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Fecha: 01/04/2026 08:18
Durante años, el sobrepeso y la obesidad fueron asociados a una cuestión estética, minimizando su verdadero impacto en la salud. Sin embargo, la evidencia actual obliga a repensar ese enfoque. Lejos de ser una consecuencia aislada, el exceso de peso es el punto de partida de múltiples enfermedades que se desarrollan de forma progresiva. En este sentido, el síndrome metabólico aparece como una de las principales preocupaciones. Se trata de un conjunto de alteraciones que avanzan de manera silenciosa, pero con consecuencias graves. Lejos de ser una consecuencia, el exceso de adiposidad constituye el punto de partida en el cual se inicia el síndrome metabólico, explica la doctora María Isabel Siman Menem (MN83.933), especialista en endocrinología y metabolismo. Una enfermedad que crece en un contexto moderno Aunque hoy la obesidad parece estar en el centro de la escena, no es un fenómeno nuevo. Su origen está ligado a transformaciones sociales, económicas y culturales que modificaron los hábitos de vida. La obesidad es una enfermedad con raíces históricas profundas de las civilizaciones antiguas, vinculada a transformaciones como la industrialización, la urbanización y los cambios en los patrones de alimentación y actividad física, señala la especialista. Lo que sí cambió en las últimas décadas es su magnitud. El aumento sostenido de casos la convirtió en una problemática global que afecta a todas las edades. Esta situación pone en evidencia la necesidad de abordarla como lo que es: una enfermedad crónica, compleja y multifactorial. Entre las principales alteraciones asociadas se encuentran: Resistencia a la insulina Diabetes Dislipidemia Hipertensión arterial Inflamación crónica Hígado graso El cuerpo en desequilibrio: de la adiposidad a la enfermedad Uno de los aspectos clave en la comprensión actual de la obesidad es el rol del tejido adiposo. Lejos de ser un simple depósito, cumple funciones activas dentro del organismo. El tejido adiposo actúa como un órgano endocrino activo, capaz de secretar múltiples mediadores inflamatorios y hormonales que alteran la homeostasis metabólica, explica la doctora. A partir de allí, se desencadena una serie de procesos que impactan directamente en la salud. La resistencia a la insulina se posiciona como un mecanismo central que da lugar a múltiples complicaciones. Alteraciones en el metabolismo de la glucosa Aumento de triglicéridos Disminución del colesterol HDL Elevación de la presión arterial Inflamación endotelial El exceso de peso sostenido en el tiempo pasa a ser la causa de futuras enfermedades o complicaciones de otras ya existentes, advierte. Tratamientos, límites y riesgos de simplificación En los últimos años, los tratamientos farmacológicos ganaron protagonismo. Sin embargo, su uso sin un enfoque integral puede resultar insuficiente o incluso contraproducente. La idea de una bala de plata capaz de resolver la obesidad de forma rápida y milagrosa en forma aislada desconoce su naturaleza multifactorial y compleja, señala la especialista. Leé también: Obesidad, una problemática sanitaria que requiere atención integral En este sentido, advierte que el uso de estos medicamentos sin diagnóstico adecuado ni acompañamiento profesional puede implicar una pérdida de recursos y una oportunidad desaprovechada. No se trata de tomar una pastilla o de inyectarse. La obesidad requiere de un abordaje interdisciplinario que integre profesionales especializados en metabolismo, afirma. Un proceso silencioso que exige prevención El síndrome metabólico se caracteriza por su evolución silenciosa. Muchas veces, los pacientes no consultan hasta que las complicaciones ya están presentes. Entre los signos más frecuentes se encuentran: Fatiga Aumento progresivo de peso Falta de diagnóstico temprano Ausencia de un plan preventivo Frente a este escenario, la intervención precoz se vuelve clave para evitar la progresión de la enfermedad. Reconocer la obesidad como una patología crónica, compleja y tratable es el primer paso para modificar su curso, sostiene la especialista. Además, destaca la importancia de mantener cambios en el tiempo: Hay que tener cambios firmes de los hábitos higiénicos dietéticos, un acompañamiento casi permanente y un posterior seguimiento.
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