la desaparición. Entre los primeros están las empresas habilitadas para la exportación, que podrán aprovechar los excelentes precios internacionales de la carne y el buen posicionamiento de la Argentina en ese rubro. Entre los segundos se cuentan, por ejemplo, el frigorífico San Roque, de Morón, el frigorífico Pico, de La Pampa, y La Taba, del norte de Córdoba, que en las últimas semanas tuvieron que reducir drásticamente la cantidad de empleados o, directamente, cerrar sus puertas. Fernando Chico, empresario frigorífico con base en Venado Tuerto, Santa Fe, advierte en diálogo con Clarín rural que la coyuntura del negocio atraviesa un momento delicado, marcado por una fuerte caída del consumo -que en febrero fue de 47,3 kg por habitante al año, el nivel más bajo en dos décadas- y una suba abrupta del precio de la hacienda entre diciembre y febrero, que recién ahora comienza a encontrar un techo. A esto se suma un problema estructural que golpea de lleno a la industria: El subproducto vacuno prácticamente no tiene valor, sobre todo el cuero, señala. Si bien décadas atrás representaba una fuente clave de ingresos para las plantas faenadoras, hoy el precio del cuero es prácticamente irrelevante debido a cambios en la industria global de materiales. En contraste, las menudencias se mantienen como un componente que ayuda a sostener los números, impulsadas por la demanda externa. Este nuevo escenario redefine por completo la lógica económica del frigorífico. Chico explica que, a diferencia del pasado, hoy la actividad se sostiene principalmente en el cobro del servicio de faena, ya que la mano de obra supera en costo al valor de los subproductos. Este cambio impacta también en toda la cadena: desde matarifes que ahora deben pagar por faenar, hasta una creciente fragilidad financiera, con más cheques rechazados y dificultades en los pagos. En ese contexto, el cierre de plantas a razón de una cada pocas semanas refleja una industria tensionada, donde tanto el mercado interno como la exportación enfrentan serios desafíos para sostener la actividad. Los novillos alcanzaron un valor tan alto que hasta a los exportadores se les complica convalidar ese número y trasladarlo al exterior. Y a los consumeros que se dedican solamente al vacuno, se les ha caído la faena, y si los agarra mal parados financiera o económicamente, o con deudas, pasan a concurso preventivo, algunas plantas cierran o llevan la faena para otro lado y frenan los pagos, ilustra, y añade: La cadena de pagos está muy frágil, vienen más cheques rebotados que en otras épocas, incluso cheques chiquitos, lo cual demuestra que hay un sector que está muy golpeado. En las últimas semanas se acumularon señales concretas de esta tensión: el frigorífico San Roque, en Morón, desvinculó a sus 140 empleados; el Frigorífico Pico, en La Pampa, arrastra deudas que superan los $30.000 millones, con más de mil cheques rechazados y compromisos por $9.000 millones solo con el Banco de La Pampa; y La Taba SRL, en Cruz del Eje, Córdoba, fue declarada en quiebra con un pasivo superior a los $3.540 millones y más de 1.200 cheques impagos. Estos casos no son hechos aislados, sino la manifestación de un problema más profundo en la estructura del negocio. Tomás Gandulfo, con experiencia en distintos eslabones de la cadena de la carne, incluido el frigorífico, analiza la situación actual de ese negocio como el resultado de un cambio de contexto macroeconómico que dejó al descubierto ineficiencias acumuladas durante años. Según su visión, el esquema previo de alta inflación y devaluaciones constantes funcionaba como un colchón que permitía compensar problemas estructurales, ya que los ingresos en pesos tendían a mejorar con el tiempo. Con la desaceleración inflacionaria y un tipo de cambio más estable, ese margen desapareció, y muchas plantas especialmente aquellas que no invirtieron los excedentes en tecnología quedaron expuestas a costos más altos y menor competitividad comercial. Es un secreto a voces que todos los frigoríficos que se subieron a la ola exportadora de vacas a China de los últimos años abrieron cuentas en el exterior e hicieron un rulo financiero repatriando dólares al precio de contado con liquidación. Eso daba una ganancia extra que algunos invirtieron en mejorar su eficiencia y otros no. En el nuevo escenario, Gandulfo pone el foco en la estructura de costos del negocio, donde el animal representa entre el 60 y el 70 por ciento, mientras que los salarios que antes estaban deprimidos en dólares hoy ganan peso relativo. A esto se suma un contexto internacional menos favorable en algunos mercados clave: la caída de precios en China afectó a muchas plantas que dependían fuertemente de ese destino para lograr una buena integración del negocio. Al mismo tiempo, el tipo de cambio real bajo genera una presión adicional sobre los exportadores. Hay costos en pesos altos dolarizados e ingresos bajos, sintetiza. Sin embargo, Gandulfo destaca que el momento para la producción ganadera es excepcional, impulsado por una menor oferta de hacienda y una demanda externa firme, lo que elevó los precios del ganado a niveles históricamente altos. En este contexto, anticipa un proceso de sinceramiento en la industria frigorífica, con cierre de plantas menos eficientes y una mayor concentración, mientras que los productores se verán beneficiados durante varios años. En la misma línea, el empresario Miguel de Achával, con amplia experiencia en el rubro, describe a la industria frigorífica argentina como un sector excesivamente atomizado, con dificultades estructurales para absorber los ajustes propios de un mercado más libre. Según describe, durante años existió un esquema de intervención en el que, ante subas de precios en el mercado interno, se restringían las exportaciones para volcar mayor oferta de hacienda al consumo local. Ese mecanismo, señala, generaba una suerte de colchón que beneficiaba a todos los actores grandes, chicos, formales e informales, pero distorsionaba el funcionamiento real del negocio. En el contexto actual, con menor intervención, esa red de contención desapareció y deja en evidencia la fragilidad de muchas empresas para sostenerse en un entorno más competitivo. Por suerte eso no sucede más. La industria frigorífica del mundo está concentrada ya que es de bajos márgenes en general, y de alta volatilidad. Es por eso que muchas empresas tienen plantas procesadoras de todas las proteínas animales y en diferentes localidades. Para tener un mejor mercado lo mejor es menos plantas y de alto volumen, afirma. En conjunto, las distintas miradas coinciden en que el sector frigorífico bovino atraviesa una transición profunda. La combinación de menor consumo interno, altos precios de la hacienda, cambios en los mercados internacionales y un nuevo entorno macroeconómico está redefiniendo las reglas de juego. Sobre la firma Newsletter Clarín
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